Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

domingo, 31 de marzo de 2013

¿Es ético obedecer las leyes de delincuentes?

Carmelo Anaya
Ordo dei (perdedores anónimos)
M.A.R. Editor, diciembre de 2012

La novela del abogado almeriense Carmelo Anaya tiene como protagonista a un inspector de policía, apellidado Marcano, pero también a Matías Aimar, el del comedor social, y a Dani, y a César, y a todos los habituales de ese comedor, porque ellos son los marginados, los expulsados del sistema donde se salva a los bancos y se deja morir de hambre a las personas.

¿Y la Voz? Esa voz que insistentemente habla a otro oscuro protagonista de esta novela, es una inesperada actriz secundaria de una obra que fue merecedora del II premio de novela negra Wilkie Collins.

El autor, que estuvo en Murcia el pasado marzo presentando su obra, en un evento organizado por nuestra revista, Acantilados de papel, nos contó que "en el momento actual los verdaderos delincuentes gozan de casi total impunidad... las peores mafias son los partidos políticos. Su corrupción, su impunidad que vemos a diario, nos ha conducido al momento actual. Sus cómplices, un poder judicial sometido al poder político".

Y mucho de esto hay en la novela que nos ocupa, cuando Marcado, un policía honesto y convencido de que todo cuanto le rodea es perfecto, recibe un golpe desde la propia realidad, y ello con dos insignificantes casos que le encarga el déspota del comisario, destrozando en mil pedazos irreconciliables su mundo de perfección.

Junto a él, otro hombre bueno que ha perdido la fe, en todos los sentidos, y se debate, con la citada Voz como compañera, entre hacer el bien o hacer el mal, pero ya lo vimos en la famosa saga de las galaxias, el lado tenebroso es más fuerte y adictivo que el lado luminoso.

Encargado de descubrir a los autores de tan insignificantes casos: la grabación de un par de vídeos subidos a youtube y el ataque a una oficina de inmigración, en el caso de que esos dos aislados acontecimientos fueran el origen de todo lo demás, pondrá a Marcano ante la tesitura de si es legítimo hacerlo. Puede ser legal, ¿pero es legítimo?

El lector tiene la última palabra.

Francisco Javier Illán Vivas