que eras tú
esa persona que siempre había buscado,
durante más tiempo del que quiero recordar.
Ha merecido la pena.
He visto en ti el día y la noche,
el Sol y la Luna, los reflejos
de quien he deseado ser
y que ahora soy con el complemento
que me regalas.
Supe quien eras
cuando miré tus lindos ojos verdes
y hallé la piedra filosofal
en un cuerpo perfecto.
Has decorado, desde entonces,
mi vida, mi corazón, mi devenir diario.
Supe que ibas a ser mi todo
en cuanto te dirigiste a mí y me hablaste.
¡Cómo me hablaste!
Y, claro, ¡lo supe!

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