Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

sábado, 15 de febrero de 2014

Días lúgubres, de Juan Sayagués (Reseña nº 610)

Juan Sayagués
Días lúgubres
Alhulia, febrero de 2013

Un desconocido remitente del correo electrónico nos pidió, hace un par de meses, que reseñásemos su novela Días lúgubres, y nos hacía llegar un par de críticas que se habían publicado en la red sobre la misma. Supongo que la respuesta de la redacción fue la típica: nosotros reseñamos aquí, en Acantilados de papel, y en Leelibros.com, prácticamente todos los libros que nos llegan. Además, los leemos y, después, si es el caso, escribimos la crítica literaria.

Fechas más tarde recibimos un ejemplar físico, en papel -me encantan los libros en papel- y me sorprendió que aquello que pensaba era una novela, se trataba en realidad de una obra de teatro... Pero ahí volvían las rarezas de estos Días lúgubres. No era una obra de teatro, sino una novela dialogada que juega con el teatro para desarrollarla. Interesante. Supongo que, como muchos lectores antes que yo, le vino a la memoria La Celestina, y eso comenzaban a ser palabras mayores.

Una novela irónica, picaresca y que me fue pareciendo, conforme avanzaba por sus páginas y sus esperpénticos diálogos, muy de actualidad, muy crítica, y que perfectamente podríamos situar en el año 2014 de nuestra era y en cualquiera de los gobiernos que soportamos.

Porque el mayor mérito de Don Pollón, es tener el miembro viril enorme. De hecho, toda la trama gira alrededor de ese desproporcionado tamaño y gracias a ello se procederá el paso desde la Falocracia a la Pornocracia, que no me diréis no son adjetivos con los que perfectamente puede clasificarse cualquier gobierno autonómico, nacional o europeo de estos primeros años de siglo XXI.

Alrededor de tamaño pene giran un Dalai Lama incalificable que se encomienda más de una vez a la Virgen Santísima, Altramuz, el lacayo de Don Pollón, siempre reclamando que su señor se acorte el miembro viril; una roca pisapapeles, John Saladys, don Pedro, los andrólogos, los esclavos Verrugón y Malauva... en fin, los típicos elementos de la oposición parlamentaria y los acólitos del gobernante de turno.

Sí, he visto esa crítica actual, muchas veces feroz, de lo que estamos viviendo, en clave de ironía, picaresca, festiva si queréis, de la Marca España (no necesariamente, tampoco, no podía ser de otra forma), en un mundo donde sólo se habla español, aunque con algunas variaciones según en lugar del mundo donde nos encontremos...

Inteligentes y puntuales son también las citas, o referencias, a momentos históricos, pasados y actuales, como si todo ocurriese al mismo tiempo en esa Falocracia / Pornocracia hacia la que marchamos sin solución de continuidad.

Francisco Javier Illán Vivas