Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

domingo, 15 de febrero de 2026

La sección de reseñas: más de mil lectores semanales (y tercera entrega)




 

Terminamos el repaso a las estadísticas de las reseñas publicadas durante 2025, donde todas han superado las mil visualizaciones.

Seguimos adelante. 

martes, 10 de febrero de 2026

El corazón del bosque, de M.D. Álvarez (2 de 2)

 

Mientras creía que él dormía con una tranquilidad que no había tenido en todo un año, ella se sentó frente al saquito.

—Vamos, ábrelo —dijo él desde el umbral del dormitorio. 

Ella se sobresaltó al verlo; su luz todavía irradiaba un fulgor milenario.

—Creí que dormías —dijo ella.

—Se me hace raro dormir en blando cuando me he pasado todo un año durmiendo a la intemperie sobre el suelo húmedo y hostil del bosque. Tengo que acostumbrarme de nuevo al calor del hogar y a la mullida cama que ahora comparto contigo —respondió él con una sonrisa triste.

Solo él sabía lo que había sacrificado por ella: su destino estaba ligado al corazón del bosque. Si este dejaba el reino tenebroso del bosque, él dejaría de existir y ella sufriría al descubrir su destino...

M. D. Álvarez

domingo, 8 de febrero de 2026

La reseña más leída de nuestro blog: 8549 lecturas.

 

Es la reseña más leída y la entrada más leída desde siempre: 8549 lectores y lectoras la leyeron, o siguen leyéndola.

viernes, 6 de febrero de 2026

Panocho,s Metal, de Jesús Cánovas Martínez (Reseña nº 1138)

 


Jesús Cánovas Martínez
Panocho's Metal
AESC Editores, 2025

 

Trescientas páginas para disfrutar de la fina ironía, a veces muy afilada, de Jesús Cánovas Martínez, quien una vez más nos sorprende con una entrega de su producción literaria y, ¿por qué no decirlo? de sus personajes tan especiales.

Ya en la 5 la dedicatoria, a todos los don Ciruelos que habitan el mundo, nos avisa de que vamos a volver a encontrarnos con personajes especiales: Ginebro Carajillos, Flauto Pijel, Pepe Almorrano... y el propio Rosendo, o el narrador en primera persona, que debe soportar los continuos "plas, plas, plas" en la espalda de su amada Blanca.

Él y Blanca forman una pareja casi perfecta, hasta que en su vida, o en un recorrido por Murcia, unas fiestas cualquiera, coinciden con Rosita y Rosendo, y a partir de ese momento muchas cosas van a cambiar. ¿Por qué no llevaron a su hijita Sirenita a la fiesta? Tal vez así se hubiesen evitado la racanería de Rosendo y él los interminables "plas, plas, plas".

Por momentos esta novela, que se lee casi sin darte cuenta, me ha recordado la serie Seinfeld, donde no debes buscar ningún mensaje que cale, nada importante, solo el placer de la lectura. Claro que yo, desde El Baboso, del mismo autor, siempre voy buscando parecidos entre sus personajes con personas reales.

Todo parece banal al principio, pero no lo es. Os recomiendo que entréis, paseéis con estos cuatro personajes por Murcia y disfrutéis de los diálogos tan "chispeantes" con los que, como siempre, Jesús Cánovas nos hace disfrutar con cada entrega.

Francisco Javier Illán Vivas 

martes, 3 de febrero de 2026

El corazón del bosque, de M.D. Álvarez (1 de 2)

 


A punto de acabar el año, no tenía noticias de él. Lo añoraba desde que se fue. De pronto, un reflejo llamó poderosamente su atención; ese reflejo venía de lo más profundo del bosque, allí donde el sol jamás llegó. Algo avanzaba, desprendiendo una tenue luz que amenazaba con ser engullido por las sombras. Era él, no podía ser otro; solo él podía enfrentarse a las sombras durante todo un año y regresar con ella, como le prometió. Salió con una linterna para que tuviera un referente de localización.

Lo vio aparecer bajo un rayo de luna que hizo que su luz se magnificara. La vio y se detuvo; su mirada reflejaba todos los horrores sufridos en las profundidades del bosque. Su rostro, más delgado y pálido, reflejaba el dolor. Ella corrió hacia él y lo abrazó. Bajo sus rayos, notó lo delgado que estaba; lo sostuvo con cuidado y lo llevó a la cabaña. 

Lo sentó a la mesa y avivó el fuego, calentando un asado que él devoró despacio. 

Cuidadosamente, dejó un saquito de tela sobre la mesa.

—¿Lo encontraste? dijo, mirando fijamente la bolsita.

—Te prometí traerte el corazón del bosque, dijo él con una voz tranquila pero cansada.

Ella lo miró; él era capaz de todo por amor y la quería más que a su vida.

Ella le preparó un baño caliente y le ayudó a quitarse sus ropas, gastadas por un año. Su cuerpo estaba casi en los huesos, aunque lo peor eran las atroces cicatrices.

—Mi sol, ¿por qué no volviste antes? susurró, sollozando.

—Te dije que no volvería hasta haber conquistado el corazón del bosque.

—¿Pero a qué precio? dijo ella, limpiando con delicadeza su cuerpo.

—No te preocupes, con tu ayuda y tus guisos estaré como nuevo en poco tiempo —dijo él, besándola.

Tras ayudarlo a bañarse, lo envolvió en la gran manta de oso que él cazó para ella.

Continuará...

M. D. Álvarez 

domingo, 1 de febrero de 2026

Estadísticas de Acantilados de papel durante Enero de 2026


 

 

Nuestro Acantilados de papel nos sigue sorprendiendo: 41.103 visitas durante enero, hasta las 22:30 horas del día 31 de enero.

1.106.905 visitas desde siempre, y sigue aumentando. 

2.887 visitas el viernes.

2.480 visitas el sábado.

Y hoy empezamos un nuevo recuento.  

viernes, 30 de enero de 2026

Voces rotas, de Guillermina Sánchez Oró (Reseña nº 1137)

 


 

Guillermina Sánchez Oró
Voces rotas
Octubre Negro Ediciones, 2025

Dar el salto desde la poesía a la novela es un reto que muchas veces no nos atrevemos a dar, por la dificultad de mantener una trama que no se deshaga entre las manos, y Guillermina Sánchez Oró se ha atrevido, además, con una novela negra y con una editorial, Octubre Negro Ediciones, que está apostando fuerte por el género. Patrocina concursos y eventos de literatura de género noir en Sitges, en Madrid, en... y además, de un tiempo a esta parte, apuesta también por otros géneros literarios.

Pues ese riesgo lo recorrió la autora murciana nacida al otro lado del Mediterráneo y con éxito, solo hay que ver las imágenes de la presentación en el Ayuntamiento de Murcia, Edificio Moneo, con lleno hasta la bandera y personas de pie. Fue un evento para quitarse el sombrero.

¿Pero qué tiene esta novela?  Destacable son los capítulos cortos, como fotografías, escenas cinematográficas más bien, que permiten leer de continuo o a pequeños sorbos en esta sociedad de las prisas. Creo que es una novela idónea para esos desplazamientos donde, en vez de mirar el móvil, puedes leerte uno o dos capítulos sin apenas darte cuenta.

Tiene también, y creo no equivocarme, mucho de Guillermina, de sus experiencias vitales, de lo que ha vivido que ha sabido insertarlo en la novela como si, algunas fases de la trama, le fuesen ajenas.

Y tiene una profunda crítica a determinados delitos, que son execrables, y que con ágil pluma ha sabido ir desentrañándolos a nuestros ojos y buscar, en los personajes, cómo acabar con ellos. 

Viajaremos por España, por el norte de África, por Inglaterra... con descripciones precisas de una autora que conoce esos paisajes y esas ciudades. Me parece otro acierto, ya que acerca la novela al lector, como si lo estuviera viviendo y, si conoce los lugares, más aún. 

Yo no debo desentrañar más en este comentario, pues a Judit, Maribel, Fátima,... no les gustaría.

Buscad la novela, tenéis arriba el enlace, y leedla. De nada.

Francisco Javier Illán Vivas 

miércoles, 28 de enero de 2026

La sección de reseñas: más de mil lectores semanales (primera entrega)




 

Debemos agradecer a nuestros lectores que se mantienen fieles a los libros que semanalmente les recomendamos, por nuestro crítico de guardia o de otros que a lo largo de los años (desde 2007) han ido colaborando en la sección, bien cuando se publicaba en Vegamediapress, del recordado Jesús Pons, o bien en el blog LCN, en Ágora papeles de arte gramático o aquí, donde ya se quedó definitivamente.

Seguiremos mostrando estadísticas. 

 

 

martes, 27 de enero de 2026

La cuenta pendiente, de M.D. Álvarez (4 de 4)

 


El aire se había enfriado con la última luz del sol, y Angie sintió una punzada de emoción al oír la honestidad sin adornos en su voz.

—Siempre he querido oírlo —dijo ella, y por primera vez, la intensidad de su mirada no se disolvió en una broma o una distracción. Se mantuvo fija en sus ojos.

Marcus sintió que el nudo en su garganta se deshacía. El anillo en su dedo dejó de ser un juguete y se convirtió en un ancla.

—No hay palabras adecuadas —admitió él, su voz apenas un susurro que no perturbó la quietud del estanque—. Solo esta.

Acortó el prudente puente de espacio entre ellos, moviéndose con una deliberación que le resultó extraña. No fue un movimiento rápido, ni desesperado, sino firme y simple. Deslizó su mano por el ligero jersey que ella llevaba, tocando por primera vez su mejilla. Su pulgar rozó suavemente el borde de su boca, silenciando cualquier posible respuesta.

Angie no se apartó. En lugar de eso, inclinó la cabeza hacia su mano, aceptando el contacto.

—No huyas ahora, Marcus —susurró ella, su aliento cálido contra su piel.

—Nunca más —prometió él.

Y entonces la besó. No fue el beso cargado de coqueteo y tensión de la noche del bar. Era un principio. Era el sabor a promesa y a asfalto mojado. Era el final inesperado que a Angie le gustaba encontrar en las historias, el que no se veía venir pero que lo cambiaba todo.

Cuando se separaron, el sol se había ido, dejando el cielo de un color azul profundo y melancólico. Ella le sonrió, y esta vez, su sonrisa no era un arma, sino una invitación.

—Bienvenido de nuevo, Marcus —dijo ella.

Él le devolvió la sonrisa. Ya no era evasiva. Era libre.

—Gracias por la espera, Angie. ¿Vamos a buscar ese pastel de manzana agrio? Yo invito.

M. D. Álvarez 

viernes, 23 de enero de 2026

El caso de la viuda polaca, de Juan Pedro Aparicio (Reseña nº 1136)

 


Juan Pedro Aparicio
El caso de la viuda polaca
M.A.R. Editor, 2025

Hacía tiempo que no leía una novela tan agradable como esta, que me dejase tan buen sabor de boca, por lo fácil de leer y por lo sencillo que es para un buen escritor trazar la trama casi sin complicaciones, pero que te impida dejar de leerla hasta que llegues al final y, entonces, exclames: ¡lo sabía! ¡Sabía que era ...!

Eso me ha pasado con el caso que lleva esta especie de trasunto de Philip Marlowe, el inolvidable detective de Raymond Chandler, en Madrid, al que por cierto hace pocos meses leí sus casos completos. Pero también me ha recordado, en ciertos momentos, a Harper, el detective creado por Ross MacDonald. Sobre todo en su relación con un siniestro personaje llamado Hermano Jones.

El protagonista es Gonzalo Malo Maldivo. No os extrañéis, que el autor nos ha regalado una serie de nombres que deben quedar en los anales de la novela negra: Gigi el oleroso, Bienzobas, Jota Mosácula, Chapapietra... y ellas, las protagonistas femeninas, revoloteando alrededor del Hermano Jones, como se dice que hacen las mocas en la miel.

Todo comienza con la muerte de un ciudadano cualquiera y un accidente de tráfico con fatales resultados, y la presencia de un acosador, aunque aquí lo llaman merodeador, a una mujer recién enviudada.

Malo, subcomisario caído en desgracia en su comisaría de Lot, y por ello trasladado a Madrid, es el encargado de tratar el tema del merodeador... pero todo se va complicando hasta llevarnos al final de la trama donde nada resulta ser lo que parece.

Tenéis que leerla. Novela negra de categoría.

Francisco Javier Illán Vivas

martes, 20 de enero de 2026

La cuenta pendiente, de M.D. Álvarez (3 de 4)


 

Marcus llego antes y se sentó en un banco frente al estanque con la puesta de sol frente a el Angie llegó cinco minutos tarde, a propósito, para darse un último momento de serenidad. Llevaba un jersey ligero sobre los hombros, no por el frío, sino por la costumbre de tener algo en qué entrelazar los dedos.

Lo vio antes de que él la viera a ella.
Observando los círculos concéntricos que formaban los patos al remar. Estaba quieto, expectante. Una ligera diferencia que a Angie le pareció un mundo.

—¿Ya has pagando as vistas? —dijo ella al acercarse, su voz suave en la quietud del parque.

Él se giró, y la sonrisa que le dedicó fue lenta, pero no evasiva. Era franca.
—Solo estoy asegurándome de que la ubicación valga la pena. Por si acaso tengo que añadirlo a la cuenta de esta noche.

Angie se sentó a su lado, dejando un espacio prudente entre ellos que parecía más un puente que un abismo.

El silencio que siguió fue cómodo, lleno del murmullo lejano de la ciudad y el graznido ocasional de un pájaro. No era el silencio cargado del bar, sino uno nuevo, que invitaba a llenarlo.

—¿Por qué siempre huyes, Marcus? —preguntó Angie al fin, sin mirarlo, como si la pregunta fuera para los patos—. No es una acusación. Es… curiosidad.

Marcus tomó aire, un sonido largo y profundo.
—Por miedo a defraudarte . Es más fácil ser el tipo que no cumple, el que se escaquea, que el tipo que lo intenta de verdad y falla. Si nunca te comprometes del todo, el golpe nunca duele del todo. —Hizo una pausa—. Pero duele de otras maneras. Como verte a ti mirándome hoy con esa furia… y luego con esa decepción. Esa duele más.

Angie asintió lentamente.
—Sí,duele. Porque creo en ti, aunque a veces parezca lo contrario. Creo en el Marcus que no se esconde detrás de un billete de cien dólares o de una broma.

—Ese Marcus tiene una gran carga sobre sus hombros pero esta noche voy a tratar de aligerar la carga, dijo jugueteando con un anillo sencillo en su dedo.

Finalmente, ella se volvió para mirarlo. En la luz crepuscular, sus rasgos parecían más suaves, las aristas de la defensa, limadas.
—¿Y qué hace ese Marcus,cuando no está huyendo?

—Escucha. Habla de cosas que importan. Se pregunta qué le gusta a Angie, aparte de que le paguen las cuentas a tiempo. Te observa y te protege para que llegues sana y salva a casa.

Ella rio, un sonido claro que se mezcló con el agua.
—A Angie le gustan los finales inesperados en los libros.El olor a lluvia sobre el asfalto caliente. Y los pasteles de manzana que son más ácidos que dulces.

—Anotado —dijo él, como si estuviera archivando cada dato en un lugar preciado—. A Marcus… le gusta el silencio que no es vacío, sino tranquilo. Como este. Le gusta la manera en que la gente cuenta historias con las manos cuando habla. Y siempre ha querido decirte que te quiere y nunca ha encontrado las palabras adecuadas.

Continuará...

M. D. Álvarez 

martes, 13 de enero de 2026

La cuenta pendiente, de M.D. Álvarez (2 de 4)

 


Angie recogió el billete de cien dólares, con la boca ligeramente abierta. No por el dinero en sí, sino por la sinceridad palpable en el gesto de Marcus y el tono sombrío con el que se había despedido.

—Marcus, espera —dijo ella, con una nota de arrepentimiento que sustituyó a la furia.

Él ya estaba de espaldas, caminando hacia la puerta con la cabeza gacha, como si cargara un peso invisible sobre sus hombros. Los clientes del bar habían vuelto a sus conversaciones, pero el eco del enfrentamiento seguía flotando en el aire.

Angie se giró hacia la caja, devolviendo el cambio de los otros clientes, pero sus ojos estaban fijos en la espalda ancha de Marcus, que estaba a punto de cruzar el umbral.
"50 dólares de cuenta... 50 dólares de propina... No es la cuenta lo que le duele," pensó.

Se mordió el labio, contando veinte dólares y dejándolos cuidadosamente bajo la caja. Tomó el billete de cincuenta, el cambio que le correspondía, y corrió tras él, sin importarle los cuchicheos que generaba su repentino movimiento.

—¡Marcus! —gritó, llegando justo cuando él ponía una mano sobre el pomo de la puerta.
Él se detuvo, pero no se giró. Su postura era de derrota total.

—¿Qué pasa, Angie? ¿Aún me queda algo más por pagar? —Su voz sonó quebrada, desprovista de su habitual tono de broma o evasión.

Ella se acercó y lo tomó del brazo, obligándolo suavemente a darse la vuelta. En sus ojos, ya no había rastro de la ira de hacía un minuto, solo una preocupación sincera.

—No, tonto —dijo, ofreciéndole el billete de cincuenta dólares—. Toma, este es tu cambio.

Marcus miró el billete y luego a ella.
—Quédatelo —murmuró—. Lo necesitas más que yo, o al menos, te lo mereces por aguantarme.

—Marcus, no es sobre el dinero —explicó ella, deslizando el billete en el bolsillo de su chaqueta—. Es sobre la confianza. Sabes que la cuenta no es un problema. Es que siempre huyes, Marcus. Siempre te escaqueas de todo lo que es difícil, incluyéndome.

Él suspiró, cerrando los ojos por un instante.
—Lo sé, Angie. Siento haber actuado como un... como un cobarde. Tienes razón, siempre me escaqueo. Pero esta noche... te prometo que no me escaquearé.

Abrió los ojos y la miró directamente.
—Esa invitación... ¿sigue en pie? Te veré esta noche, fuera de aquí. ¿O la he arruinado de nuevo?

Angie sonrió, suavemente.
—Tendrás que esforzarte un poco más para arruinar eso, Marcus. Te espero a las ocho, en el parque, ¿te parece?

—A las ocho, en el parque. Lo pagaré yo —dijo él, con una sonrisa pequeña y genuina.

—Más te vale —respondió ella, dándole un apretón en el brazo antes de soltarlo y volver al bar, dejando que Marcus se marchara, esta vez, con un paso más ligero.

Continuará...

M. D. Álvarez 

sábado, 10 de enero de 2026

Memorias de un alegre poeta, de Vincent L. Zepol (Reseña nº 1135)

 


 

Vincent L. Zepol
Memorias de un alegre poeta
Editorial Grupo J3V

No esperéis encontrar poesía, pero sí narrativa muy poética, que en algunos casos rima entre renglones. Nos encontramos ante una serie de relatos cortos, de vivencias tal vez, donde el autor, de Sangonera la Verde, enlaza el final de cada uno con el principio del siguiente, y nos describe cierta transformación personal a lo largo de las 153 páginas.

Creo que solo hay dos relatos-vivencias que no enlazan el final de una con el principio de la otra, pero eso no es lo importante, si acaso, es una anécdota.

Conocí al autor en la I Feria del Libro de Sangonera la Verde, que tuve a bien dirigir y coordinar, celebrada a principios de octubre pasado y que nació, como otras, con ánimo de continuar en el tiempo. Allí hablamos de literatura, de sus inquietudes, de sus proyectos futuros, y me alegré haber conocido un nuevo autor que cultiva tanto la poesía como el relato breve.

Si queréis conocer a una firma que está abriéndose paso, tenéis la oportunidad en el enlace del título, donde podréis adquirirla.

Francisco Javier Illán Vivas


 

miércoles, 7 de enero de 2026

Un río de amores, de Katy Cano Sarabia (Reseña nº 1134)

 


Katy Cano Sarabia
Un río de amores
Azarbe, octubre 2016 

Encontrarme con estos poemarios de la colección A orillas del Segura, de la entrañable editorial Azarbe, fue una de las sorpresas de la I Feria del Libro de Alguazas, celebrada el pasado año 2025. Allí coincidí con la autora, que tuvo a bien regalarme un ejemplar de su primer poemario, y con la prologuista, una buena amiga, María Ángeles Moragues Chazarra, conocedora como nadie de la literatura que se ha venido desarrollando durante los últimos años del pasado siglo y del presente.

La poesía de Katy Sarabia se acerca mucho a la autobiografía, aunque, como apunta la citada Moragues, pasada por el tamiz de la imaginación de la autora. El poemario está dividido en tres partes: Decires del alma; La loma, río de añoranzas; y Estrellas en mi cielo

A lo largo de los cincuenta y pocos poemas, la autora nos va desvelando su yo, algo que ya observamos en su nota introductoria, "Algo sobre mí", a continuación del prólogo.

Para ella, ser poeta es "dejarse llevar por el corazón,/ es sentir la pureza del sentimiento/ es querer y proyectar amor".

Un poemario, en fin, que nos trae a otros tiempos, no sólo por la editorial que lo publicó, sino porque estando ya descatalogado, es una reliquia que merece un lugar en estos no tan abruptos Acantilados de papel.

Francisco Javier Illán Vivas 

martes, 6 de enero de 2026

La cuenta pendiente, de M.D. Álvarez (1 de 4)


 

Cuando me vas a pagar lo que me debes, preguntó Angie furiosa por el hecho de que él siempre se escaqueaba de pagar la cuenta.

Él se quedó paralizado ante el tono brusco de ella.

—Angie, ¿sabes cuántos chavos llevo en el bolsillo? —preguntó Marcus, tratando de suavizar el nuevo escaqueo.

—Marcus, tú eres el único que cobra un salario, no me vengas con adivinanzas.

Marcus sintió todas las miradas clavadas en él, así que se giró, sacó la billetera y un fajo de billetes de ella. 

—¿Cuánto es la cuenta? —preguntó en voz baja.

—50 dólares —respondió sorprendida Angie ante el repentino cambio de actitud de Marcus.

—Toma, quédate con la vuelta —dijo Marcus, poniendo un billete de 100 dólares sobre el mostrador. 

—Te veo esta noche —rezongó, triste.

Continuará...

M. D. Álvarez 

viernes, 2 de enero de 2026

Sonetos para la eternidad, de José Martínez Giménez (Reseña nº 1133)

 


José Martínez Giménez
Sonetos para la eternidad
Bookalia Ediciones, junio 2025

En un mundo en que los poetas (que ya hay más, muchos más, miles y miles más, que lectores) escriben con la cabeza, que muchas veces no leen, ni siquiera lo que ellos y ellas mismas escriben, encontrarse con la poesía de José Martínez Giménez, es un placer.

Si, además, el autor, te hace el honor de contar contigo para la presentación del poemario en su casa, en Las Torres de Cotillas, una agradable tarde de verano, rodeado de tantas amistades como fue capaz de reunir alrededor de su poesía, más aún.

El presente libro está prologado por el ínclito Fulgencio Martínez, con quien tuve también el honor de colaborar en su revista, Ágora papeles de arte gramático, en aquellos tiempos en que el mundo era joven y nos creíamos capaces de cambiarlo.

Más de sesenta sonetos alrededor de la pasión que el autor vivió junto a su mujer, y que en este libro quedan para el recuerdo eterno, como dice el prologuista: para quien dude del valor de la poesía.

Bookalia Ediciones (gracias Paco Serrano) ha hecho una bonita edición, donde destaca, para la vista, el diseño de la cubierta, obra de David Martínez Vicente.

Un poemario que os recomiendo, os acompañará muchas horas, y siempre podréis volver a él: "entre la muerte y la vida existe un abismo".

Francisco Javier Illán Vivas