Francisco Javier Illán Vivas
Poesía completa
Ediciones Irreverentes,
ANTE EL SILENCIO NOS
QUEDA LA PALABRA
La vida es una
paradoja, el contraste inseguro de deshojar una margarita, mirar el cielo a
través de los ojos que nos miran, conquistar la palabra como si izáramos una
bandera, clavar la estaca en la cumbre y dejar que las alas nos rocen las
mejillas.
Francisco Javier
Illán Vivas se nos muestra enamorado, desde la tristeza y desde la sonrisa.
Busca con desesperación el cuerpo amado y quiere traspasarlo sin medida. Ha
descubierto que el alma es la piel que no se ve y el ombligo es el pozo de los
deseos incesantes. Coloca la nariz en el asfalto y un aroma de miel lo envuelve
todo, lo lleva al campo, a pesar de la niebla. La niebla es un espejo con el
que tropezamos y, a veces, nos sabe a beso y, en otras ocasiones, a ausencia.
Déjame que te escriba
entonces, nos susurra con un lenguaje vegetal. Desfila en su entramado poético
los jardines y los bosques, como si quisiera domesticar las emociones por un
lado y de otro, dar rienda suelta a la rebeldía. El verso, en el fondo, es una
soga al cuello de la soledad.
Su poesía nos
desconcierta: le enseña la patita a la esperanza y cae de bruces en el abismo.
Salta o se desploma. Sus hilos no están hechos de letras, sino de pasiones que
procura atemperar entre los barrotes del poema. Es humana, sencilla, caracolea
con el sol, se tumba pesadamente en el sofá y grita. Es insensata como quien
acude al frío para que le caliente los pies y concibe el fuego como sombrío,
ceniza de lo que pudo ser, si no se quema las manos con la piel ajena. Es
tierna y despiadada. Joven y anciana. Contradictoria. Porque no es más que el
reflejo de lo que vive, una apuesta decidida por no guardarse nada en los
bolsillos, un desnudo integral, cae la tela suave de una falda, el ronroneo de
unas medias al desprenderse de las piernas, el suspiro despierto de unos labios
y toda esa parafernalia huele a amor, se escucha como un insignificante latido
apenas perceptible, como esa gota sabia que deja al descubierto la grieta.
Francisco Javier
Illán Vivas deja que nos asomemos por ese hueco donde quedan los restos de un
naufragio: las ruinas de la infancia entre hierbas silvestres, las paredes
desconchadas del recuerdo, los senos de una rubia de cabellos de nata ocultos
bajo la bruma, el huerto entregado al abandono, el arriate descuidado por el
tiempo y el papel amarillo de las fotografías antiguas que se deshace con la
memoria.
La poesía del
escritor murciano se caracteriza por la capacidad de evocación con la que nos
devuelve a un pasado salpicado de nostalgias, por una sobriedad ajena al adorno
porque piensa que los excesos nos desvían de la sustancia, por un ritmo pausado
con el que pretende, sin conseguirlo, detener al tiempo. Compone una poesía de
raíz donde los elementos cotidianos adquieren protagonismo y la lluvia, el
viento que se cuela a través de las ventanas, la tierra y la naturaleza nos
desnudan ante el mundo por medio de la verdad.
Vive en su verso la
búsqueda irreparable de la propia identidad, la censura hacia una política que
deja en paños menores al ser humano (le arranca todos los ropajes de la
dignidad), ataca sin reparo una sociedad pasiva ante las injusticias y alaba el
papel primordial de la mujer.
A lo largo de las
estaciones, cuando el mar ya no lo tenemos a la espalda, sino que nos mira cara
a cara, aún encontramos arrestos con la palabra para cargar el peso de la
memoria, llevar con honradez un amor maduro, adaptarnos a las ausencias
aceptando el cambio inevitable que nos impone la existencia. La noche con sus
dos abismos: el tierno que nos lleva a enredarnos entre las sábanas; el duro,
que nos deja a solas ante el silencio.
Alejandro Pérez Guillén