Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

viernes, 18 de abril de 2014

En busca del tiempo perdido. 2 A la sombra de las muchachas en flor, de Marcel Proust (Reseña nº 634)

Marcel Proust
En busca del tiempo perdido 2. A la sombra de las muchachas en flor
Alianza Editorial, 1981

Hace breves fechas manteníamos una amena charla alrededor de los libros que habíamos leído, y que nos influyeron tanto que cambiaron nuestra vida. Y varios de los contertulios juraron que En busca del tiempo perdido era uno de esos títulos. Muy interesado por la experiencia de otros lectores impenitentes, y reciente como tengo la lectura del primer volumen, Por el camino de Swann, y del actual, terminado de leer hace apenas cinco días, les pregunté sobre tales novelas.

Descubrí que, excepto una lectora, los demás no recordaban nada de nada. Tanto había influido la obra de Marcel Proust en sus vidas que no se acordaban de nada. Temo, y espero que me disculpen, que no hayan leído nada más que unas páginas de este monumental relato de la vida del autor y de los personajes y ambientes sociales del tiempo que le tocó vivir.

En una reseña como la que nos propone cada semana Acantilados de papel no vamos a hacer una crítica literaria de una obra de la magnitud de En busca del tiempo perdido, pues sería una pérdida de tiempo querer criticar algo que ha superado eso, el tiempo, y es considerado una magna obra. 

Me propuse leer la obra completa, y en ello estoy, es mi lectura de mesilla de noche, desde hace ya más de un año, y, uno tras otro, voy disfrutando de algo que, en su momento, cambió el género novelístico.

Como escribe Marcel Proust en el libro que nos ocupa: "los productores de obras geniales no son aquellos seres que viven en el más delicado ambiente y que tienen la más lúcida de las conversaciones y la más extensa de las culturas, sino aquellos capaces de cesar bruscamente de vivir para sí mismos y convertir su personalidad en algo semejante a un espejo, de tal suerte que su vida, por mediocre que sea en su aspecto mundano, y hasta cierto punto en el intelectual, vaya a reflejarse allí: porque el genio consisten en la potencia de reflexión y no en la calidad intrínseca del espectáculo reflejado". Algo que, quien ha leído la novela, sabe que el narrador no se aplica, pues en su intento de ser escritor se adentra en los placeres mundanos, perdiéndose en ellos y no siendo capaz de encontrar el momento para dejarlo todo y dedicarse a escribir.

Paso a paso voy encontrando el tiempo perdido.

Francisco Javier Illán Vivas