El arce rojo no siempre fue rojo; en un principio, era
de color verde esmeralda. Según cuentan antiguas leyendas, un dios lo
tiñó de rojo con su sangre vertida por amor a una joven doncella. Su
amor no era posible, ya que era mal visto por los pueblerinos y los
otros dioses, pero aquello no los amilanó; es más, les dio fuerzas para
continuar su idilio.
Hasta
que un día, bajo aquel simple arce, la encontró muerta. Su dolor fue
tan grande y aterrador que los demás dioses se apartaron de él. Sin
embargo, él no buscaba venganza, solo homenajear su amor. Así que vertió
su divina sangre sobre aquel arce común, que se tiñó de un rojo
prístino y lo que antes fue verde esmeralda se transformó en rojo sangre
por el amor perdido.
M. D. Álvarez

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