Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo
lunes, 21 de abril de 2014
domingo, 20 de abril de 2014
El arte, las palabras y las horas, de Pascual García (Reseña nº 636)
El arte, las palabras y las horas
editum, 2014
Ponerse delante de un libro escrito por Pascual García es un placer que suelo afrontar con otras cosas que me agraden a mi alrededor y, sobre todo, sin prisa, en mi lugar preferido de la casa, en el sillón que me acompaña en las grandes ocasiones y supongo que, si fuese uno de los personajes de mis cuentos, me rodearía de una copa de coñac mientras mi sinfonía preferida sonara de fondo.
Algo así he estado haciendo durante unas fechas, permitiéndome bajarme del mundo y leyendo, disfrutando, de la literatura de Pascual García para quien, como nos dice, "el arte, las palabras y las horas han sido, en infinidad de momentos, una misma cosa" para él.
El arte, las palabras y las horas, editado por la Universidad de Murcia, reúne "algunos textos de origen heterogéneo" que, posiblemente, y así lo apunta el autor, hubiesen podido perderse y que ahora quedan aquí, unidos, para placer de sus lectores.
Con él nos acercaremos a Pedro Serna, a Pedro Cano, a Francisco Cánovas, a los cuadros de Gaya o de Miguel Navarro; frecuentaremos sus lecturas, sus impresiones sobre autores consagrados de la literatura regional murciana, Pedro García Montalvo y Eloy Sánchez Rosillo, pero no sólo ellos, y cuando escribo esto, recién perdido García Márquez, el placer de la página 133 y ss, Cien años de soledad...
Así, avanzando hacia el final del libro, nos encontraremos con el autor, en la parte Las horas, donde él se nos muestra más cercano. Por eso digo que nos encontraremos con el autor, antes ya hemos viajado con él por el arte y las palabras, pero ahora se nos abre más, si es posible, en lo que puede parecer casi una conversación personal hacia nosotros, el lector.
He cerrado el libro. Y tengo que añadir: gracias, Pascual. No dejes de hacerlo nunca.
Francisco Javier Illán Vivas
sábado, 19 de abril de 2014
Espíritus elementales, de Heinrich Heine (Reseña nº 635)
Espíritus
elementales
Ediciones
Irreverentes, 2013
Estudio
y traducción de José Antonio Molina Gómez
Heinrich
Heine (Düsseldorf, 1797 - París, 1856) es quizá el último romántico alemán. Y
también el continuador de un sinnúmero de tradiciones y leyendas que confluyen
en este breve volumen cuyo sugestivo título no es otro que Espíritus elementales.
Lo
publicó en 1837 para el público francés y, ahora, Ediciones Irreverentes, lo
rescata en la traducción del profesor universitario de Historia Antigua José Antonio
Molina, quien también ha vertido al español textos de Schopenhauer o Malaczewski,
entre otros.
En
Espíritus elementales se recoge en un
estilo ameno y desenfadado, sin ningún afán de exhaustividad pero no por ello
sin rigurosidad y una gran intuición y mayor erudición, un conjunto de
leyendas, cantos, historias antiguas y mitos provenientes del acervo cultural
de Centroeuropa.
Se
advierte una necesidad de preservar la cultura y de continuar a quienes
considera unos ‘clarividentes sabios’:
los hermanos Grimm.
En
estas páginas desfilan elfos, enanos, ondinas, valquirias y muchas más
criaturas de la naturaleza, de ese páramo casi secreto y vetado por el tiempo y
la ceguera del hombre pragmático. Se aproxima a estos seres con una mirada casi
científica y da cuenta de antiguas leyendas que aún perviven en nuestro imaginario
colectivo. Pero, a diferencia del antropólogo o el etnógrafo, nos comenta el
profesor Molina en el prólogo, Heine se acerca a estas leyendas y las examina
con poesía, con delicadeza y con la certeza de que su espíritu sigue habitando
nuestra realidad.
Niega
que estos fabulosos seres sean demonios. Muy al contrario, paradójicamente en algunas páginas de este
libro se pone de manifiesto la maldad y barbarie del ser humano y no podemos
dejar de evocar aquella frase suya tan célebre en la que nos advertía de que
allá donde se queman libros, se acaban quemando a las personas. También se
citan a reyes míticos (Arturo o Sigmund, por ejemplo), y a inolvidables personajes de obras de Goethe,
Spencer o Shakespeare.
Curiosa
es la mención de los espíritus pertenecientes a hermosas jóvenes que
fallecieron antes de consumar su matrimonio (las nixas). No podemos evitar
pensar en La novia cadáver de Tim
Burton, y cómo este genial cineasta supo apropiarse e incorporar a su
imaginario las más arcanas leyendas universales.
También
encontrará el curioso lector en este fascinante libro un recorrido por la
figura del Demonio, al que considera ‘un
espíritu de fuego’; las formas que ha mostrado a lo largo de la Historia y
alguna insólita leyenda más que no comentaremos aquí y que hacen de este
apetitoso libro un manjar para todos aquellos lectores que quieran acercarse a
las tradiciones centroeuropeas desde una perspectiva romántica pero moderna, del
gran escritor decimonónico que supo cautivar a toda una generación y que merece
no ser relegado al ostracismo y a la insensibilidad de nuestros días.
Pedro Pujante
viernes, 18 de abril de 2014
En busca del tiempo perdido. 2 A la sombra de las muchachas en flor, de Marcel Proust (Reseña nº 634)
Marcel Proust
En busca del tiempo perdido 2. A la sombra de las muchachas en flor
Alianza Editorial, 1981
Hace breves fechas manteníamos una amena charla alrededor de los libros que habíamos leído, y que nos influyeron tanto que cambiaron nuestra vida. Y varios de los contertulios juraron que En busca del tiempo perdido era uno de esos títulos. Muy interesado por la experiencia de otros lectores impenitentes, y reciente como tengo la lectura del primer volumen, Por el camino de Swann, y del actual, terminado de leer hace apenas cinco días, les pregunté sobre tales novelas.
Descubrí que, excepto una lectora, los demás no recordaban nada de nada. Tanto había influido la obra de Marcel Proust en sus vidas que no se acordaban de nada. Temo, y espero que me disculpen, que no hayan leído nada más que unas páginas de este monumental relato de la vida del autor y de los personajes y ambientes sociales del tiempo que le tocó vivir.
En una reseña como la que nos propone cada semana Acantilados de papel no vamos a hacer una crítica literaria de una obra de la magnitud de En busca del tiempo perdido, pues sería una pérdida de tiempo querer criticar algo que ha superado eso, el tiempo, y es considerado una magna obra.
Me propuse leer la obra completa, y en ello estoy, es mi lectura de mesilla de noche, desde hace ya más de un año, y, uno tras otro, voy disfrutando de algo que, en su momento, cambió el género novelístico.
Como escribe Marcel Proust en el libro que nos ocupa: "los productores de obras geniales no son aquellos seres que viven en el más delicado ambiente y que tienen la más lúcida de las conversaciones y la más extensa de las culturas, sino aquellos capaces de cesar bruscamente de vivir para sí mismos y convertir su personalidad en algo semejante a un espejo, de tal suerte que su vida, por mediocre que sea en su aspecto mundano, y hasta cierto punto en el intelectual, vaya a reflejarse allí: porque el genio consisten en la potencia de reflexión y no en la calidad intrínseca del espectáculo reflejado". Algo que, quien ha leído la novela, sabe que el narrador no se aplica, pues en su intento de ser escritor se adentra en los placeres mundanos, perdiéndose en ellos y no siendo capaz de encontrar el momento para dejarlo todo y dedicarse a escribir.
Paso a paso voy encontrando el tiempo perdido.
Francisco Javier Illán Vivas
jueves, 17 de abril de 2014
Las banderas de Macondo a media asta
Sí, coronel Aureliano Buencía, Gabo se reunirá con usted en breve.
Permita un breve momento, pero ya puede ordenar que la bandera ondee a media asta.
Permita un breve momento, pero ya puede ordenar que la bandera ondee a media asta.
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