Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

lunes, 7 de abril de 2014

Platero



Con la precocidad de un David Leo
del S. XIX (no tan guapo)
entraba Juan Ramón al verso  a trapo,
desde Moguer, al Foro fariseo.

Preso de nubes, de Darío reo,
cayó de un burro y engendró un guiñapo
mitad prodigio y otro tanto sapo,
lejos del pie que argenta el Lilibeo.

¿Por qué me cuesta tanto amar a un burro
peludo, de algodón, si vivo en prosa?
¿Por qué con su cuadrúpedo me aburro

si la lírica pura encuentro hermosa?
Vida y poesía son la misma cosa:
quizás lo de narrar no era su curro.

  Luis Miguel Rubio Domingo