Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

viernes, 29 de mayo de 2026

El barco de Teseo, de Ginés Aniorte (Reseña nº 1152)

 

Ginés Aniorte
El barco de Teseo
Renacimiento, 2022

En su momento se consideró a este poemario como el regreso a la poesía de Aniorte, tras una década sin publicar poesía, que no sin escribirla. Y escogió un título muy significativo. Era el regreso de un creador a su raíz, a la tierra que lo vio nacer y de la cual, en el fondo, un poeta nunca se marcha del todo. Aunque la vida, la docencia y los caminos literarios le hayan llevado al otro lado del Mediterráneo, donde hoy vive y trabaja, él está anclado con parte de su alma, si no toda, en Sangonera la Verde, en Murcia, en su tierra.

Como os digo, desconocidos lectores, el título es sugerente y profundamente simbólico: El barco de Teseo. Como muchos sabréis, seguro que mejor que este que lo es, evoca aquella célebre paradoja de la Antigüedad: si a un barco se le van sustituyendo, una a una, todas sus maderas gastadas por maderas nuevas hasta que no queda ninguna de las originales, ¿sigue siendo el mismo barco?

No he hablado con el autor de esto, pero llevado a la poesía de Aniorte, esta paradoja se convierte en una bellísima metáfora de la existencia humana. Es lo que yo he encontrado en el poema A modo de prólogo. Es un viaje a través de la identidad, del paso del tiempo y de la reconstrucción personal. No olvidemos tampoco que el poemario se publica al mismo tiempo que la obra dedicada a la muerte de su hermana, Angelina, que podéis leer aquí.

A lo largo de las páginas el autor nos invita a reflexionar sobre cómo nos transforman los años, las distancias, las pérdidas y las experiencias. Nuestras maderas cambian, nuestros paisajes cambian, pero hay una esencia, una memoria invisible que nos mantiene fieles a nosotros mismos.

Y si no, ¿qué nos queda?

Su poesía es una poesía de la claridad, de la línea limpia y de la confidencia. Un poemario para permanecer siendo quienes somos, aunque nos cambien cada célula de nuestra piel.

Francisco Javier Illán Vivas

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