«Una novela no termina cuando el escritor pone el punto final»
Cuarta y última entrega de la larga charla que hemos mantenido con Francisco Javier Illán Vivas alrededor de Crimen en el paraíso salado, segunda novela protagonizada por el inspector Isco Vivas, después de Versos envenenados. En esta ocasión hablamos con el autor sobre documentación, construcción de personajes, investigación policial, corrección editorial y sobre lo que significa volver a enfrentarse a un personaje después de haber publicado su primera aventura.
Una entrevista dirigida más al escritor que al lector.
1. Después de Versos envenenados, ¿qué ha cambiado en su manera de escribir a Isco Vivas?
Ha cambiado el conocimiento que tengo del personaje. Cuando escribí Versos envenenados, estaba descubriendo quién era Isco. Ahora sé mejor cómo piensa, cómo habla y, sobre todo, qué cosas puede hacer y cuáles no.
Pero también he aprendido que un personaje no debe quedar encerrado en una ficha. Tiene que evolucionar. Si después de una novela Isco siguiera siendo exactamente el mismo, en algo habría fallado.
2. ¿Cuándo comienza realmente el trabajo de una novela de estas características?
Mucho antes de escribir la primera línea. Empieza con preguntas. ¿Dónde ocurrirá? ¿Quién será la víctima? ¿Por qué? ¿Quién puede tener un motivo? Y, sobre todo, qué quiero contar además del crimen.
Después viene una etapa bastante menos literaria: documentación, notas, comprobaciones y más comprobaciones.
Fíjate si bastante antes, que he tardado ocho años en terminarla y ya en Versos envenenados dejé anunciado en el epílogo hacia dónde iba la trama.
3. ¿Cómo documenta una investigación policial?
Intento partir de fuentes fiables y, cuando es posible, contrastar la información. También aprovecho conocimientos adquiridos durante años de lectura y conversaciones, pero procuro no escribir aquello que no puedo sostener.
En una novela negra hay una tentación peligrosa: inventar una explicación porque suena bien. Yo intento resistirme a ella.
Mi formación como criminólogo y criminalista me han sido muy útiles.
4. ¿Eso significa que toda la investigación de la novela es técnicamente real?
No. Es ficción. Y sería absurdo pretender que una novela es un manual policial. Pero sí intento que el lector no encuentre continuamente situaciones que le hagan pensar: «Esto no puede suceder así».
La verosimilitud es más importante que la exactitud absoluta.
5. ¿Qué documentación requiere más trabajo?
La relacionada con los procedimientos, los lugares y las sustancias o métodos que aparecen en la trama. También la geografía.
Si Isco tiene que recorrer una determinada calle, necesito saber que esa calle existe, que el recorrido tiene sentido y que los establecimientos, fachadas y elementos que cite, existen.
6. En Crimen en el paraíso salado el escenario tiene una importancia especial.
Sí. San Pedro del Pinatar y las Salinas y Arenales forman parte de la novela desde su concepción. No quería colocar allí la historia simplemente porque el paisaje fuese bonito. Quería aprovechar sus características para la propia narración.
7. ¿Visitar los lugares antes de escribir es importante?
Muchísimo. Una fotografía proporciona información, pero estar físicamente allí aporta otras cosas: distancias, sonidos, olores, luz, sensación de espacio.
Hay detalles que jamás habría escrito si no hubiese estado en esos lugares.
8. ¿Cuánto de lo que investiga termina apareciendo en la novela?
Muchísimo menos de lo que uno podría imaginar. La documentación es como el iceberg. El lector ve una parte pequeña.
Si he investigado durante horas para escribir correctamente dos líneas, esas dos líneas son las que deben aparecer. No necesito demostrarle al lector todo lo que he trabajado.
9. ¿Cómo construye a los personajes secundarios?
Intento que tengan una función narrativa, pero también una vida propia. No me interesa que existan únicamente para proporcionar una pista a Isco.
Eso he hecho con Carmen y Marta, con el inspector Puche... y espero que ocurra con otros personajes que han aparecido por primera vez en esta segunda entrega.
Incluso un personaje que aparece unas pocas páginas debe parecer capaz de seguir viviendo cuando el protagonista abandona la escena.
10. ¿Y cómo decide quién es el asesino?
Procuro saberlo antes de llegar al final. De otro modo sería muy difícil construir las pistas de manera honesta.
Una vez sé quién lo hizo, tengo que conseguir que el lector pueda mirar hacia atrás y pensar: «Estaba ahí y no lo vi».
11. ¿Es difícil ocultar información al lector sin hacer trampas?
Es uno de los mayores problemas de la novela policial. No quiero engañar al lector ocultándole deliberadamente un dato imprescindible.
Prefiero distraer su atención con otros elementos. La diferencia parece pequeña, pero para mí es fundamental.
12. En esta novela Isco también se equivoca.
Y debe hacerlo. Un investigador que nunca se equivoca resulta poco humano y, además, puede terminar siendo aburrido.
Los errores de Isco tienen consecuencias y forman parte de su evolución como personaje.
13. Cambiemos de tercio. ¿Qué importancia tiene la corrección editorial?
Toda. Y aquí tuve una experiencia especialmente intensa.
Cuando una editorial entra de verdad en un manuscrito, aparecen cosas que el autor ya no ve. Repeticiones, frases innecesarias, problemas de ritmo, pequeñas incoherencias...
Y algunas correcciones me han dolido.
14. ¿Acepta fácilmente que le cambien un texto que ha escrito?
No siempre. Sería mentira decir lo contrario.
Hay correcciones que acepto inmediatamente porque comprendo que mejoran el texto. Y hay otras que necesito discutir. El autor también debe defender sus decisiones cuando tiene razones para hacerlo.
15. ¿Qué ha aprendido de ese proceso de corrección?
Que escribir y corregir son trabajos diferentes. Cuando escribes estás construyendo. Cuando corriges tienes que ser capaz de desmontar lo que has construido.
Y quizá la lección más importante: una frase que te encanta puede ser una frase que sobra.
16. ¿Ha cambiado mucho Crimen en el paraíso salado durante la corrección?
Algo. Y probablemente hubiese cambiado todavía algo más si, como te he dicho, no hubiese mantenido mi criterio. Una novela publicada no es exactamente la novela que el escritor tenía en la cabeza cuando comenzó a escribirla.
La corrección editorial forma parte de su nacimiento.
17. ¿Qué diferencia encuentra entre corregir uno mismo y que te corrija otra persona?
El autor conoce demasiado bien su propio texto. Completa mentalmente las frases, recuerda lo que quería decir y deja de ver determinadas repeticiones.
Un corrector, o un editor, no tiene esa información privilegiada. Lee lo que realmente está escrito.
18. ¿Qué relación tiene con el papel y la lectura en papel?
Para mí sigue siendo imprescindible. Después de trabajar mucho tiempo en pantalla, imprimir una novela y leerla como lector, no como escritor, cambia la perspectiva.
El papel tiene una capacidad extraordinaria para revelar errores que la pantalla consigue esconder.
19. ¿Qué ha aprendido escribiendo la segunda novela que no sabía cuando escribió Versos envenenados?
Que una saga exige memoria. No basta con recordar la trama anterior. Hay que recordar edades, relaciones, lugares, hábitos, fechas, decisiones y heridas.
La continuidad puede convertirse en un enemigo silencioso.
20. Después de dos novelas, ¿qué le queda por descubrir de Isco Vivas?
Probablemente bastante. Y eso es lo que hace que quiera seguir escribiéndolo.
Con Versos envenenados presenté al personaje. Con Crimen en el paraíso salado empecé a descubrir hasta dónde puede llegar.
Ahora toca averiguar qué consecuencias tendrán las decisiones que ha tomado.



No hay comentarios:
Publicar un comentario