Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

martes, 27 de enero de 2026

La cuenta pendiente, de M.D. Álvarez (4 de 4)

 


El aire se había enfriado con la última luz del sol, y Angie sintió una punzada de emoción al oír la honestidad sin adornos en su voz.

—Siempre he querido oírlo —dijo ella, y por primera vez, la intensidad de su mirada no se disolvió en una broma o una distracción. Se mantuvo fija en sus ojos.

Marcus sintió que el nudo en su garganta se deshacía. El anillo en su dedo dejó de ser un juguete y se convirtió en un ancla.

—No hay palabras adecuadas —admitió él, su voz apenas un susurro que no perturbó la quietud del estanque—. Solo esta.

Acortó el prudente puente de espacio entre ellos, moviéndose con una deliberación que le resultó extraña. No fue un movimiento rápido, ni desesperado, sino firme y simple. Deslizó su mano por el ligero jersey que ella llevaba, tocando por primera vez su mejilla. Su pulgar rozó suavemente el borde de su boca, silenciando cualquier posible respuesta.

Angie no se apartó. En lugar de eso, inclinó la cabeza hacia su mano, aceptando el contacto.

—No huyas ahora, Marcus —susurró ella, su aliento cálido contra su piel.

—Nunca más —prometió él.

Y entonces la besó. No fue el beso cargado de coqueteo y tensión de la noche del bar. Era un principio. Era el sabor a promesa y a asfalto mojado. Era el final inesperado que a Angie le gustaba encontrar en las historias, el que no se veía venir pero que lo cambiaba todo.

Cuando se separaron, el sol se había ido, dejando el cielo de un color azul profundo y melancólico. Ella le sonrió, y esta vez, su sonrisa no era un arma, sino una invitación.

—Bienvenido de nuevo, Marcus —dijo ella.

Él le devolvió la sonrisa. Ya no era evasiva. Era libre.

—Gracias por la espera, Angie. ¿Vamos a buscar ese pastel de manzana agrio? Yo invito.

M. D. Álvarez 

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