Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

jueves, 7 de mayo de 2026

El humano amor nuestro de cada día, de Pedro Javier Martínez

 


 

El humano amor nuestro de cada día

Oye, yo te esperaba
y, sin duda, por este incontenible
deseo de tenerte,
por esta incertidumbre
de que la noche te fuese esquiva
o ajena su negrura
y las sombras te cegaran los ojos
y pudieses perderte en el camino,
abrí mi puerta
y me planté en medio de la noche
con mi estrella de luz sobre los hombros.
Yo no sé cuánto tiempo
permanecí esperándote
inmóvil, anhelante.
La noche era tan larga,
tan huraña,
tan fría...
y yo tendí mi mano
con tanto desespero,
que caí en la cuneta
de bruces, sobre el lodo.

Y me apena por ti,
me avergüenza por ti,
ahora que, al fin,
llegas para quedarte.

Me avergüenza tener
ya salpicado y sucio
algo que solo a ti pertenecía.
Lamento que mis brazos
no sean para tu cuerpo
dos robles virginales.
Pero, si no te importa,
saldré del barro
y llevaré mis manos en tu playa.
Si no te importa, digo,
me quedaré a tu lado
para toda la vida.
Y sabré ser alegre y apasionado
y tierno,
y flexible y amante...
Y amasaremos juntos
al alba, cara al cielo,
cuando el canto del gallo
sea cumplida promesa
de desbordante júbilo,
el humano amor nuestro
de cada día.

 

Pedro Javier Martínez 

miércoles, 6 de mayo de 2026

Libros reseñados en abril de 2026

 

Durante el mes de abril se comentaron cuatro libros: Eso que tú me das, de Susi Rosa Egea; Regreso a Dunkerque, de Pascal Buniet; Versos envenenados. El primer caso del inspector Vivas, de Francisco Javier Illán Vivas; y Melodías de la memoria, de Óscar Fernández García.

Todos superaron con creces las mil lecturas por parte de nuestros lectores. Muchas gracias. 

martes, 5 de mayo de 2026

El centinela, de M.D. Álvarez


 

El viejo faro de piedra se alzaba como un centinela solitario frente a la furia del Atlántico. Durante décadas, su luz giratoria fue el único latido de esperanza en la negrura absoluta, guiando a los barcos lejos de los afilados arrecifes que acechaban bajo la espuma.

Aquella noche, la luz parpadeó de forma extraña. El farero, un hombre recio, ajustó la lente justo a tiempo para ver cómo una pequeña embarcación se aproximaba peligrosamente a la fila dentada de los arrecifes y hizo sonar la sirena para que variaran el rumbo.

La embarcación viró justo a tiempo. Aquel impresionante faro había salvado la vida de mi padre, el capitán de aquel pequeño pesquero que regresaba a casa con su amor.

M. D. Álvarez

viernes, 1 de mayo de 2026

Los ríos nunca miran atrás, de José Luis Monroy Antón (Reseña nº 1148)

 


 

José Luis Monroy Antón
Los ríos nunca miran atrás
Editorial Nazarí, 2026

Hay novelas cuya trama te sorprende desde el primer momento. A mí, esta, me creó ciertas dudas respecto a lo que iba a encontrar, ya que desde el primer momento el asesino se nos muestra en toda su violencia, con todo lujo de detalles.

Y eso ocurre en un pequeño pueblo de la provincia de Cáceres, No, no penséis que era algo como Puerto Hurraco. Nada que ver, era la disección de un presunto maltratador-violador a manos de su verdugo, que en ningún momento sabemos de quien se trata.

Después nos sorprenderá dejando un paquete, con los ojos del ajusticiado, a la atención de Eliseo Redondo, guardia civil del tranquilo pueblo a orillas del Tajo.

Ahí comienza la búsqueda del cadáver, pero también del asesino. Y el puesto de la Guardia Civil solo cuenta con dos efectivos fijos y uno recién llegado... hasta que la aparición de un segundo cadáver, igualmente con mensaje para el mismo guardia civil, Eliseo Redondo, hace que la comandancia envíe un refuerzo, quien resulta ser una persona que tenía viejas cuentas pendientes con el citado Eliseo Redondo.

Así, el autor nos irá complicando la trama hasta que alcanza importantes estructuras del poder de la Junta de Extremadura y de asociaciones que se suponen viven para proteger a personas, y no al revés.

Es una historia tan imaginaria que en la España de 2026 parece real como la vida misma.

Y el asesino, o asesina, os dejará atónitos al final de la trama.

Francisco Javier Illán Vivas