Acantilados de papel
martes, 19 de mayo de 2026
Tierra mágica, de M.D. Álvarez
viernes, 15 de mayo de 2026
Un sitio donde estar a salvo, de Eduardo Quijano (Reseña nº 1150)
Eduardo Quijano
Un sitio donde estar a salvo
Coleman Ediciones, 2025
Hay libros que te dejan perplejo, otros te aplastan, y otros casi te vuelven locos. Estos cuentos de Eduardo Quijano me han dejado perplejamente loco. Es un caos continuo, supongo que como el sujeto de la portada, con la cabeza llena de humo, pretendiendo, desde su atalaya, encontrar un sitio donde estar a salvo: no lo hay en ninguna de las páginas.
Pero no vas a poder dejar de leerlo, de avanzar relato a relato, son brevísimos, y seguir en la búsqueda de ese lugar donde estar a salvo, como los extraños y no tan extraños personajes que pueblan cada uno de ellos.
Un humor fino, pero picante, el del autor. Cristina Cerrada, autora del prólogo, dice que es un buen libro del autor. Lo que sí es es sorprendente, y en estos tiempos que corren, que alguien te sorprenda, y más en la literatura, ya es motivo para hacerse con un ejemplar y disfrutar de la lectura y encontrarte con los personajes más extraños que puedas imaginarte.
En serio, abre las páginas y compruébalo.
Francisco Javier Illán Vivas
jueves, 14 de mayo de 2026
Aquí adentro, de Désirée Dorado
Tengo óxido, tornillos flojos,
sillas boca abajo,
miradas de reojo,
nubes de estropajo
restos de fe,
dos o tres carajos
y pendiente un café.
Facturas emocionales sin pagar
y un cenicero lleno de besos mal apagados,
tengo ganas de gritar
y un motor gripado
que intenta arrancar sueños.
Tengo miedos no pequeños
y resacas viejas,
algún que otro empeño
y unas pocas quejas.
Tripas tocando blues en un garaje oscuro,
no sé qué me pasas
y más gritos mudos
que los maniatan.
Un par de hostias mal dadas que nunca devolví
y nudillos rotos de aguantarme;
ponerte a parir,
cien clases de hambre...
No hay mariposas, no,
puta idiosincrasia.
Hay ratones que me roen.
Que me roen, que se ríen
de mi desgracia.
Désirée Dorado
martes, 12 de mayo de 2026
El estrecho de Mesina, de M.D. Álvarez
viernes, 8 de mayo de 2026
Este libro muerde, de Désirée Dorado (Reseña nº 1149)
Désirée Dorado
Este libro muerde (Poemas para leer bajo su propio riesgo)
Murcia, 2026
Hay libros que buscan agradar.
Este no.
Este libro muerde no se escribe desde la corrección, ni desde la metáfora delicada, ni desde el pudor. Se escribe desde la herida abierta. Y eso, en poesía, siempre es un riesgo.
Désirée Dorado no construye un yo lírico contemplativo; construye un yo que arde, que sangra, que insulta, que desea, que se humilla y que se levanta. Aquí el amor no es un jardín: es un vertedero, una trinchera, un cuarto oscuro, un barrio llamado Perdón del que cuesta salir. La autora no edulcora la experiencia sentimental; la expone con crudeza, incluso con una violencia verbal que incomoda. Y esa incomodidad es deliberada.
Este es un libro que orbita alrededor de una ruptura —o varias—, pero no se limita al lamento. Hay un recorrido. Del sometimiento emocional al «Adiós, mojón; hola, reina». De la dependencia a la afirmación. De la súplica a la soberanía. No es un tránsito lineal ni limpio; es contradictorio, reiterativo, humano. Como lo son las obsesiones.
Formalmente, el poemario se apoya en un lenguaje directo, con fuerte impronta oral. Hay cadencia de poesía escénica, ritmo de monólogo interior, repetición como martillo. Conviven imágenes poderosas —«la dignidad haciendo autostop», «un barrio en las afueras del pecho», «esperanza en libertad condicional»— con expresiones descarnadas que no piden permiso. Lo escatológico aquí no es provocación gratuita: es herramienta de desmitificación. Cuando el amor se convierte en fango, se nombra como fango.
También hay juego y contraste. «Mi problema favorito» introduce un tono casi lúdico, matemático; «Sé quién es» roza lo oscuro y lo ritual; «Un lugar llamado Perdón» demuestra capacidad alegórica; «Cuarto oscuro» contiene una sobriedad que revela que la autora sabe bajar el volumen cuando quiere. Esa alternancia evita que el libro sea una sola nota sostenida.
¿Hay reiteración temática? Sí. Pero esa insistencia no es defecto casual: es síntoma. El texto refleja una mente que vuelve una y otra vez al mismo lugar, intentando comprender lo que no terminó de entender mientras lo vivía. La poesía aquí funciona como expediente emocional: ordenar, nombrar, cerrar.
Désirée Dorado escribe desde una paradoja interesante: su profesión —¡qué enorme sorpresa!— exige control; su escritura, descontrol. Y quizá por eso este libro tiene algo de válvula de escape. No hay cálculo frío. Hay exposición. Y exponerse, en un tiempo de máscaras, es un gesto literario valiente.
Este no es un poemario de artificio formal ni de hermetismo intelectual. Es un libro de impacto. De piel. De carne. De memoria. Su mayor virtud está en la voz: reconocible, directa, sin maquillaje. Cuando acierta —y acierta con frecuencia— lo hace porque no intenta parecer poeta: escribe como quien necesita decirlo para no estallar.
Lector, en este poemario vas a encontrar rabia, erotismo, ironía, humor negro y una progresiva reconstrucción del yo. Encontrarás también contradicción, miedo y recaída. Pero sobre todo: honestidad. Y la honestidad, en literatura, no siempre es cómoda. Pero sí necesaria.
Hay versos que piden silencio.
Estos piden roce.
Y el roce, como sabemos, deja marca.
Francisco Javier Illán Vivas




