Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

lunes, 25 de marzo de 2013

Roble amigo

Roble amigo.
Caricia de tus hojas
sagradas
entre mis manos;
tersura de tu piel
rugosa
y delicada me desviste
la inocencia arcana
en la espesura de mi alma
herida.
Resbala el musgo
por tu frente
como por la mía,
tupido
en verde suave
frente a un abismo,
o la huella
y el símbolo desvanecido
que me asola
ante la tumba espesa
de mis muertos.

Olor suave
ante el rocío
levanta la mañana,
azul álgido,
nubes y ríos
de silencio en la dicha
de contemplar las cosas.
Las pobres palabras
de mi vida entroncan
el silencio
en verde que pregunta…
¿Qué prometes?
Inocencia la llama
en mi fatiga a golpes
del corazón cansado
busca tu presencia
tropezándose,
lágrimas de un rostro
al fondo
del silencio en atisbo
de ocasos
o dolor.

Tañe una campana
ante los perros
lejanos
y grises que me impulsan
ciegamente lejos
de mi tierra y de mi hogar…

Lento paso del día
asume el instante,
como un umbral
despierto ante el paisaje
que se ofrece
y se oculta
junto a ti.


Jesús Cánovas Martínez
De su poemario Kyrie Eleison

Kyrios

Los pedregales y el polvo
del camino,
los espinos y las zarzas
fruncen tu seca garganta.
Sol ya atardecido
y una palabra
en fiebre tus ojos arrasan,
y agostan desérticos
esplendores
ante los áridos harapos
de los doce,
que apenas comprenden…
“Unos, que Juan Bautista…
otros, que Elías,
o alguno de los profetas…”

Cuaja el sol carmines,
rojos violáceos, bronces
en la encrucijada árida
y ávida
de elemental
presencia de tu boca;
con inminente afán
y sequedad angosta,
la soledad,
difícil al riesgo
enigmático de tu prisa,
desgarra confusas
ilusiones.
Espesura de ojos
no taladra tu Abismo.
Vuelo de pájaros
en olvido continuo,
el tiempo desviste
tu oculta plegaria.
Pendes de un rezo
ante la muerte.
Aprender es duro.

… Profuso rostro,
desde el silencio quebrantado,
arriesga impotente
una grácil ternura racional:

—Apaga la sed,
pero no me olvides…

Desgarra la prisa
el hondo
misterio iconoclasta
de los niveles de tu olvido,
con más profundidad misma
en tu silencio.

El Poder no miente;
solo afirma,
amoroso y cálido,
certidumbre escueta:

—¡Sé que existes,
y basta!


Jesús Cánovas Martínez, Hellín, 1956. Profesor de instituto, escritor y crítico literario. Fue asiduo colaborador de la revista Ágora papeles de arte gramático, ha publicado poesía y cuento. El poema que inicia esta serie de poemas sacros que publicaremos durante la actual semana pertenece a su libro Kyrie Eleison. Editorial Betania, 1994. Podéis consultar bibliografía ÁQUÍ.

domingo, 24 de marzo de 2013

El milagro de la noche interminable

Raquel Jaduszliwer
Los panes y los peces
De los Cuatro Vientos, 2012

Los panes y los peces ganó el primer premio de poesía convocado por la Editorial De los Cuatro Vientos, y algo así era de esperar cuando nos encontramos, en el primer poema, titulado Vuelo, el secreto que nunca se descubre:

Los ángeles caídos
no lo saben,
guardan en el descenso
velocísimo
el secreto por siempre
indescifrable.

Es este un poemario de milagros, a pesar de la monotonía de una noche, que puede ser interminable, o que puede ser, al contrario- o al mismo tiempo-, una interminable sucesión de noches, que se multiplican, como esas ventanas que nos vamos a ir encontrando página a página, tras descubrir el vuelo turbio de los pájaros nocturnos.

El milagro persistirá a lo largo del poemario, muchas veces son breves versos, instantes de amor convertidos en palabras nunca perdidas, nunca ausentes, porque si el viento, o el vuelo, se las llevase, la poeta se encontraría

en la espesura
de buscarte sin verte.

Francisco Javier Illán Vivas

sábado, 23 de marzo de 2013

Alivio del sufrimiento psicológico ante la muerte

Elisabeth Kübler-Ross
Sobre la muerte y los moribundos
Debolsillo, enero de 2012




Esta es una obra sobre el concepto de muerte en la sociedad “actual”, aunque no debemos olvidar que los derechos del libro son de 1969. Elisabeth Kübler-Ross reflexiona a lo largo de sus páginas y nos narra cómo, a pesar de que el ser humano se ha enfrentado a la muerte desde el principio de los tiempos, ella le sigue asustando:

Llevo dos años y medio trabajando con pacientes moribundos, y este libro hablará del comienzo de ese experimento, que resultó ser una experiencia importante e instructiva para todos los participantes. No pretende ser un manual de cómo tratar a los pacientes moribundos, ni un estudio de la psicología del moribundo. Es, simplemente, el resultado de una nueva e interesante oportunidad de reconsiderar al paciente como ser humano, hacerle participar en diálogos, y aprender de él lo bueno y lo malo... (Pág. 11)

El ser humano, así nos lo mostrará la autora, toma actitudes respecto a ella que lo único que hacen es detener el proceso de duelo tanto de los familiares como de la persona que se enfrenta a su propia muerte.


La obra fue publicada en Nueva York en 1972, y está dividida en doce capítulos y una extensísima bibliografía. Una sección para agradecimientos y un prefacio sitúan al lector ante la muerte, que siempre ha sido desagradable para el ser humano y siempre lo será.

Cuando alguien muere pierde todo lo que ha tenido, todo lo que tiene y todo lo que pueda tener en el futuro. Y es, como nos recuerda el dicho ancestral, lo único que no tiene solución.

Ante este proceso, la autora nos describe los aspectos emotivos que siente el ser humano cuando se enfrenta a lo único que no tiene vuelta atrás.

A través de la identificación y comprensión de los sentimientos de los moribundos- fases por las que pasa el proceso del duelo- la obra muestra cómo controlar tales emociones y cómo transformar las actitudes para aliviar el sufrimiento psicológico tanto de quien abandona la vida como de familiares, proponiendo una serie de alternativas válidas para los profesionales que tienen que trabajar con el paciente moribundo, brindarle su apoyo, a la vez que lo hacen con la familia que lo rodea y ocuparse de ella simultáneamente.

Y, por supuesto, y así nos lo recuerda la contraportada del libro, válido también para todas las personas que deseen abordar su futuro con responsabilidad.



Toñy Riquelme García

viernes, 22 de marzo de 2013

La caricia del lenguaje, la seducción de la palabra

Alessandro Baricco
Seda
Anagrama, 1997

Los haikus son una forma de poesía tradicional japonesa compuesto por tres versos de cinco, siete y cinco moras. En ellos, el poeta describe una emoción profunda generalmente provocada por la percepción de la naturaleza, siempre manteniendo un estilo asimétrico caracterizado por la sencillez, la austeridad y la naturalidad de sus composiciones.

«Seda» no solo consigue emular la estructura narrativa de estos versos, también capta la esencia que los inspira, el aware. Cuando Hervé Joncour realiza su primer viaje a Japón, Alessandro Baricco consigue transmitir la nostalgia del personaje por su país natal y, al mismo tiempo, la emoción ante el descubrimiento de una nueva cultura tan alejada de la influencia occidental. Esta conmoción espiritual persiste a su regreso a Francia y se incrementa con cada nueva expedición, convirtiéndolo en un viajero de destino incierto entre ambos países.

El autor ilustra el conflicto existencial de su protagonista a través de una sucesión de detalles de estética sencilla, pero de gran contenido simbólico. La huella de los labios en la taza, el retorno de los pájaros, el roce de la seda… Es decir, la aparente austeridad del texto atesora, en realidad, una riqueza léxica poco empleada en las novelas occidentales.

Es cierto que la novela de Alessandro Baricco requiere una gran paciencia, pero la lectura pausada de sus capítulos nos proporciona una experiencia lingüística irrepetible. De hecho, cuando decidimos retomarla después de un tiempo, observamos que nuestra percepción de las escenas descritas es diferente en base a nuestra experiencia.

En este sentido, los capítulos que describen los sucesivos viajes de Hervé Joncour entre los dos países reflejan ese cambio. El camino no se ha visto alterado por las circunstancias, pero si el viajero que los recorre. Precisamente, la precisión de sus descripciones permite al autor centrarse en la historia sin necesidad de recurrir a diálogos superfluos u otros elementos que pudiesen desviar la atención del lector, como suele ocurrir en la mayoría de las novelas actuales.

A pesar de esta sobriedad, Alessandro Baricco no descuida el contexto en el que se ubica la historia, sabiendo reflejar la evolución experimentada por el país nipón y el contraste cultural, que nos permite introducirse de forma paulatina en una historia de amor y erotismo de gran complejidad.

Si bien, el tratamiento del argumento conlleva el menosprecio de algunos personajes por parte del autor. «Seda» nos describe un triángulo amoroso, la infidelidad de un hombre hacia su país, su cultura y, por en ende, su mujer ante la atracción que ejerce sobre él lo desconocido, el exotismo de lo diferente. Con todo, la presencia de la mujer que despierta su deseo resulta anecdótica, casi inexistente en contraposición con otros personajes.

Esta ausencia condiciona el resto de la novela, dificultando la comprensión de algunos fragmentos que hacen referencia al conflicto interno de Hervé Joncour. De hecho, obsérvese la trascendencia que tienen los escasos diálogos con su esposa frente a la fugacidad de los encuentros con ella.

Con todo, Alessandro Baricco consigue una novela capaz de estremecer al lector con la simple caricia de las palabras. La belleza del verso convertida en prosa a través de un viaje hacia el autodescubrimiento y la complejidad del amor, así como las difíciles elecciones que debemos realizar durante su transcurso. «Seda» es evocadora, sensual y exótica. En definitiva, una experiencia para los sentidos.

María Carmen Horcas López