Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

domingo, 2 de febrero de 2014

Hijos del desierto, de José Valero (Reseña nº 604)

José Valero
Hijos del desierto
Literanda, noviembre de 2013

José Valero lleva, en su novela de ciencia ficción, la lucha del bien y del mal que azota la humanidad desde los tiempos primeros, a la lucha entre el hombre y la naturaleza, más concretamente, entre el hombre y los árboles.

Hijos del desierto es una novela de fantasía, de ciencia ficción, o de ficción distópica. Puede haber ocurrido en un lejano pasado, en otra dimensión de nuestro universo, o transcurrirá en un futuro no muy lejano, porque temo, que de ocurrir en un futuro lejano, ya no existan árboles ni condiciones para que la vegetación se desarrolle en este enfermo planeta.

José Valero es, en lo referente a nombres, culturas, religiones, localizaciones, muy ecléctico, lo que da un interesante punto de vista a la lectura, ya que nos encontraremos, a lo largo de las más de 500 páginas ilustres apellidos que todo lector avezado asociará a personajes históricos, a ciudades actuales o pasadas, a situaciones que, parece ser, cíclicamente tenemos que vivir los humanos, que nunca aprendemos.

El pueblo arborícola, hombres topo, druidas, Imperio, un ejército de barrenderos, kraken´s, espías imperiales, desérticos, provegetación... y una muy interesante división de las ciudades del imperio, en lo que se asemeja lo que los gobiernos de la tierra, en siglo XXI quieren convertir a sus gobernados: casi en esclavos, con sociedades separadas por infranqueables muros, donde los parias de la tierra no puedan molestar a nobleza (entiéndase banqueros, políticos, deportistas, religiosos...) ni a gobernantes (entiéndase, Gobierno, diputados, senadores...)

La lucha entre la naturaleza y, dentro de ella, los árboles, contra los humanos; y los humanos contra los árboles, José Valero ha conseguido llevar al lector pendiente de una interminable lluvia de hojas durante 544 páginas. Un logro destacable, con una prosa ágil, rápida, sin florituras.

Si he de poner una pega a esta aventura, es que no se pueda encontrar, todavía, en papel. Aunque sea en papeluretano.

Toñy Riquelme

La pequeña burguesía, de Lola López Mondéjar (Reseña nº 603)

Lola López Mondéjar
La pequeña burquesía
La Sierpe y el Laúd, noviembre 2013

Los relatos son, algunas veces, tan breves como una instantánea y La pequeña burquesía parece un instante capturado presto para subirlo a la red social preferida de cada uno.

Incluso el último, Dinastía 2006, de más de treinta páginas de la, también, breve por pequeña, colección Acanto de La Sierpe y el Laúd. Ya os digo, desconocidos lectores, también este relato, pues la autora nos lo divide en cuatro momentos con nombre de mujer.

Ella, la mujer, es la protagonista de tan impactantes imágenes, menos en el primer relato, El hombre pez, que igualmente podría ser una fotografía de un hombre con tumbona con el mar al fondo.

Un metro abarrotado, multiétnico, multicultural, multicolor, acompaña a una elegante mujer con un libro en una de las esquinas, en el relato Cercanías.

Con alas, la protagonista será una mujer con abrigo rojo, con prisa, que una mano implorante detiene. No reclama dinero, es algo más, es un mundo lo que pide, que se rescate a personas y no a bancos. Aunque el objeto que lo represente sea una compresa con alas.

La necesidad de que alguien se fije en ella, la desolación de la soledad más profunda, de ese anciano que es ingresado en un hospital y ya nadie acude a recogerlo, es el motivo de este instante, de este Arrepentimiento, aunque podamos ver el estrado, al juez y al testigo entre las sombras.

¿Quieres chico? es placer, nuevamente soledad en silencio, aunque los ruiseñores puedan interrumplir el placer de dos cuerpos amándose.

Por el contrario, Amantes es una cicatriz, física y temporal, son treinta años, sin palabras. Imagen muda en un aeropuerto, donde la lluvia acompaña el despegue de un avión.

Dinastía 2006 está presidida por una botella de vino y, superpuestas, inclinadas sobre el eje que marca la botella, el instante de cuatro celebraciones, cuatro cumpleaños, rodeadas de amigos, en la intimidad, ante la alegría, ante la sorpresa del inesperado acidente; cuatro momentos: Aurora, Ana, Irene y María.

Fotografías todas ellas surgidas de la pluma de Lola López Mondéjar.

Francisco Javier Illán Vivas

sábado, 1 de febrero de 2014

Chocolat, de Joanne Harris (Reseña nº 602)



Joanne Harris
Chocolat
Duomo Editorial, 2013

«La panadería se abrió ayer. Pero no es una panadería. Cuando me desperté ayer, a las seis de la mañana, ya habían retirado la tela de protección que la cubría, estaban colocados el toldo y los postigos y levantada la persiana arrollable  del escaparate. Lo que antes era un caserón corriente y más bien destartalado, como tantos otros de por aquí, se había convertido en una especie de tarta roja y dorada que se recortaba sobre el deslumbrante fondo blanco. En los maceteros de las ventanas hay rutilantes geranios rojos y en torno a las barandillas se retuercen guirnaldas de papel crespón. Y coronándolo todo, un letrero de madera de roble en el que aparece el nombre de la tienda trazado con letra inglesa: La Céleste Praline. Chocolaterie Artisanale»

En el pequeño (y conservador) pueblo francés de Lansquenet-sur-Tannes soplan vientos de cambio que arrastran consigo un seductor aroma capaz de evocar tierras lejanas y exóticas. La dulce fragancia recorre las calles, penetrando en los humildes hogares de sus vecinos quienes, incapaces de resistirse, buscan el origen hasta encontrarse frente al escaparate de la chocolatería recientemente inaugurada. Un negocio atípico dentro de aquella comunidad, acostumbrada a la privación y, sobre todo, al castigo. La propietaria advierte la presencia. Su sonrisa es una invitación que no necesita ser pronunciada para vencer la reticencia inicial y entrar. Al cruzar el umbral son recibidos con una taza de chocolate caliente que consigue hacer desparecer el frio del cuerpo, así como un inmenso vacío del alma que desconocían hasta que Vianne Rocher nos ofreció aquel refugio elaborado con cacao. 

«Chocolat» es una fábula gastronómica sobre la felicidad a través de los pequeños detalles, una oda al amargo fruto que endulza nuestras vidas, proporcionándonos un placer tan intenso como efímero. Joanne Harris nos ofrece una novela deliciosa, los sutiles matices de su prosa estimulan los sentidos del lector, tal y como ocurría en «El perfume» (Patrick Süskind), para obsequiarlo con una lectura irresistible. Un libro que no puede devorarse a grandes bocados, sino saboreado lentamente, dejando que las palabras evoquen texturas, olores y sabores hasta conseguir el éxtasis literario. 
«La mezcla de perfumes del chocolate, la vainilla, el cobre caliente y el cinamomo provoca mareo, está cargada de sugestiones, transmite ese deje duro y terrenal de las Américas, el aroma caliente y resinoso del bosque tropical. A través de él viajo ahora, como hicieran en otros tiempos los aztecas con sus inquietantes rituales: México, Venezuela, Colombia. La corte de Moctezuma. Cortés y Colón. El alimento de los dioses, burbujeante y espumoso, servido en tazones ceremoniales. El amargo elixir de la vida»

La autora evoca la magia tras los gestos más sencillos y, aparentemente, fútiles, así como el efecto que son capaces de obrar en las personas. Una caricia, un bombón, una palabra amable, un trozo de tarta de chocolate, una sonrisa, una humeante taza de cacao, un poema… Por esta razón Francis Reynaud, párroco de Lansquenet, rechaza la presencia de Vianne Rocher y su negocio. 

El cristianismo asocia el origen del pecado con la comida. En aquella ocasión, la tentación procedió de una simple manzana, ahora Reynaud debe enfrentarse a un alimento empleado antiguamente en ceremonias paganas para adorar a falsos dioses. La gula convertida en un culto en el que, poco a poco, sucumben sus feligreses. 

Precisamente, «Chocolat» denuncia la intolerancia social. Los sermones dominicales del padre Reynaud transmiten a la comunidad un mensaje la obligación de mantener las buenas costumbres que siempre la han regido para preservarla ante amenazas externas, como los gitanos. Es entonces cuando comprendemos que la rivalidad establecida entre ambos es consecuencia de los celos del primero hacia la segunda, porque la apatía, incluso el desprecio, hacia sus parroquianos explica la desazón ante los cambios que se están produciendo desde la llegada de Rocher. Obsérvese el rechazo hacia Serget Mustac, quien maltrata constantemente a su esposa, Josephine, pero él consiente (y justifica) amparándose en el sacramento del matrimonio. O la negativa de aceptar que los animales tengan alma, cuando sabe que le proporcionaría un consuelo  a Guillaume Bierot tras conocer la enfermedad incurable de su mascota. Por el contrario, Vianne Rocher no realiza juicios de valor y permite la entrada en su particular santuario a todo el mundo, sabiendo que necesita cada persona solo con observarla y proporcionándoselo envuelto en brillante celofán y vistosos lazos de colores.

De hecho, incluso se permite el lujo de realizarle pequeñas bromas al obsequiarlos con: «Una docena de mis mejores buitres de Saint-Mâlo, pralinés pequeños y planos tan parecidos a ostras obstinadamente cerradas»

Curiosamente, las diferencias existentes entre ambos personajes se complementan. De ahí que la narración en primera persona se intercale entre Francis Reynaud y Vianne Rocher a fin de equilibrar el tono de la novela. Este contraste de las percepciones viabiliza un tratamiento múltiple de la historia, sin incurrir en prejuicios y conservando la objetividad durante todo el relato. Es cierto que experimentamos un mayor aprecio por algunos personajes, aunque todos poseen una imperfección atractiva que los convierte en personas reales y cercanas a cualquiera de nosotros. 

A pesar de la sugestiva presentación, Joanne Harris no consigue dar una conclusión satisfactoria para algunos, incluso resultan decepcionantes. La autora evita cualquier enfrentamiento, optando por un final edulcorado. Posteriormente escribiría «Zapatos de caramelo» y «El perfume secreto del melocotón», resolviendo muchas de las líneas argumentales que habían quedado aplazadas  en esta novela. Es decir, si «Chocolat» hubiese sido un libro con principio y final, quedaría la impresión de que adolece de un desarrollo coherente, especialmente durante los últimos capítulos. 

«Chocolat» es una pequeña delicatesen literaria concebida para disfrutarse durante toda su lectura de forma pausada para conseguir «un placer que sólo dura un momento y que únicamente unos pocos pueden apreciar plenamente». Es cierto que algunos detalles endulzan de forma innecesaria una historia con un fondo amargo, Joanne Harris nos obsequia con una novela absolutamente irresistible. Disfruta del postre. 

Mª del Carmen Horcas López

viernes, 31 de enero de 2014

El mito de Sísifo, de Albert Camus (Reseña nº 600)


Albert Camus
El mito de Sísifo
Alianza Editorial, 2013


Recientemente se cumplía un siglo del  nacimiento de un genio de mente lúcida y literatura  desoladora que marcó un antes y un después en el pensamiento occidental con obras como El extranjero, La peste o esta que nos ocupa: El mito de Sísifo. Publicada originalmente en 1942 se ha vuelto a reeditar numerosas veces hasta entrado el año 2013.

Albert Camus (1913-1960) fue galardonado con el premio Nobel por  «el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy». Esta breve acotación  valdría para definir El mito de Sísifo. En él se abordan diferentes cuestiones filosóficas y artísticas, enlazando arte y pensamiento, literatura y conciencia. Antes de avanzar en esta reseña he de aclarar que no soy filósofo ni gran conocedor de los vericuetos que la literatura del absurdo y existencialista han trazado en la historia. Tan solo, esbozo algunas líneas, desde la admiración y el asombro ante tal obra.

Encontramos  un apartado dedicado al suicidio y a lo absurdo en el que nos advierte que el suicidio es el único problema filosófico realmente serio, porque matarse es ‘confesar que la vida nos supera o que no la entendemos’. Cierto es que en un mundo en el que la oscuridad nos oprime uno no puede menos que sentirse un extranjero, sin tierra y sin esperanza. Y que la muerte voluntaria se antoja una plausible salida.

El asunto del absurdo es abordado con profundidad. Camus nos habla de un sentimiento que puede aparecer en cualquier momento y que de él han surgido las grandes obras. Porque los hombres al sentirse absurdos no pueden evitar convenir que la existencia es compleja. La muerte no la conocemos sino por experiencias ajenas, así que es preferible no ser dramáticos al respecto. Todo es absurdo y basta con aceptarlo para no volvernos locos. Recientemente leí a Vila-Matas en su último libro-entrevista publicado, Fuera de aquí (Galaxia Gutenberg), y que pronto reseñaré, que el mundo era un teatro y que hay dos tipos de personas. Las que se dan cuenta y siguen actuando y las que al descubrirlo enloquecen porque no pueden soportarlo. Tal vez Camus está entre las primeras, pero no solo siguió actuando, sino que describió algunas de las pautas para que esa interpretación no nos hiciese peores actores.

Para ilustrarnos, nos mostrará ejemplos de vidas absurdas, entre ellas la de Don Juan, el hombre que vive su vida sin plantearse ningún dilema moral, con un amor efímero pero consciente de sí mismo.

Camus incita a la rebelión,  el constante cuestionamiento metafísico como solución única para abarcar el máximo de experiencias posibles, porque ‘vivir una experiencia, un destino es aceptarlo  plenamente’, aceptarlo a sabiendas de que el mundo es absurdo ya que eludir el problema, al contrario que a Eurídice, nos transformará en una sombra. Conocer las reglas del juego, por absurdo que este nos parezca.

Camus también se vale de la literatura para ejemplificar sus tesis en el ensayo ‘La creación absurda’. En este episodio nos dice que el goce por excelencia es la creación, que la creación es vivir dos veces y que como ya aclaró Nietzsche ‘tenemos el arte para no morir de la verdad’. El mundo es extraño y absurdo, de otro modo no haría falta el arte, la creación para explicarlo. Y le pide a la creación lo mismo que le exigía al pensamiento: libertad, rebelión y diversidad.

Dostoiesky ocupa un espacio privilegiado en este ensayo, ya que todos sus personajes, al parecer de Camus, se interrogan sobre el sentido de la vida.
Para acabar, el último capítulo titulado El mito de Sísifo, explora la figura legendaria de aquel que desafió a los dioses. Sísifo fue condenado a una tarea cíclica, absurda, con la que Camus nos explica la simetría de este procedimiento con nuestras vidas, como metáfora de la condición humana.

En esta edición Alianza incluye un breve pero valioso ensayo titulado La esperanza y lo absurdo en la obra de Franz Kafka. En esta pieza nos comunica esos símbolos que rigen la obra del checo, esa ética, esa sumisión a lo cotidiano, esa búsqueda de K. hacia un castillo inalcanzable como nuestro propio destino.

Pedro Pujante

miércoles, 29 de enero de 2014

Vidas, de Patricia E. Blumenreich

Título: Vidas

Autor: Patricia E. Blumenreich
Género: Relatos

Año Copyright: 2003

Una mujer que cree que al resolver el misterio de las pesadillas que la acosan podrá encarar el presente que no entiende, una anciana que busca a su hija difunta y a las plantas que una vez regó, un niño sólo desea una vida mejor, un hombre niega sentimientos que un encuentro fortuito los obligará a nacer...
Estos son sólo algunos de los personajes que integran el conjunto de cuentos que componen Vidas.

ficha generada por leelibros.com