Seguro que nadie os ha dicho el origen mitológico del
tamarindo y el castaño, pues os los voy a contar. Estos dos árboles
forman parte de la mitología universal por un montón de características,
pero la que nos interesa es su longevidad. Pero vamos a lo que nos
interesa: su origen.
Cuentan
las leyendas que había un matrimonio de avanzada edad que eran devotos
de los dioses, los cuales conocían su fidelidad hacia ellos, frente a
jóvenes que se burlaban de su dedicación. Un buen día, Tut y Eshe fueron
visitados por el rey de los dioses, Ra, acompañado de su amado hijo
Horus.
Descendieron
sobre la tierra como dos pastores y se presentaron ante Tut y Eshe, que,
aún siendo ancianos, presintieron que aquellos gallardos pastores no
eran solo eso. Les ofrecieron su casa y una humilde comida a base de
leche y miel. Tanto Ra como su hijo Horus, maravillados por la
amabilidad y dedicación, les otorgaron lo que quisieran.
Ellos,
ya ancianos, solo querían morir al mismo tiempo. Ra, viendo el gran
amor que se profesaban, les otorgó dicha bendición: morir al mismo
tiempo. Y cuando sucediera, los transformó en un hermoso castaño a Tut y
en un hermoso tamarindo a Eshe, que crecieron entrelazados.
Su
longevidad humana creció en años y, si me apuráis, en uno de los muchos
oasis que se encuentran en Egipto, seguramente habrá un castaño
entrelazado con un hermoso tamarindo en muestra de amor incondicional
hacia los dioses.
M. D. Álvarez
