Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo
jueves, 27 de febrero de 2025
martes, 25 de febrero de 2025
El retorno de John Sanders, de M.D. Álvarez (3 de 8)
John, despierta, ¿me oyes? Despierta. La oía de fondo;
me encontraba en la misma cabina, pero había menguado o yo había
crecido. Me sentía pesado, pero abrí los ojos lentamente. La vi sonreír y
abrir la cabina. Me cogí al borde de la cabina y me alcé. Me sentía
repleto y lleno de vitalidad. Miré mi brazo, esperando no hallarlo, pero
estaba ahí. No me percaté de que los demás miraban hacia arriba,
incluso los dos gigantes que la franqueaban. Incluso Angus me miraba con
asombro.
—¿Cuánto llevo dormido? —pregunté.
—Ocho
días —respondió, preocupada. Al principio, el suero no surtía efecto;
al cuarto día, el suero comenzó a modificar tu metabolismo y regenerar
tu brazo.
—¿Puedes aproximarte? —preguntó ella, situada a una gran distancia.
Suavemente
avanzó, controlando su cuerpo. En tan solo dos zancadas, estaba situada
al lado de ella, que se hallaba subida en una plataforma de 6 metros.
—John, he de hacerte un par de pruebas motoras. Sígueme.
La
plataforma se desplazó silenciosamente hacia una gigantesca puerta. Las
puertas se abrieron, dejando ver un gigantesco artefacto que le
recordaba a una estación de entrenamiento de árbol, pero a tamaño
descomunal.
—¿Crees que puedes realizar un par de serie de 5+1?
Me
situé frente a aquella estación de entrenamiento y comencé a golpear
con una serie de golpes cada vez más y más rápido. Cuando me di cuenta,
había reducido a añicos la estación de entrenamiento.
Me
giré y la vi; tenía cara de asombro. Mi fuerza era pasmosa; ahora debía
comprobar si mi inteligencia había sido mermada o si había aumentado mi
coeficiente intelectual.
Las
alarmas saltaron; el techo se estaba derrumbando sobre ella. No me lo
pensé dos veces: agarré a Angus y a ella y los puse a salvo. Después,
con una velocidad de vértigo, me situé entre los pilares que sujetaban
la bóveda y extendí los brazos, enderezando las dos columnas.
La
oí decir: —Lo has hecho extraordinariamente bien, John. Has calculado
el lugar más seguro y nos has dejado a salvo, y acto seguido has
enderezado las columnas base que sujetan la bóveda y minimizado los
daños. El suero no te ha mermado la inteligencia; es más, creo que
sigues siendo el más inteligente de todos.
—¿Y por qué me parece que he sido tu cobaya? —pregunté, acercándome.
—No era mi intención; necesitamos a los mejores y tú eres el mejor.
—¿El mejor para qué? —dije, visiblemente enfadado.
—Hemos recibido un ultimátum de un ente extraterrestre. Enviamos todo lo que teníamos contra él y los borró de un plumazo.
Continuará...
M. D. Álvarez
domingo, 23 de febrero de 2025
Conferencia de Antonio Galera Gracia en la Fundación Cajamurcia
Organizado por la Orden de los Caballeros custodios de Calatrava la Antigua, se celebró la conferencia de Antonio Galera Gracia titulada Las órdenes militares en los Reinos Ibéricos, que fue seguida de un concierto de música medieval al piano y castañuelas por María Victoria Casanova y María Dolores Moreno Meseguer.
El evento estuvo presentado por Juan Tomás Frutos, ante un auditorio prácticamente completo.
miércoles, 19 de febrero de 2025
El retorno de John Sanders (2 de 8), de M.D. Álvarez
Ya en la cabina de inmersión me lo seguía pensando pero
ya no había vuelto a tras además ella me ataba a su pasado aquel pasado
tumultuosa y tórrido la quería y no podía defraudarla la vía estaba
puesta.
La vi acercarse a la cabina con el rostro sombrío notarás una sensación de pesadez tranquilo es normal.
De
pronto, me di cuenta de que me estaban durmiendo. Aún la oía hablarme:
"Es mejor que estés dormido; el dolor sería atroz y ya has sufrido más
que nadie".
Aún así, me
seguía resistiendo, debatiéndome entre la consciencia y la
inconsciencia, hasta que me sumí en un perturbador sueño profundo donde
seguía oyéndola hablarme para mantenerme tranquilo. No supe cuánto
tiempo estuve en aquel estado, pero de pronto algo cruzó mi mente: un
estallido de dolor salvaje recorría todo mi cuerpo, incluso mi brazo
izquierdo, que perdí en la última batalla. El dolor me atenazaba,
retorciéndome de forma brutal.
Entonces, la oí llamarme: "John, John, tranquilo, no luches".
No estaba en mi naturaleza dejarme vencer, pero dejé de resistirme; algo en su voz me calmó.
Ella
fue la única que salió indemne del atentado. Sé que me buscó, pero yo
había caído en un estado de negatividad. Tiempo atrás, quise quitarme de
en medio, pero algo me retenía aquí; los lazos que me unían con ella
eran mucho más fuertes que el diamante.
Por eso, cuando Angus me invitó al OCE, ni me lo pensé; sabía que el único sitio donde la encontraría sería ahí.
La oía cantar "Spending My Time" de Roxette; era nuestra canción. Aquello me sumió en un placentero sueño.
Continuará...
M. D. Álvarez
El retorno de John Sanders (1 de 8), de M.D. Álvarez
En aquel edificio de seis plantas se encontraba la base
secreta de la organización de combate exoespacial más conocida como OCE,
a la que me habían invitado a visitar. La recepcionista, al verlo
entrar, lo miró de hito en hito, preguntándose: "¿Y este de dónde se ha
caído?".
—El señor Angus Tyron me está esperando.
La
cara de ella cambió; ahora estaba pálida. Se dio cuenta de que debía
ser alguien importante, pues tenía la tarjeta de presentación del
director general.
—Si espera aquí, por favor, voy a avisarle. Perdón, ¿a quién tengo que anunciar?
—John Sanders —le dije con una sonrisa encantadora.
—John, qué alegría que aceptaras la invitación —dijo aquel armario ropero que sonreía de oreja a oreja.
—Hombre,
Angus, tanto me has insistido que he tenido que pasar a visitarte
—dije, esquivando el férreo abrazo que pretendía darme.
—Vaya, veo que sigues siendo muy tuyo con las muestras de cariño.
—No, es que tus abrazos son demasiado férreos.
—Ok, ok, me disculpo —y tendió la mano.a modo de disculpa
Su
mano estrujó la mía, pero levemente. Ven por aquí, quiero que veas los
laboratorios y en lo que estamos trabajando. Nos dirigíamos al ascensor,
que curiosamente tenía más pisos subterráneos que los seis superiores.
—Quieto,
que te unas a nuestra organización, John. Tú serías una de las mejores
bazas y, además, creo que ya conoces a alguno de los otros miembros del
equipo, dijo visiblemente satisfecho.Al abrirse las puertas del
ascensor, la luz me deslumbró; tuve que adaptar mi vista. Cuando lo
logré, la vi allí, junto a dos gigantes.
Ella lo reconoció enseguida y echó a correr en su dirección.
—Creí
que habías muerto —comenzó a decir cuando se fijó en la articulación de
mi codo izquierdo. —¿Por qué no nos dijo nada, Angus? —dijo, airada.
—Lo siento, doctora Angie, no hay nadie más cualificado para probar el suero.
—Un momento, ¿de qué suero estáis hablando? —pregunté incrédulo ante lo que estaba oyendo.
—¿No le ha dicho nada? Es usted incorregible —terció ella con el rostro sombrío.
Ella
me llevó a parte y me explicó que habían descubierto un suero
regenerador y modulador de cuerpos. Pero que no había sido probado en
humanos de pura cepa. Aquellos dos gigantes eran subhumanos y el suero
había cuadruplicado su tamaño, pero no así su inteligencia.
—¿Y pretendes que me someta a este ensayo?— Pregunté visiblemente preocupado ante el cariz que estaba tomando la situación.
—No
sabía lo de tu situación; te perdimos cuando el anterior cuartel
general fue destruido —quiso calmarme—. Este suero podría devolverte tu
brazo.
—Y también podría privarme de mi humanidad —tercí yo con cara de pocos amigos.
—Lo sé, y créeme, estamos desesperados —arguyó con aquella mirada capaz de desarmar al más pintado.
Me separé de ella pensando que, si me necesitaban, estaba dispuesto a arriesgarme.
Continuará...
M. D. Álvarez
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