Un
posible origen del diente de león es que, hacia los albores de la
civilización, los dioses disfrutaban de privilegios sobre la raza
humana.
Sin embargo, al
ver que sus hijas eran mancilladas día sí, día también, pusieron trampas
para impedir que estos llegaran hasta ellas.
Pero el rey de los dioses, un hábil Don Juan, se las arreglaba para burlar la vigilancia, utilizando todo tipo de artimañas.
Una
de las más elaboradas fue cuando se transformó en una humilde planta de
cuyas semillas se valió, pues eran tan gráciles y delicadas que se
dispersaban por doquier, cayendo sobre dóciles doncellas que, incautas,
eran fecundadas por Zeus.
M. D. Álvarez

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