Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

martes, 7 de julio de 2026

Hermes y el gordolobo, de M.D. Álvarez

 


Otro origen de una de las plantas más increíbles que he visto en mi vida es el gordolobo o verbascum thapsus. Sus orígenes se pierden en los albores de la primera civilización, cuando los dioses poblaban este planeta y se servían de sus dones para protegerse. 

El gordolobo fue creado por Hermes a petición de su divino padre, Zeus, que temía los encantamientos de su regia esposa, la cual se servía de sortilegios para castigar a su mujeriego esposo por sus devaneos amorosos. 

Según cuentan las leyendas, Hermes entregó esta planta al divino Odiseo para protegerlo de los encantamientos de la hechicera Circe.

Se dice que Odiseo guardó el gordolobo como un tesoro sagrado, pues sabía que en sus hojas dormía la astucia divina capaz de doblegar cualquier hechizo antiguo. El hecho de que se encuentre en cualquier camino se debe a que las semillas fueron esparcidas por los caminos, ya que la bolsa donde tan magno héroe transportaba este tesoro tenía un pequeño agujero.  

M. D. Álvarez

viernes, 3 de julio de 2026

Muertes inocentes, de Guillermina Sánchez Oró (Reseña nº 1157)

 


Guillermina Sánchez Oró
Muertes inocentes
Dokusou Ediciones, octubre de 2025

 Normalmente escribimos sobre aquello que vivimos, pero hay veces en que los libros son algo más, son algo personal, que forma parte no ya de lo que vivimos, sino de lo que hemos vivido.

Y estamos ante uno de esos libros. Quienes tenemos la suerte de conocer a Guillermina, y no solo de conocerla, sino de gozar de su amistad, hemos oído más de una vez una historia relacionada con su familia, no ya la que nos narró en su anterior novela, Voces rotas, que también, sino sobre aspectos de su vida mucho más cercanos.

En la presente obra nos narra la historia de una persona violenta, psicópatica, a la que llama Ginés, pero también de las personas que sufrieron sus acciones. Destacan dos de ellos: África, con quien tuvo una relación; y Ramón, el amigo de la infancia.

Ginés, un superviviente por encima del bien y del mal, sobre todo del mal, no duda en cometer asesinatos, traiciones a quienes confían en él, y vivir en una continua huida de la justicia, a la que le es difícil adelantarse a sus acciones violentas.

Conoceremos también a otras personas que, mientras leía la novela, iba recordando las palabras de la autora, cuando nos contaba diferentes momentos de la vida de un familiar muy cercano que tuvo la mala suerte de cruzarse en el camino del tal Ginés. Sí, esta novela me ha parecido muy personal de Guillermina, muy profunda y que seguro ella necesitaba sacarla a la luz para, probablemente, descargar parte de la carga con la que ha vivido casi toda su vida.

Hay otro personaje fundamental en la trama, Miguel Buscapruebas, un detective que jugará un papel importantísimo en la captura de Ginés y, más aún, en el apoyo psicológico y personal a las víctimas de sus crímenes. 

Ha creado la autora un detective que probablemente lo leamos más veces en el futuro, una vez cerrada la historia de Ginés, un hombre capaz de todo por sobrevivir.

Francisco Javier Illán Vivas 

 

jueves, 2 de julio de 2026

Libros reseñados en junio de 2026


 

Durante el mes de junio se comentaron cuatro libros, todos con un importante seguimiento: 10 años de guerra, de Pedro González Núñez; Crimen en el Paraíso salado, de Francisco Javier Illán Vivas; Poesía completa, de Francisco Javier Illán Vivas; y Los días largos, de Teresa Galeote Dalama.

martes, 30 de junio de 2026

La gracia de los besitos porteños, de M.D. Álvarez


 

Aquella diminuta plantita de pequeñas, delicadas y hermosas flores, con apariencia de diminutas bocas de dragón de un delicado color lila, trataba de sobrevivir en un entorno casi hostil. 

Fue observada por el señor de los campos, quien, viendo lo mucho que se esforzaba por sobresalir, la colocó en un hermoso muro, en un huequito a la sombra y con la suficiente humedad para que creciera con toda libertad. 

La hermosa plantita, en agradecimiento, ofrece hermosas y diminutas florecillas desde finales de invierno hasta otoño, dando alegría al señor de los campos por haberla colocado en un lugar prominente.


Oh, perdón si no os he dicho de qué plantita se trata. Es la cymbalaria muralis, también conocida por el nombre de besitos porteños, palomilla de muro, etc.

M. D. Álvarez

viernes, 26 de junio de 2026

Los días largos, de Teresa Galeote Dalama (Reseña nº 1156)

 


 

Teresa Galeote Dalama
Los días largos
M.A:R. Editor, 2026

Tuve la suerte de coincidir con Teresa en Alcalá de Henares, ciudad donde reside, y de que me dedicara la novela que comento esta semana. Ella lleva tiempo reivindicando un tiempo pasado que destrozó la sociedad española por el odio que descendió desde las altas esferas hasta el pueblo llano, llevándolo a la Guerra Civil, en mayúsculas.

La historia siempre la han escrito los vencedores, aunque parece, a mi entender, que nadie ha contado como se llegó a ese momento.

En esta novela, que fue ganadora del premio Carta Puebla de Novela en su VII edición, Teresa nos presenta a Marina y Jaime, dispuestos a dejar atrás los interminables días de la Guerra Civil y de los que siguieron, que si no tuvieron guerra, sí represalias, muertes, hambre y calamidades.

¿Es posible conseguirlo? Difícil olvidar un campo de concentración. No sé si en la historia de las barbaridades humanas cometidas por ideologías de todo tipo, los que sufrieron -y sobrevivieron- un campo de concentración (no digamos ya de exterminio, como fueron los del partido nazionalsocialista) pudieron olvidarlo.

Jaime y Marina no pueden y esta novela, repleta de dolor y de amor de ambos hacia Ángela, una niña que encuentra en ellos a la madre perdida, nos invita a leerla despacio y a reflexionar sobre aquellos tiempos... y los actuales.

Yo no los viví, pero los actuales, los actuales empiezan a parecerse demasiado a aquellos años precedentes, donde desde la clase política se inculcó el odio de unos contra otros.

He disfrutado con la lectura de Los días largos, apropiado título de Teresa Galeote para una novela donde lo importante era llegar vivo al final del día.

Francisco Javier Illán Vivas