Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

jueves, 1 de octubre de 2026

martes, 29 de septiembre de 2026

Elixir immortalitatis. II parte, de M.D. Álvarez

 


Con las preciadas bayas en mi poder, emprendí el regreso. La travesía de vuelta fue más sencilla que la de ida, pues ya conocía el camino y no había obstáculos que superar.

Al llegar a la superficie, fui recibido con júbilo por mis compañeros de expedición, quienes se sorprendieron al verme ileso y con las bayas en mi poder.

Sin perder tiempo, partí hacia mi tierra natal, ansioso por compartir mi descubrimiento con el mundo. A mi llegada, fui aclamado como un héroe y el elixir immortalitatis se convirtió en la cura para todas las enfermedades.

Viví durante siglos, presenciando el auge y caída de civilizaciones, acumulando sabiduría y experiencia inimaginables.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la inmortalidad comenzó a pesar sobre mí.

Anhelaba la compañía de mis seres queridos, que habían sucumbido a la muerte hace siglos. La soledad y el vacío se apoderaron de mí, y comprendí que la verdadera felicidad no reside en la vida eterna, sino en los momentos compartidos con los demás.

Decidí entonces utilizar una de las bayas restantes del elixir immortalitatis y creé un antídoto que eliminara el efecto del elixir y así poner fin a mi propia vida. Reuní a mis amigos más cercanos y les conté mi decisión. Entre lágrimas y abrazos, me despidieron y presenciaron mi último aliento.

Mi muerte marcó el fin de una era, pero mi legado perduró en la historia. El elixir immortalitatis se utilizó con moderación para curar a los enfermos y prolongar la vida de aquellos que más lo necesitaban. Y aunque yo ya no estaba entre ellos, mi espíritu vivía en cada persona que tocaba la magia de las bayas.

La historia del elixir immortalitatis es un recordatorio de que la vida es un regalo precioso y finito. Debemos aprovechar cada momento al máximo y apreciar a las personas que nos rodean, pues no estarán con nosotros para siempre. La verdadera inmortalidad no reside en la vida eterna, sino en el amor, la amistad y los recuerdos que dejamos en los demás.

M. D. Álvarez

viernes, 25 de septiembre de 2026

Lo que quedó entre líneas, de Catina Rubio (Reseña nº 1168)

 

Catina Rubio
Lo que quedó entre líneas
Ediciones Ende, 

Esta semana traemos a estos no tan abruptos Acantilados de papel una propuesta profundamente humana, delicada y valiente, de Catina Rubio, nacida en Navas de San Juan (Jaén) y afincada en Dénia desde 1980. Además, tuve la suerte y el honor de presentarla en ExLibris 2026 en el marco de la Biblioteca Regional de Murcia.

Catina ha desarrollado su vida profesional como Técnico en Cuidados de Enfermería, un ámbito donde la cercanía con la vulnerabilidad, el cuidado y el dolor ajeno alimentan una sensibilidad especial. Su vivencia en el mundo sanitario ha impregnado su escritura de una mirada compasiva, empática y llena de verdad.

Además de pertenecer a la asociación 'Poetes per la Cultura de la Marina Alta', Catina destaca por su firme compromiso social, colaborando activamente con entidades como 'Amunt contra el cáncer' y la asociación 'Matria', en defensa de la igualdad y contra la violencia de género.

Por eso os comentaba al principio que 'Lo que quedó entre líneas',  es una obra que nace del silencio, de la memoria, de la resiliencia y del amor. Un homenaje (y un recuerdo para siempre) en palabras a sus padres, a sus vivencias y a todo aquello que, por miedo, pudor o falta de tiempo, se nos queda guardado en la garganta.

Francisco Javier Illán Vivas

martes, 22 de septiembre de 2026

Elixir immortalitatis, de M.D. Álvarez

 


El viaje casi había concluido, su búsqueda tocaba a su fin. Bajo sus pies se encontraba la única muestra de Elixir immortalitatis, una planta que crecía en la oscuridad perpetua de la única tumba a la que todavía no habían saqueado. Me estoy refiriendo al mausoleo subterráneo de Khumblor, el primer emperador de los Uhtik y consorte de la diosa de la procreación, Sihamls.

Ahora solo faltaba encontrar la entrada a tan majestuoso mausoleo, pues los historiadores lo habían descrito como la octava maravilla del mundo. La tumba descansaba sobre una colina rodeada de un lago de mercurio, rodeado a su vez por murallas de jade, oro, plata, ópalo, y así hasta 8 murallas alrededor de la tumba.. Bueno, a lo que íbamos, yo buscaba el elixir immortalitatis y parece que crecía a los pies de la tumba.

Fui atravesando muralla tras muralla hasta llegar a la laguna de mercurio. Había sido precavido al conseguir el mitológico barco de Frohun, Rhenhental, hecho de finas planchas de hierto, que por arte de magia se pliega hasta alcanzar el tamaño de una cartera. Lo eché a la laguna de mercurio y se mantuvo a flote, surqué las aguas del lago hasta el comuna del medio. 

Al pie de la entrada al templete crecía un plantío de pequeñas plantitas de color azul turquesa, de cuyas ramas crecían unas pequeñas bayas de color fucsia. Cogí una de aquellas diminutas bayas que crecían casi en la oscuridad, me hice con 12 bayas y me dispuse a regresar. 

No necesitaba saquear la magnificencia de la cultura uhtik. Debía salir sin romper el encanto de una tumba virgen. Dejaría descansar a Khumblor y sus enigmáticos misterios. Yo había conseguido lo que había ido a buscar. Tenía en mi poder el elixir immortalitatis.

Continuará...

M. D. Álvarez

sábado, 19 de septiembre de 2026

Crimen en el paraíso salado, de Francisco Javier Illán Vivas (Reseña nº 1154 bis)

 


«Crimen en el paraíso salado»: un thriller con sabor a Mar Menor

Francisco Javier Illán Vivas firma en Crimen en el paraíso salado una novela negra que empieza como no podía ser de otra manera en este género: con un cadáver en la playa. Concretamente, en las dunas de la Torre Derribada, en San Pedro del Pinatar, donde un veraneante madrugador se topa con un cuerpo desnudo, sin señales de violencia y con un extraño detalle que convertirá el caso en mucho más que una muerte natural: un poema, enrollado como un canuto, escondido en el cuerpo de la víctima.

A partir de ahí, la novela despliega una investigación conducida por Isco Vivas, inspector de policía medio retirado y por su antiguo compañero, el inspector José Puche, en un tira y afloja de complicidad y reproches que recuerda al mejor buddy movie policiaco. Pronto queda claro que no se trata de un caso aislado: hay un patrón, una firma, y alguien que parece conocer a Isco mejor de lo que a él le gustaría.

Un paraíso con mucho carácter propio

Si algo distingue a esta novela dentro del género negro español es su relación casi devota con el territorio. San Pedro del Pinatar, sus playas, sus salinas, sus restaurantes de toda la vida, no son un decorado de cartón piedra: son casi un personaje más. Illán Vivas se recrea —a veces literalmente, plato a plato— en la gastronomía local, en el paseo de Quintín, en los rincones que solo conoce quien ha caminado esas calles muchas veces. Para el lector que conozca la zona, esto es un regalo: un mapa sentimental convertido en escenario de crimen. Para el que no la conozca, funciona igualmente como una invitación turística con sangre de por medio.

Voces que se cruzan

La novela alterna con soltura el punto de vista: un narrador omnisciente que sigue a policías y sospechosos, los capítulos en primera persona de Isco, y —lo más inquietante del libro— los fragmentos íntimos de la asesina, escritos como una suerte de diario nocturno. Es en estas páginas donde la prosa se afila y gana en tensión: la frialdad calculadora de quien envenena "con dulzura" y deja tras de sí un poema como firma, es de lo mejor que ofrece el libro. El contraste entre esa voz gélida y el tono más cálido y costumbrista del resto de la narración es, de hecho, uno de los pulsos más interesantes de la novela.

Un misterio que sabe recompensar la paciencia

Crimen en el paraíso salado juega limpio con las reglas del whodunit: siembra sospechosas, tienta al lector con la resolución fácil y guarda un giro final que reconfigura todo lo leído. Sin destripar nada, digamos que el desenlace tiene ecos de Agatha Christie —el propio texto se permite citarla— y que el título cierra con un signo de interrogación que deja la puerta abierta a más de una lectura, o a una continuación.

Lo que se le puede pedir

Es un libro generoso, casi desbordante, y ese es también su mayor riesgo: las escenas de sobremesa, las descripciones gastronómicas y los paseos por la comarca, deliciosos en sí mismos, se repiten como estructura a lo largo de la trama y en ocasiones frenan el pulso justo cuando el misterio pide urgencia. Un lector que busque un thriller de ritmo trepidante puede encontrar aquí más pausas de las esperadas; quien disfrute de una novela negra con alma de crónica local y de sobremesa murciana, en cambio, estará en su salsa.

Veredicto

Una novela negra con vocación de guía sentimental de San Pedro del Pinatar y el Mar Menor, sostenida por un misterio bien planteado y una voz criminal genuinamente perturbadora. Ideal para quien busque un crimen con acento local, buena mesa de por medio y un giro final que justifica el viaje.

Para lectores de: novela negra costumbrista, misterio con ambientación mediterránea, thrillers con un componente de crónica social y política reciente.

martes, 15 de septiembre de 2026

Psíthyros, de M.D. Álvarez


 

Ya está aquí otra vez la corriente de aire. La juventud de ella la convertía en una ráfaga cálida, no como sus hermanos, que se habían convertido en tempestuosos huracanes y fieros tifones.

Ella era más dulce y delicada que ellos; así la originó su padre, el rey de los vientos, Eolo, quien había puesto especial cuidado en aquella sensible y susurrante corriente, que recibiría el sugerente nombre de Psíthyros. 

Fue concebida con la ninfa Egle del Anteparaíso, quien quiso conocer al padre de los vientos que asomaban a su reino. Al verlo tan encantador, quedó prendada de él; y tras una noche de pasión, nació la pequeña Psíthyros.

M. D. Álvarez

domingo, 13 de septiembre de 2026

El hueco bajo la piel, de Fernando Jimeno Martín (Reseña nº 1167)

 


Fernando Jimeno Martín
El hueco bajo la piel
Editorial Samarcanda, 2025

Había cruzado una línea. Una de la que no se vuelve igual. Una donde ya no importa si se sigue adelante, porque una parte de uno ya se quedó atrás, sin nombre, en una plaza vacía bajo la lluvia.

Me ha impactado esta obra. Al principio empecé a leerla como cualquier otro libro, pero página a página me fui dando cuenta lo que el autor nos estaba relatando y que reproduzco en el párrafo anterior, textual, de la página 27. 

Tal vez debía haberme dado cuenta en la dedicatoria que mi amigo me hacía al principio de la obra, pero para quienes hemos firmado cientos o miles de ejemplares en toda nuestra vida literaria, hay muchas veces que se ponen dedicatorias lo más de extrañas.

Pero aquí hay una historia personal de un amigo, al que tanto Toñy como yo le tenemos un gran afecto y siempre recordamos una agradable tarde en Madrid, en la Plaza Santa Ana, con otro buen amigo, Adolfo Caparrós.

Con toda crudeza nos narra su experiencia: sobrevivir tras un intento de suicidio. Si hay obras donde el autor se desnuda ante los lectores, esta es una de ellas, descarnada, sin tapujos, narrada en primera persona. Porque sobrevivir fue solo el comienzo.

Espero que encuentres algo que puedas implantar en tu vida. Gracias amigo por esas letras, lo encontré, sí.

Y a ti, desconocido lector de estos Acantilados de papel, busca el libro (en el título tienes enlace a Amazon), hazte con un ejemplar y acompaña al autor en su recomienzo.

Francisco Javier Illán Vivas 

jueves, 10 de septiembre de 2026

Libros reseñados en agosto de 2026

 

Cuatro libros hemos comentado durante el mes de agosto de 2026: Historias imposibles, de Miguel Ángel López, con 1182 lecturas; Espejo de monos alumbrados, de José Siles, con 1282 lecturas; De reyes y de reinas, de Luis Barberá, con 1263 lecturas; e Historias de África, de Cleopatra Smith, con 1324 lecturas.

martes, 8 de septiembre de 2026

Aclis, la diosa del suspiro final, de M.D. Álvarez

 


Por mucho que le dijeran, él la seguía queriendo a pesar de ser la diosa de la oscuridad, hija de Nix. Sin embargo, sentía una especial debilidad por aquel hermoso hijo de la luna que languidecía de amor por Aclis, quien todas las noches lo observaba dormir dócilmente en el promontorio que daba paso a las puertas del Averno, en compañía del fiero Cerbero, que se mantenía alejado del joven Eleuter.

Aclis visitaba cada noche las puertas y llevaba ambrosía que depositaba junto a su joven amante.

Aclis no poseía manos hechas para la caricia, sino para el desgarro de la vista y el suspiro final; sin embargo, al rozar la mejilla de Eleuter, sus dedos gélidos se volvían tan suaves como la neblina del Leteo. 

Aquella noche, el joven abrió los ojos. No se despertó con el terror de quien ve a la personificación del dolor ante sí, sino con la paz de quien reconoce a su propio refugio.

—Has vuelto —susurró Eleuter, cuya voz sonaba como el tañido de una campana bajo el agua—. Mi madre, Selene, dice que eres el final de todos los caminos, pero yo solo te veo como el principio de mi descanso.

Aclis retrocedió un paso, y las sombras que formaban su túnica ondularon con violencia.

—No deberías buscar mi mirada, hijo de la Luna. Mis ojos son los que nublan a los guerreros antes de caer. Soy la bruma que borra el mundo.

—Entonces bórralo todo —respondió él, incorporándose con dificultad—. Deja solo este promontorio, el silencio de tu perro tricéfalo y el sabor de la ambrosía que dejas en mis labios.

A lo lejos, el aullido de Cerbero cambió de tono. Ya no era un gruñido de advertencia, sino un lamento profundo que vibró en las puertas de bronce del Averno. Alguien se acercaba desde el mundo de los vivos, alguien que no temía a la oscuridad de Nix ni a la tristeza de Aclis. 

Una figura dorada, envuelta en un fuego que amenazaba con incinerar la eterna penumbra del inframundo, ascendía por el sendero rocoso reclamando lo que la diosa de la oscuridad había tomado para sí

El intruso no era otro que Aristeo, el pastor de las abejas, envuelto en una luz solar que resultaba insultante para la paz del Averno.

Traía consigo el calor de la vida, una vibración que hacía que las sombras de Aclis se retorcieran como serpientes heridas.
—¡Suéltalo, Niebla del Infierno! —rugió Aristeo, su voz resonando en las paredes de roca—. El destino de los hijos de la luz no es marchitarse en el umbral de las sombras. El Olimpo reclama su belleza.

Aclis se irguió. Su figura, que antes parecía frágil ante Eleuter, creció hasta alcanzar una altura sobrenatural. El velo que cubría su rostro se agitó, dejando entrever unos ojos que no eran ojos, sino abismos donde las estrellas morían.

—Él no está aquí por mandato, sino por deseo —sentenció la diosa, y su voz fue un eco de mil huesos quebrándose—. La luz que traes solo sirve para proyectar sombras más largas, pastor. Vete antes de que te convierta en el primer habitante de un dolor que ni siquiera los dioses pueden nombrar.

Eleuter, ajeno al desafío divino, buscó la mano de Aclis. Para él, el brillo de Aristeo era una tortura, una exigencia de volver a un mundo de ciclos, de sudor y de sol cegador.

—No me lleves de vuelta —suplicó el joven, mirando a la diosa—. Prefiero ser el polvo bajo tus pies que el orgullo de los cielos.

Cerbero, sintiendo la debilidad del intruso ante la voluntad del muchacho, se adelantó. Sus tres cabezas mostraron colmillos que goteaban un veneno negro. El perro no defendía a Aclis, pues ella no necesitaba defensa; defendía el sueño de Eleuter, el único ser que jamás le había temido.

Aristeo dudó. Comprendió en ese instante que el joven no era un prisionero de la diosa de la oscuridad, sino su guardián. 

Un hijo de la luna que había encontrado en la negrura absoluta el único espejo capaz de reflejar su verdadera alma.
—Si se queda —advirtió Aristeo, retrocediendo ante el avance del can—, Selene dejará de brillar. El mundo quedará a oscuras para que tú puedas poseerlo.

Aclis miró a Eleuter. El amor de una diosa de la destrucción era un regalo envenenado. ¿Debía dejarlo ir para salvar la luz del mundo, o permitir que el universo se sumiera en el caos por mantener aquel breve instante de ternura en la puerta del abismo?

M. D. Álvarez 

sábado, 5 de septiembre de 2026

Círculo cerrado, de Julio Pavanetti (Reseña nº 1166)

 


Julio Pavanetti
Círculo cerrado
Aliar Ediciones, 2026

Sé la dificultad de escoger, seleccionar de entre una amplia obra poética, o literaria, una parte. Aquí estamos ante la poesía escogida por Julio Pavanetti de su extensa obra. La subtitula Poesía Reunida 2012-2023, muchos de cuyos poemas ya he tenido el placer de leer a lo largo de los años.

Y en esos años la poesía de Julio, quien me honra con su amistad, explora el paso del tiempo, ese terrible ser que no nos permite ni un instante de descanso; pero también lo vivido, la experiencia de un hombre que ha recorrido medio mundo, si no lo ha hecho completo, llevando siempre la poesía con él.

Por que el conocimiento del mundo tiene su origen en el exilio, que ocupa un lugar importante en esta poesía reunida, desde Montevideo a Benidorm. Hay un océano en medio, que él ha definido y descrito con la nostalgia de haberlo vivido en sus carnes.

Annabel Villar, que escribe el prólogo, ya define que el poemario "asume una clara dimensión ética: la poesía se convierte en una toma de posición frente a la injusticia y la violencia presente", yo me atrevería a añadir, viviendo como vivimos en España, al odio emanado de las esferas políticas para enfrentarnos a todos contra todos.

Poesía que no debe ser olvidada, que nos abrirá el corazón y el alma de un poeta que se mira frente al espejo.

Francisco Javier Illán Vivas 

martes, 1 de septiembre de 2026

El castaño y el tamarindo, de M.D. Álvarez

Seguro que nadie os ha dicho el origen mitológico del tamarindo y el castaño, pues os los voy a contar. Estos dos árboles forman parte de la mitología universal por un montón de características, pero la que nos interesa es su longevidad. Pero vamos a lo que nos interesa: su origen.

Cuentan las leyendas que había un matrimonio de avanzada edad que eran devotos de los dioses, los cuales conocían su fidelidad hacia ellos, frente a jóvenes que se burlaban de su dedicación. Un buen día, Tut y Eshe fueron visitados por el rey de los dioses, Ra, acompañado de su amado hijo Horus. 

Descendieron sobre la tierra como dos pastores y se presentaron ante Tut y Eshe, que, aún siendo ancianos, presintieron que aquellos gallardos pastores no eran solo eso. Les ofrecieron su casa y una humilde comida a base de leche y miel. Tanto Ra como su hijo Horus, maravillados por la amabilidad y dedicación, les otorgaron lo que quisieran. 

Ellos, ya ancianos, solo querían morir al mismo tiempo. Ra, viendo el gran amor que se profesaban, les otorgó dicha bendición: morir al mismo tiempo. Y cuando sucediera, los transformó en un hermoso castaño a Tut y en un hermoso tamarindo a Eshe, que crecieron entrelazados. 

Su longevidad humana creció en años y, si me apuráis, en uno de los muchos oasis que se encuentran en Egipto, seguramente habrá un castaño entrelazado con un hermoso tamarindo en muestra de amor incondicional hacia los dioses.

M. D. Álvarez 

domingo, 30 de agosto de 2026

Hablando de Crimen en el paraíso salado con su autor, 4ª parte

 


«Una novela no termina cuando el escritor pone el punto final»

Cuarta y última entrega de la larga charla que hemos mantenido con Francisco Javier Illán Vivas alrededor de Crimen en el paraíso salado, segunda novela protagonizada por el inspector Isco Vivas, después de Versos envenenados. En esta ocasión hablamos con el autor sobre documentación, construcción de personajes, investigación policial, corrección editorial y sobre lo que significa volver a enfrentarse a un personaje después de haber publicado su primera aventura.

Una entrevista dirigida más al escritor que al lector.

1. Después de Versos envenenados, ¿qué ha cambiado en su manera de escribir a Isco Vivas?

Ha cambiado el conocimiento que tengo del personaje. Cuando escribí Versos envenenados, estaba descubriendo quién era Isco. Ahora sé mejor cómo piensa, cómo habla y, sobre todo, qué cosas puede hacer y cuáles no.

Pero también he aprendido que un personaje no debe quedar encerrado en una ficha. Tiene que evolucionar. Si después de una novela Isco siguiera siendo exactamente el mismo, en algo habría fallado.

2. ¿Cuándo comienza realmente el trabajo de una novela de estas características?

Mucho antes de escribir la primera línea. Empieza con preguntas. ¿Dónde ocurrirá? ¿Quién será la víctima? ¿Por qué? ¿Quién puede tener un motivo? Y, sobre todo, qué quiero contar además del crimen.

Después viene una etapa bastante menos literaria: documentación, notas, comprobaciones y más comprobaciones.

Fíjate si bastante antes, que he tardado ocho años en terminarla y ya en Versos envenenados dejé anunciado en el epílogo hacia dónde iba la trama.

3. ¿Cómo documenta una investigación policial?

Intento partir de fuentes fiables y, cuando es posible, contrastar la información. También aprovecho conocimientos adquiridos durante años de lectura y conversaciones, pero procuro no escribir aquello que no puedo sostener.

En una novela negra hay una tentación peligrosa: inventar una explicación porque suena bien. Yo intento resistirme a ella.

Mi formación como criminólogo y criminalista me han sido muy útiles.

4. ¿Eso significa que toda la investigación de la novela es técnicamente real?

No. Es ficción. Y sería absurdo pretender que una novela es un manual policial. Pero sí intento que el lector no encuentre continuamente situaciones que le hagan pensar: «Esto no puede suceder así».

La verosimilitud es más importante que la exactitud absoluta.

5. ¿Qué documentación requiere más trabajo?

La relacionada con los procedimientos, los lugares y las sustancias o métodos que aparecen en la trama. También la geografía.

Si Isco tiene que recorrer una determinada calle, necesito saber que esa calle existe, que el recorrido tiene sentido y que los establecimientos, fachadas y elementos que cite, existen.

6. En Crimen en el paraíso salado el escenario tiene una importancia especial.

Sí. San Pedro del Pinatar y las Salinas y Arenales forman parte de la novela desde su concepción. No quería colocar allí la historia simplemente porque el paisaje fuese bonito. Quería aprovechar sus características para la propia narración.

7. ¿Visitar los lugares antes de escribir es importante?

Muchísimo. Una fotografía proporciona información, pero estar físicamente allí aporta otras cosas: distancias, sonidos, olores, luz, sensación de espacio.

Hay detalles que jamás habría escrito si no hubiese estado en esos lugares.


 

8. ¿Cuánto de lo que investiga termina apareciendo en la novela?

Muchísimo menos de lo que uno podría imaginar. La documentación es como el iceberg. El lector ve una parte pequeña.

Si he investigado durante horas para escribir correctamente dos líneas, esas dos líneas son las que deben aparecer. No necesito demostrarle al lector todo lo que he trabajado.

9. ¿Cómo construye a los personajes secundarios?

Intento que tengan una función narrativa, pero también una vida propia. No me interesa que existan únicamente para proporcionar una pista a Isco.

Eso he hecho con Carmen y Marta, con el inspector Puche... y espero que ocurra con otros personajes que han aparecido por primera vez en esta segunda entrega.

Incluso un personaje que aparece unas pocas páginas debe parecer capaz de seguir viviendo cuando el protagonista abandona la escena.

10. ¿Y cómo decide quién es el asesino?

Procuro saberlo antes de llegar al final. De otro modo sería muy difícil construir las pistas de manera honesta.

Una vez sé quién lo hizo, tengo que conseguir que el lector pueda mirar hacia atrás y pensar: «Estaba ahí y no lo vi».

11. ¿Es difícil ocultar información al lector sin hacer trampas?

Es uno de los mayores problemas de la novela policial. No quiero engañar al lector ocultándole deliberadamente un dato imprescindible.

Prefiero distraer su atención con otros elementos. La diferencia parece pequeña, pero para mí es fundamental.

12. En esta novela Isco también se equivoca.

Y debe hacerlo. Un investigador que nunca se equivoca resulta poco humano y, además, puede terminar siendo aburrido.

Los errores de Isco tienen consecuencias y forman parte de su evolución como personaje.

13. Cambiemos de tercio. ¿Qué importancia tiene la corrección editorial?

Toda. Y aquí tuve una experiencia especialmente intensa.

Cuando una editorial entra de verdad en un manuscrito, aparecen cosas que el autor ya no ve. Repeticiones, frases innecesarias, problemas de ritmo, pequeñas incoherencias...

Y algunas correcciones me han dolido.

14. ¿Acepta fácilmente que le cambien un texto que ha escrito?

No siempre. Sería mentira decir lo contrario.

Hay correcciones que acepto inmediatamente porque comprendo que mejoran el texto. Y hay otras que necesito discutir. El autor también debe defender sus decisiones cuando tiene razones para hacerlo.

15. ¿Qué ha aprendido de ese proceso de corrección?

Que escribir y corregir son trabajos diferentes. Cuando escribes estás construyendo. Cuando corriges tienes que ser capaz de desmontar lo que has construido.

Y quizá la lección más importante: una frase que te encanta puede ser una frase que sobra.

16. ¿Ha cambiado mucho Crimen en el paraíso salado durante la corrección?

Algo. Y probablemente hubiese cambiado todavía algo más si, como te he dicho, no hubiese mantenido mi criterio. Una novela publicada no es exactamente la novela que el escritor tenía en la cabeza cuando comenzó a escribirla.

La corrección editorial forma parte de su nacimiento.

17. ¿Qué diferencia encuentra entre corregir uno mismo y que te corrija otra persona?

El autor conoce demasiado bien su propio texto. Completa mentalmente las frases, recuerda lo que quería decir y deja de ver determinadas repeticiones.

Un corrector, o un editor, no tiene esa información privilegiada. Lee lo que realmente está escrito.

18. ¿Qué relación tiene con el papel y la lectura en papel?

Para mí sigue siendo imprescindible. Después de trabajar mucho tiempo en pantalla, imprimir una novela y leerla como lector, no como escritor, cambia la perspectiva.

El papel tiene una capacidad extraordinaria para revelar errores que la pantalla consigue esconder.

19. ¿Qué ha aprendido escribiendo la segunda novela que no sabía cuando escribió Versos envenenados?

Que una saga exige memoria. No basta con recordar la trama anterior. Hay que recordar edades, relaciones, lugares, hábitos, fechas, decisiones y heridas.

La continuidad puede convertirse en un enemigo silencioso.

20. Después de dos novelas, ¿qué le queda por descubrir de Isco Vivas?

Probablemente bastante. Y eso es lo que hace que quiera seguir escribiéndolo.

Con Versos envenenados presenté al personaje. Con Crimen en el paraíso salado empecé a descubrir hasta dónde puede llegar.

Ahora toca averiguar qué consecuencias tendrán las decisiones que ha tomado.