Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

jueves, 27 de febrero de 2025

Resumen del recital de poesía en la Cafetería El Sur, Murcia








 

Organizado por la Asociación Murcia Romántica, participaron cuatro poetas asociados a la misma, Javier L. García Moreno, Guillermo Molina, Antonio Bernal y Francisco Javier Illán Vivas.

martes, 25 de febrero de 2025

El retorno de John Sanders, de M.D. Álvarez (3 de 8)

 


John, despierta, ¿me oyes? Despierta. La oía de fondo; me encontraba en la misma cabina, pero había menguado o yo había crecido. Me sentía pesado, pero abrí los ojos lentamente. La vi sonreír y abrir la cabina. Me cogí al borde de la cabina y me alcé. Me sentía repleto y lleno de vitalidad. Miré mi brazo, esperando no hallarlo, pero estaba ahí. No me percaté de que los demás miraban hacia arriba, incluso los dos gigantes que la franqueaban. Incluso Angus me miraba con asombro.

—¿Cuánto llevo dormido? —pregunté.

—Ocho días —respondió, preocupada. Al principio, el suero no surtía efecto; al cuarto día, el suero comenzó a modificar tu metabolismo y regenerar tu brazo.

—¿Puedes aproximarte? —preguntó ella, situada a una gran distancia.

Suavemente avanzó, controlando su cuerpo. En tan solo dos zancadas, estaba situada al lado de ella, que se hallaba subida en una plataforma de 6 metros.

—John, he de hacerte un par de pruebas motoras. Sígueme. 

La plataforma se desplazó silenciosamente hacia una gigantesca puerta. Las puertas se abrieron, dejando ver un gigantesco artefacto que le recordaba a una estación de entrenamiento de árbol, pero a tamaño descomunal. 

—¿Crees que puedes realizar un par de serie de 5+1? 

Me situé frente a aquella estación de entrenamiento y comencé a golpear con una serie de golpes cada vez más y más rápido. Cuando me di cuenta, había reducido a añicos la estación de entrenamiento.

Me giré y la vi; tenía cara de asombro. Mi fuerza era pasmosa; ahora debía comprobar si mi inteligencia había sido mermada o si había aumentado mi coeficiente intelectual.

Las alarmas saltaron; el techo se estaba derrumbando sobre ella. No me lo pensé dos veces: agarré a Angus y a ella y los puse a salvo. Después, con una velocidad de vértigo, me situé entre los pilares que sujetaban la bóveda y extendí los brazos, enderezando las dos columnas.

La oí decir: —Lo has hecho extraordinariamente bien, John. Has calculado el lugar más seguro y nos has dejado a salvo, y acto seguido has enderezado las columnas base que sujetan la bóveda y minimizado los daños. El suero no te ha mermado la inteligencia; es más, creo que sigues siendo el más inteligente de todos.

—¿Y por qué me parece que he sido tu cobaya? —pregunté, acercándome.

—No era mi intención; necesitamos a los mejores y tú eres el mejor.

—¿El mejor para qué? —dije, visiblemente enfadado.

—Hemos recibido un ultimátum de un ente extraterrestre. Enviamos todo lo que teníamos contra él y los borró de un plumazo.

Continuará...


M. D. Álvarez

domingo, 23 de febrero de 2025

Conferencia de Antonio Galera Gracia en la Fundación Cajamurcia

 


 




















 

Organizado por la Orden de los Caballeros custodios de Calatrava la Antigua, se celebró la conferencia de Antonio Galera Gracia titulada Las órdenes militares en los Reinos Ibéricos, que fue seguida de un concierto de música medieval al piano y castañuelas por María Victoria Casanova y María Dolores Moreno Meseguer.

El evento estuvo presentado por Juan Tomás Frutos, ante un auditorio prácticamente completo.

miércoles, 19 de febrero de 2025

El retorno de John Sanders (2 de 8), de M.D. Álvarez

 


Ya en la cabina de inmersión me lo seguía pensando pero ya no había vuelto a tras además ella me ataba a su pasado aquel pasado tumultuosa y tórrido la quería y no podía defraudarla la vía estaba puesta. 


La vi acercarse a la cabina con el rostro sombrío notarás una sensación de pesadez tranquilo es normal.

De pronto, me di cuenta de que me estaban durmiendo. Aún la oía hablarme: "Es mejor que estés dormido; el dolor sería atroz y ya has sufrido más que nadie".

Aún así, me seguía resistiendo, debatiéndome entre la consciencia y la inconsciencia, hasta que me sumí en un perturbador sueño profundo donde seguía oyéndola hablarme para mantenerme tranquilo. No supe cuánto tiempo estuve en aquel estado, pero de pronto algo cruzó mi mente: un estallido de dolor salvaje recorría todo mi cuerpo, incluso mi brazo izquierdo, que perdí en la última batalla. El dolor me atenazaba, retorciéndome de forma brutal. 

Entonces, la oí llamarme: "John, John, tranquilo, no luches".

No estaba en mi naturaleza dejarme vencer, pero dejé de resistirme; algo en su voz me calmó.

Ella fue la única que salió indemne del atentado. Sé que me buscó, pero yo había caído en un estado de negatividad. Tiempo atrás, quise quitarme de en medio, pero algo me retenía aquí; los lazos que me unían con ella eran mucho más fuertes que el diamante.

Por eso, cuando Angus me invitó al OCE, ni me lo pensé; sabía que el único sitio donde la encontraría sería ahí. 

La oía cantar "Spending My Time" de Roxette; era nuestra canción. Aquello me sumió en un placentero sueño.

Continuará...

M. D. Álvarez

El retorno de John Sanders (1 de 8), de M.D. Álvarez

 


En aquel edificio de seis plantas se encontraba la base secreta de la organización de combate exoespacial más conocida como OCE, a la que me habían invitado a visitar. La recepcionista, al verlo entrar, lo miró de hito en hito, preguntándose: "¿Y este de dónde se ha caído?".  

—El señor Angus Tyron me está esperando.  
La cara de ella cambió; ahora estaba pálida. Se dio cuenta de que debía ser alguien importante, pues tenía la tarjeta de presentación del director general.  

—Si espera aquí, por favor, voy a avisarle. Perdón, ¿a quién tengo que anunciar?  

—John Sanders —le dije con una sonrisa encantadora.  

—John, qué alegría que aceptaras la invitación —dijo aquel armario ropero que sonreía de oreja a oreja.  

—Hombre, Angus, tanto me has insistido que he tenido que pasar a visitarte —dije, esquivando el férreo abrazo que pretendía darme.  

—Vaya, veo que sigues siendo muy tuyo con las muestras de cariño.  

—No, es que tus abrazos son demasiado férreos.  

—Ok, ok, me disculpo —y tendió la mano.a modo de disculpa

Su mano estrujó la mía, pero levemente. Ven por aquí, quiero que veas los laboratorios y en lo que estamos trabajando. Nos dirigíamos al ascensor, que curiosamente tenía más pisos subterráneos que los seis superiores. 

—Quieto, que te unas a nuestra organización, John. Tú serías una de las mejores bazas y, además, creo que ya conoces a alguno de los otros miembros del equipo, dijo visiblemente satisfecho.Al abrirse las puertas del ascensor, la luz me deslumbró; tuve que adaptar mi vista. Cuando lo logré, la vi allí, junto a dos gigantes. 

Ella lo reconoció enseguida y echó a correr en su dirección. 

—Creí que habías muerto —comenzó a decir cuando se fijó en la articulación de mi codo izquierdo. —¿Por qué no nos dijo nada, Angus? —dijo, airada.

—Lo siento, doctora Angie, no hay nadie más cualificado para probar el suero.

—Un momento, ¿de qué suero estáis hablando? —pregunté incrédulo ante lo que estaba oyendo.

—¿No le ha dicho nada? Es usted incorregible —terció ella con el rostro sombrío.

Ella me llevó a parte y me explicó que habían descubierto un suero regenerador y modulador de cuerpos. Pero que no había sido probado en humanos de pura cepa. Aquellos dos gigantes eran subhumanos y el suero había cuadruplicado su tamaño, pero no así su inteligencia.  

—¿Y pretendes que me someta a este ensayo?— Pregunté visiblemente preocupado ante el cariz que estaba tomando la situación.

—No sabía lo de tu situación; te perdimos cuando el anterior cuartel general fue destruido —quiso calmarme—. Este suero podría devolverte tu brazo.

—Y también podría privarme de mi humanidad —tercí yo con cara de pocos amigos.

—Lo sé, y créeme, estamos desesperados —arguyó con aquella mirada capaz de desarmar al más pintado.

Me separé de ella pensando que, si me necesitaban, estaba dispuesto a arriesgarme.

Continuará...

M. D. Álvarez