Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

viernes, 26 de junio de 2026

Los días largos, de Teresa Galeote Dalama (Reseña nº 1156)

 


 

Teresa Galeote Dalama
Los días largos
M.A:R. Editor, 2026

Tuve la suerte de coincidir con Teresa en Alcalá de Henares, ciudad donde reside, y de que me dedicara la novela que comento esta semana. Ella lleva tiempo reivindicando un tiempo pasado que destrozó la sociedad española por el odio que descendió desde las altas esferas hasta el pueblo llano, llevándolo a la Guerra Civil, en mayúsculas.

La historia siempre la han escrito los vencedores, aunque parece, a mi entender, que nadie ha contado como se llegó a ese momento.

En esta novela, que fue ganadora del premio Carta Puebla de Novela en su VII edición, Teresa nos presenta a Marina y Jaime, dispuestos a dejar atrás los interminables días de la Guerra Civil y de los que siguieron, que si no tuvieron guerra, sí represalias, muertes, hambre y calamidades.

¿Es posible conseguirlo? Difícil olvidar un campo de concentración. No sé si en la historia de las barbaridades humanas cometidas por ideologías de todo tipo, los que sufrieron -y sobrevivieron- un campo de concentración (no digamos ya de exterminio, como fueron los del partido nazionalsocialista) pudieron olvidarlo.

Jaime y Marina no pueden y esta novela, repleta de dolor y de amor de ambos hacia Ángela, una niña que encuentra en ellos a la madre perdida, nos invita a leerla despacio y a reflexionar sobre aquellos tiempos... y los actuales.

Yo no los viví, pero los actuales, los actuales empiezan a parecerse demasiado a aquellos años precedentes, donde desde la clase política se inculcó el odio de unos contra otros.

He disfrutado con la lectura de Los días largos, apropiado título de Teresa Galeote para una novela donde lo importante era llegar vivo al final del día.

Francisco Javier Illán Vivas 

jueves, 25 de junio de 2026

Dos poemas de Beatriz Martín Navarro

 


PÁJAROS DE LOCOS.

En la prisión de mi pájaro,
en una habitación rosa enredaderas verdes de silencio
y rojos amaneceres…
Los dos locos de amor en las prisiones hechas sombras
en el pedestal de tu roto mirar,
y mi montera la dureza de un nuevo despertar…
He gozado
un aire duende de mi alma
en terrenos que pantanosos parecieran…
He abierto los dos ojos,
al amanecer y mis pestañas negras bailan
de pie…
anochece en el cuarto y yo no duermo sin ti...
cae la noche,
cae la gota agria de la mañana,
roza mi felicidad
y grita sola el resplandor de mi alma...
He soñado tiempo y costa de sentimientos...
He perdido el ámbar de tu voz
sola y el río no derrama más gotas de sueños
no baila el son de mi amistad...
He despertado sola,
y esta noche no volará el alma
el pájaro negro y solícito
que trina gritos olvidados
y finos llenos de soledad.
.
Pájaro fiel y inocuo…
 
 
VIVENCIAS DE LUNA
.
He extraviado mi rumbo,
mi vida, y mi fortuna…
He conjurado un conjuro ciego y verso,
como pueblan las gotas de mis lagrimales en flor
el sentimiento lunar que aparece cuando suena mi canción,
y estremece el ahora el sentido de tenerte,
de no anochecerse vestida…
He partido hacia delante de mis condiciones,
mi figura física, mi grácil presencia,
mi pasión y mi ruina… Floripondios de emoción
y de emociones bien fuertes;
estar colgada en el puente de Londres, avisar a un posible
príncipe azul
que me despierta de aquel sueño
en el que no despertaré sin pasadas las doce de la noche
del sentimiento dormido…
Puede que se me active la emoción,
que se pierdan los lirios,
que no sueñen los pobres y si los ricos;
que la fortuna desigual de emociones de sentimentalidad...
Es roja la fortuna
que se da
en noches como esta…
en la luna sin igual, gigante de tu presencia…
Sueños con libros
en árboles que me miran como hojas sueltas de un sauce llorón
en el ahora…
 

martes, 23 de junio de 2026

Lengua de vaca, de M.D. Álvarez


 

La borraja, conocida también por el popular nombre de lengua de vaca, es una planta de orígenes mitológicos.

Según los antiguos sabios, la creó el sacudidor de la tierra, el gran Poseidón, para calmar el dolor de una de sus muchas conquistas, más exactamente el de Pasífae, hija del sol, que ni por un momento se percató de las arteras razones del magnánimo dios de los océanos.

Este le dio a comer un manojo de aquella hierba singular cuando, con la apariencia de un majestuoso toro blanco, la hizo suya.

Al cabo de nueve días, Pasífae dio a luz a un precioso bebé con cabeza de toro que fue encerrado por el rey Minos en el laberinto que ideó Dédalo, ocultando así el fruto de la infidelidad de su esposa con el dios que sostiene la tierra.

M. D. Álvarez

viernes, 19 de junio de 2026

Poesía completa, de Francisco Javier Illán Vivas (Reseña nº 1155)


 

Francisco Javier Illán Vivas
Poesía completa
Ediciones Irreverentes, 

ANTE EL SILENCIO NOS QUEDA LA PALABRA

La vida es una paradoja, el contraste inseguro de deshojar una margarita, mirar el cielo a través de los ojos que nos miran, conquistar la palabra como si izáramos una bandera, clavar la estaca en la cumbre y dejar que las alas nos rocen las mejillas.

Francisco Javier Illán Vivas se nos muestra enamorado, desde la tristeza y desde la sonrisa. Busca con desesperación el cuerpo amado y quiere traspasarlo sin medida. Ha descubierto que el alma es la piel que no se ve y el ombligo es el pozo de los deseos incesantes. Coloca la nariz en el asfalto y un aroma de miel lo envuelve todo, lo lleva al campo, a pesar de la niebla. La niebla es un espejo con el que tropezamos y, a veces, nos sabe a beso y, en otras ocasiones, a ausencia.

Déjame que te escriba entonces, nos susurra con un lenguaje vegetal. Desfila en su entramado poético los jardines y los bosques, como si quisiera domesticar las emociones por un lado y de otro, dar rienda suelta a la rebeldía. El verso, en el fondo, es una soga al cuello de la soledad.

Su poesía nos desconcierta: le enseña la patita a la esperanza y cae de bruces en el abismo. Salta o se desploma. Sus hilos no están hechos de letras, sino de pasiones que procura atemperar entre los barrotes del poema. Es humana, sencilla, caracolea con el sol, se tumba pesadamente en el sofá y grita. Es insensata como quien acude al frío para que le caliente los pies y concibe el fuego como sombrío, ceniza de lo que pudo ser, si no se quema las manos con la piel ajena. Es tierna y despiadada. Joven y anciana. Contradictoria. Porque no es más que el reflejo de lo que vive, una apuesta decidida por no guardarse nada en los bolsillos, un desnudo integral, cae la tela suave de una falda, el ronroneo de unas medias al desprenderse de las piernas, el suspiro despierto de unos labios y toda esa parafernalia huele a amor, se escucha como un insignificante latido apenas perceptible, como esa gota sabia que deja al descubierto la grieta.

Francisco Javier Illán Vivas deja que nos asomemos por ese hueco donde quedan los restos de un naufragio: las ruinas de la infancia entre hierbas silvestres, las paredes desconchadas del recuerdo, los senos de una rubia de cabellos de nata ocultos bajo la bruma, el huerto entregado al abandono, el arriate descuidado por el tiempo y el papel amarillo de las fotografías antiguas que se deshace con la memoria.

La poesía del escritor murciano se caracteriza por la capacidad de evocación con la que nos devuelve a un pasado salpicado de nostalgias, por una sobriedad ajena al adorno porque piensa que los excesos nos desvían de la sustancia, por un ritmo pausado con el que pretende, sin conseguirlo, detener al tiempo. Compone una poesía de raíz donde los elementos cotidianos adquieren protagonismo y la lluvia, el viento que se cuela a través de las ventanas, la tierra y la naturaleza nos desnudan ante el mundo por medio de la verdad.

Vive en su verso la búsqueda irreparable de la propia identidad, la censura hacia una política que deja en paños menores al ser humano (le arranca todos los ropajes de la dignidad), ataca sin reparo una sociedad pasiva ante las injusticias y alaba el papel primordial de la mujer.

A lo largo de las estaciones, cuando el mar ya no lo tenemos a la espalda, sino que nos mira cara a cara, aún encontramos arrestos con la palabra para cargar el peso de la memoria, llevar con honradez un amor maduro, adaptarnos a las ausencias aceptando el cambio inevitable que nos impone la existencia. La noche con sus dos abismos: el tierno que nos lleva a enredarnos entre las sábanas; el duro, que nos deja a solas ante el silencio.

 

Alejandro Pérez Guillén

jueves, 18 de junio de 2026

Tiempo sesgado, de Harmonie Botella




Tiempo sesgado
·
EL tiempo sesgado y enmudecido
se diluye en el espacio desmemoriado
dónde fallecen los mares, los montes y la tierra,
dejando paso al vacío, a la nada del penoso día.
No brotan ya los claveles de mis labios entumecidos,
labios fustigados y adormecidos.
Las lágrimas silenciosas y enjutas surcan las páginas,
las páginas blanquecinas de mis desquiciadas gacetas.
Mi realidad se viste de luto y de asco
mientras mi alma recorre el arroyo
que se pierde en las sombrías mazmorras
del alba ultrajada y de sus lágrimas lánguidas.
La tierra henchida y borracha de dolor incomprendido
Se tambalea bajo mi paso inseguro y gemebundo.
Tierra que se camufla detrás del egoísmo y miente.
Su balanceo nauseabundo me turba y vela mi mente.
La luna desquiciada y las sombras muertas de la confusión
caen el abismo vacío y mudo de la incomprensión.
Lobreguez humillada hasta lo más hondo de mis entrañas,
Avanzo en un camino sin retorno repleto de patrañas.
La memoria enlutada y los soles angustiados
Cabalgan inertes sobre nuestros rajados cuerpos.