«Crimen en el paraíso salado»: un thriller con sabor a Mar Menor
Francisco Javier Illán Vivas firma en Crimen en el paraíso salado una novela negra que empieza como no podía ser de otra manera en este género: con un cadáver en la playa. Concretamente, en las dunas de la Torre Derribada, en San Pedro del Pinatar, donde un veraneante madrugador se topa con un cuerpo desnudo, sin señales de violencia y con un extraño detalle que convertirá el caso en mucho más que una muerte natural: un poema, enrollado como un canuto, escondido en el cuerpo de la víctima.
A partir de ahí, la novela despliega una investigación conducida por Isco Vivas, inspector de policía medio retirado y por su antiguo compañero, el inspector José Puche, en un tira y afloja de complicidad y reproches que recuerda al mejor buddy movie policiaco. Pronto queda claro que no se trata de un caso aislado: hay un patrón, una firma, y alguien que parece conocer a Isco mejor de lo que a él le gustaría.
Un paraíso con mucho carácter propio
Si algo distingue a esta novela dentro del género negro español es su relación casi devota con el territorio. San Pedro del Pinatar, sus playas, sus salinas, sus restaurantes de toda la vida, no son un decorado de cartón piedra: son casi un personaje más. Illán Vivas se recrea —a veces literalmente, plato a plato— en la gastronomía local, en el paseo de Quintín, en los rincones que solo conoce quien ha caminado esas calles muchas veces. Para el lector que conozca la zona, esto es un regalo: un mapa sentimental convertido en escenario de crimen. Para el que no la conozca, funciona igualmente como una invitación turística con sangre de por medio.
Voces que se cruzan
La novela alterna con soltura el punto de vista: un narrador omnisciente que sigue a policías y sospechosos, los capítulos en primera persona de Isco, y —lo más inquietante del libro— los fragmentos íntimos de la asesina, escritos como una suerte de diario nocturno. Es en estas páginas donde la prosa se afila y gana en tensión: la frialdad calculadora de quien envenena "con dulzura" y deja tras de sí un poema como firma, es de lo mejor que ofrece el libro. El contraste entre esa voz gélida y el tono más cálido y costumbrista del resto de la narración es, de hecho, uno de los pulsos más interesantes de la novela.
Un misterio que sabe recompensar la paciencia
Crimen en el paraíso salado juega limpio con las reglas del whodunit: siembra sospechosas, tienta al lector con la resolución fácil y guarda un giro final que reconfigura todo lo leído. Sin destripar nada, digamos que el desenlace tiene ecos de Agatha Christie —el propio texto se permite citarla— y que el título cierra con un signo de interrogación que deja la puerta abierta a más de una lectura, o a una continuación.
Lo que se le puede pedir
Es un libro generoso, casi desbordante, y ese es también su mayor riesgo: las escenas de sobremesa, las descripciones gastronómicas y los paseos por la comarca, deliciosos en sí mismos, se repiten como estructura a lo largo de la trama y en ocasiones frenan el pulso justo cuando el misterio pide urgencia. Un lector que busque un thriller de ritmo trepidante puede encontrar aquí más pausas de las esperadas; quien disfrute de una novela negra con alma de crónica local y de sobremesa murciana, en cambio, estará en su salsa.
Veredicto
Una novela negra con vocación de guía sentimental de San Pedro del Pinatar y el Mar Menor, sostenida por un misterio bien planteado y una voz criminal genuinamente perturbadora. Ideal para quien busque un crimen con acento local, buena mesa de por medio y un giro final que justifica el viaje.
Para lectores de: novela negra costumbrista, misterio con ambientación mediterránea, thrillers con un componente de crónica social y política reciente.







