Yecla, cilantro y retama.
Una niñez recortada.
Polvo, tierra, madrugada,
sabor a juegos de infancia.
Ingenuidad, llanto, hielo,
lápiz, sacapuntas, áula.
Agosto de ojeras largas,
de dolor, muerte y entierro.
Luto, silencio completo,
orfandad, misa, Hecce Homo,
lágrimas en el otoño
y el rigor cruel del destierro.
Bocairent desconocido.
Nuevas calles, nuevos sueños,
nueva lengua, tiempos nuevos,
posada y nuevos gemidos.
Pertinaz y triste olvido
de angustia y de calles anchas.
De mijo y pan de cebada,
de leche en polvo y de amigos.
Juventud, ¡qué gran tesoro!
adolescencia, espinillas,
ilusiones, campanillas
y escarceos amorosos.
Aventuras, desengaños,
pasiones desenfrenadas,
riesgo, caricias frustradas
y besos que nunca he dado.
Fábricas, mantas, trabajo.
invierno, niebla y escarcha.
Más curas, menos palabras
y el “Cara al Sol” brazo en alto
Total desconocimiento
de praderas de colores,
de otras voces y otros soles,
tendencias y sentimientos.
En el horizonte, un hueco,
en el ánimo, vacíos
y en el espíritu hastíos
impertinentes y tercos.
Campo, carretera, niña.
Mejillas como manzanas,
nuez, almendras, avellanas
y flores en la campiña.
Besos castos y un poema.
Amor que revolotea,
mariposas que aletean.
De nuevo, risas y penas.
Prisas, boda, inexperiencia.
Deseos mal expresados,
sentimientos encontrados
faltos de aromas y esencias.
Un adiós inesperado,
otros anhelos, progreso,
mudanza, cambios, regreso
a un mundo semiolvidado.
Tiempo nuevo y amor viejo.
Casa, viajes, asfalto.
Placeres y sobresaltos.
Tres estrellas en el cielo.
Nace un pensamiento nuevo,
con otra ilusión se vive.
Esquemas que ya no sirven.
Ni Dios, ni amo, ni clero.
Pasos que miran atrás
para desandar lo andado.
Una historia y un pasado
que se vuelven a encontrar.
Yecla, punto de partida y meta.
Bocairent en el camino.
Son, para un solo destino,
dos galaxias contrapuestas.
Viento en una tarde aciaga.
La propia muerte en mis dedos.
Olvidarme yo no puedo
del frío de su mirada.
Vertiginosa carrera.
Bufanda, abrigo, vejez,
achaques, tos, dejadez,
sabiendo lo que me espera.
¿Qué quedó de todo aquello?
Sueños, recuerdos, nostalgia,
amor, desamor, distancias
y un viejo que escribe versos.
Pedro Ortuño Ibáñez
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