Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

martes, 3 de febrero de 2026

El corazón del bosque, de M.D. Álvarez (1 de 2)

 


A punto de acabar el año, no tenía noticias de él. Lo añoraba desde que se fue. De pronto, un reflejo llamó poderosamente su atención; ese reflejo venía de lo más profundo del bosque, allí donde el sol jamás llegó. Algo avanzaba, desprendiendo una tenue luz que amenazaba con ser engullido por las sombras. Era él, no podía ser otro; solo él podía enfrentarse a las sombras durante todo un año y regresar con ella, como le prometió. Salió con una linterna para que tuviera un referente de localización.

Lo vio aparecer bajo un rayo de luna que hizo que su luz se magnificara. La vio y se detuvo; su mirada reflejaba todos los horrores sufridos en las profundidades del bosque. Su rostro, más delgado y pálido, reflejaba el dolor. Ella corrió hacia él y lo abrazó. Bajo sus rayos, notó lo delgado que estaba; lo sostuvo con cuidado y lo llevó a la cabaña. 

Lo sentó a la mesa y avivó el fuego, calentando un asado que él devoró despacio. 

Cuidadosamente, dejó un saquito de tela sobre la mesa.

—¿Lo encontraste? dijo, mirando fijamente la bolsita.

—Te prometí traerte el corazón del bosque, dijo él con una voz tranquila pero cansada.

Ella lo miró; él era capaz de todo por amor y la quería más que a su vida.

Ella le preparó un baño caliente y le ayudó a quitarse sus ropas, gastadas por un año. Su cuerpo estaba casi en los huesos, aunque lo peor eran las atroces cicatrices.

—Mi sol, ¿por qué no volviste antes? susurró, sollozando.

—Te dije que no volvería hasta haber conquistado el corazón del bosque.

—¿Pero a qué precio? dijo ella, limpiando con delicadeza su cuerpo.

—No te preocupes, con tu ayuda y tus guisos estaré como nuevo en poco tiempo —dijo él, besándola.

Tras ayudarlo a bañarse, lo envolvió en la gran manta de oso que él cazó para ella.

Continuará...

M. D. Álvarez 

domingo, 1 de febrero de 2026

Estadísticas de Acantilados de papel durante Enero de 2026


 

 

Nuestro Acantilados de papel nos sigue sorprendiendo: 41.103 visitas durante enero, hasta las 22:30 horas del día 31 de enero.

1.106.905 visitas desde siempre, y sigue aumentando. 

2.887 visitas el viernes.

2.480 visitas el sábado.

Y hoy empezamos un nuevo recuento.  

viernes, 30 de enero de 2026

Voces rotas, de Guillermina Sánchez Oró (Reseña nº 1137)

 


 

Guillermina Sánchez Oró
Voces rotas
Octubre Negro Ediciones, 2025

Dar el salto desde la poesía a la novela es un reto que muchas veces no nos atrevemos a dar, por la dificultad de mantener una trama que no se deshaga entre las manos, y Guillermina Sánchez Oró se ha atrevido, además, con una novela negra y con una editorial, Octubre Negro Ediciones, que está apostando fuerte por el género. Patrocina concursos y eventos de literatura de género noir en Sitges, en Madrid, en... y además, de un tiempo a esta parte, apuesta también por otros géneros literarios.

Pues ese riesgo lo recorrió la autora murciana nacida al otro lado del Mediterráneo y con éxito, solo hay que ver las imágenes de la presentación en el Ayuntamiento de Murcia, Edificio Moneo, con lleno hasta la bandera y personas de pie. Fue un evento para quitarse el sombrero.

¿Pero qué tiene esta novela?  Destacable son los capítulos cortos, como fotografías, escenas cinematográficas más bien, que permiten leer de continuo o a pequeños sorbos en esta sociedad de las prisas. Creo que es una novela idónea para esos desplazamientos donde, en vez de mirar el móvil, puedes leerte uno o dos capítulos sin apenas darte cuenta.

Tiene también, y creo no equivocarme, mucho de Guillermina, de sus experiencias vitales, de lo que ha vivido que ha sabido insertarlo en la novela como si, algunas fases de la trama, le fuesen ajenas.

Y tiene una profunda crítica a determinados delitos, que son execrables, y que con ágil pluma ha sabido ir desentrañándolos a nuestros ojos y buscar, en los personajes, cómo acabar con ellos. 

Viajaremos por España, por el norte de África, por Inglaterra... con descripciones precisas de una autora que conoce esos paisajes y esas ciudades. Me parece otro acierto, ya que acerca la novela al lector, como si lo estuviera viviendo y, si conoce los lugares, más aún. 

Yo no debo desentrañar más en este comentario, pues a Judit, Maribel, Fátima,... no les gustaría.

Buscad la novela, tenéis arriba el enlace, y leedla. De nada.

Francisco Javier Illán Vivas 

miércoles, 28 de enero de 2026

La sección de reseñas: más de mil lectores semanales (primera entrega)




 

Debemos agradecer a nuestros lectores que se mantienen fieles a los libros que semanalmente les recomendamos, por nuestro crítico de guardia o de otros que a lo largo de los años (desde 2007) han ido colaborando en la sección, bien cuando se publicaba en Vegamediapress, del recordado Jesús Pons, o bien en el blog LCN, en Ágora papeles de arte gramático o aquí, donde ya se quedó definitivamente.

Seguiremos mostrando estadísticas. 

 

 

martes, 27 de enero de 2026

La cuenta pendiente, de M.D. Álvarez (4 de 4)

 


El aire se había enfriado con la última luz del sol, y Angie sintió una punzada de emoción al oír la honestidad sin adornos en su voz.

—Siempre he querido oírlo —dijo ella, y por primera vez, la intensidad de su mirada no se disolvió en una broma o una distracción. Se mantuvo fija en sus ojos.

Marcus sintió que el nudo en su garganta se deshacía. El anillo en su dedo dejó de ser un juguete y se convirtió en un ancla.

—No hay palabras adecuadas —admitió él, su voz apenas un susurro que no perturbó la quietud del estanque—. Solo esta.

Acortó el prudente puente de espacio entre ellos, moviéndose con una deliberación que le resultó extraña. No fue un movimiento rápido, ni desesperado, sino firme y simple. Deslizó su mano por el ligero jersey que ella llevaba, tocando por primera vez su mejilla. Su pulgar rozó suavemente el borde de su boca, silenciando cualquier posible respuesta.

Angie no se apartó. En lugar de eso, inclinó la cabeza hacia su mano, aceptando el contacto.

—No huyas ahora, Marcus —susurró ella, su aliento cálido contra su piel.

—Nunca más —prometió él.

Y entonces la besó. No fue el beso cargado de coqueteo y tensión de la noche del bar. Era un principio. Era el sabor a promesa y a asfalto mojado. Era el final inesperado que a Angie le gustaba encontrar en las historias, el que no se veía venir pero que lo cambiaba todo.

Cuando se separaron, el sol se había ido, dejando el cielo de un color azul profundo y melancólico. Ella le sonrió, y esta vez, su sonrisa no era un arma, sino una invitación.

—Bienvenido de nuevo, Marcus —dijo ella.

Él le devolvió la sonrisa. Ya no era evasiva. Era libre.

—Gracias por la espera, Angie. ¿Vamos a buscar ese pastel de manzana agrio? Yo invito.

M. D. Álvarez