Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

domingo, 8 de diciembre de 2013

Regálame París, de Olivia Ardey (Reseña nº 584)

Olivia Ardey
Regálame París
Ediciones Versatil, octubre de 2013

Cada uno elige su propio paraíso y París es el de Olivia Ardey, la autora de Regálame París, una novela romántica que la valenciana de adopción utiliza como envoltorio -o como excusa- para pasearnos por la Ciudad de la luz.

No soy lector de novela romántica, aunque pudiese ser romántico, pero quise leer esta obra para comentarla en el especial sobre París que estamos preparando para el número tres de Acantilados de papel, en la intuición de que me iba a agradar pasear por París de la pluma de Olivia Ardey, y no me he equivocado.

El lector tendrá que avanzar hasta la página 309 para encontrar la esencia de Regálame París, en ese recorrido casi visual, literario y musical que la autora nos regala -esa es la palabra justa- desde los sentidos de Yolanda, la protagonista, y es allí donde ella sabe que "cada uno elige su propio paraíso" y que París era el suyo, por muy bien que pudiese vivir en Valencia.

La anterior primavera de esa escena, Yolanda acudió a la Ciudad con un motivo íntimo y secreto, acompañada de su amante en ese momento, quien también acudió a París con otro motivo: romper con ella.

Esta circunstancia provocará que se quede sola y decida, antes de regresar a Valencia y de cumplir su objetivo, no perderse ni un aroma, ni un sonido, ni una imagen de la ciudad con la que había soñado durante tantos años.

En su vida aparecerán Patrick, las vecinas de la rue Sorbier, Sylvie... pero sobre todo, o en esencia y por ello, París: descubrir una ciudad siguiendo su instinto, guiada por la búsqueda de un sueño inalcanzable durante años y que disfrutaba por primera vez.

La autora camufla una guía turística en su novela, que el lector deberá ir descubriendo página a página; porque París es una ciudad que tiene un protagonismo indiscutible en el acervo colectivo, es un símbolo y, sin olvidar los lugares a los que todos acudiríamos, nos muestra otra cara de la Ciudad. Y utiliza el romance entre Yolanda y Patrick para ocultar ese viaje, que si no estamos atentos podemos perderlo entre escenas de amor, de sexo sin tapujos, entre veladas agradables al atardecer, entre momentos cómicos como la escena del "vick vaporub", o las locuras de las citadas vecinas de la rue Sorbier...

¿El final? ¿Qué importa el final? La vida es bella, como se titula el capítulo 27 de esta novela que, a quien esto escrible, le ha traído tan agradables recuerdos de París.

Francisco Javier Illán Vivas