Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

lunes, 18 de marzo de 2013

Mar y rosa (variación 4)

La mar y tú, la rosa, sois fugaz
palpitación: o espiga de amarillos
templos, o un arrecife con voz de agua
salpicando y hablando vidrios,
cristales de esperanza, espumas,
que, en la luz tenue de la víspera,
cuando el sol es ocaso
y no cascada de arias
y lejanos ponientes,
le haga amor, sólo amor,
para una muerte de hombre y transparencia;
frágiles, como un pétalo o su efluvio,
o la mar misma dada en su sudario.
 
¡Ah, mar, o rosa amiga, mis dos muertes
(¡o amores!), que en el pecho
sois pájaros en huida, vidas o rachas
que el corazón amueblan y lo conmueven!
Así yo llego al más acá
de los soñado, dado voces de luna,
dando voces de tierra
(¿o mar, o rosa?) para un hombre,
que, en la noche, se ofrezca y sea diálogo
donde haya vuelos; es decir,
sueños, vino en los labios,
ocasos de plegaria y sus herrumbres,
y un silencio de trigo,
donde no se oiga Dios sino su mano
moldeando el barro para hacer
que una palabra espesa de palomas
y sus significados, le hable y viva,
y, en su humildad, habite el hombre.
 
La mar y tú, la rosa, sois fugaz
crucifixión de un cuerpo que se exhala,
que se amuebla de dichos y miradas
y en tertulia se tiende como un cuerpo.
Crucifixión y muerte del amor
en esa frágil rosa que es el mar,
la mar, la diosa de las flores dulces,
de los ojos volados por gaviotas,
de la frente lluviosa y pensativa;
la mar contemplación, o mar misterio,
como un milagro que llorara al hombre
siempre, que lo cercara siempre, amándolo,
iluminándole aventuras,
con furias de oleaje y otros árboles,
para llegar al más allá de lo soñado,
dejándole tiempo atrás como un gran can
dando ladridos blancos, dando rosas,
espumas o gemidos que en mis manos
tiemblan, como una catedral sin Dios,
como la llama del mar llorando
como rosas o sueños deshojados.

Vicente García Hernández