Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

jueves, 31 de enero de 2013

La mar y la llama

La mar y tú, la rosa, sois fugaz
crucifixión de un cuerpo que se exhala.
Crucifixión y muerte del amor
de esa frágil rosa que es el mar,
la esposa aquella de las curvas formas
de los ojos heridos por gaviotas,
de la frente lluviosa y pensativa;
la mar contemplación, luego misterio,
como un milagro que llorara al hombre
siempre, que lo cercara siempre, amándolo,
odiándolo sin pizca de odio,
sólo azotando su aventura, su ira
por llegar más allá de lo soñado,
dejando al tiempo atrás como un gran can
dando ladridos rojos, dando rosas.
La rosa y tú, que rizas tus cabellos
para lanzar espumas al galope
contra las sombras que la noche alberga.
Déjame herirte de aves, de sucesos
de amor, para una iniciativa de olmo
que en beso acabe, en comunión, gemido.


¿Si digo una palabra, si la creo
alta y azul, anuncio el mar? ¿Si digo
la mar”, pronuncio todas las palabras,
como “hueso”, “cerezo”, “álbum” o “tris”;
o “a moi”, o “credere” o simplemente
rosa”. Si digo una palabra, y
la creo hermosa y me conmuevo, y miro
más allá de mis ojos extendiéndola,
y no hay lunas que la adormezcan, ni horas
que su vejez desnuden; si me lleno
de amor por ella, de alas, de bocados,
y a ella a la vez del mismo amor la colmo,
luz, casi amargo, casi sangre o risa,
quizás palabra hiriéndose de pájaros,
es el mar y su llama lo que digo:
y, allí, la rosa, quieta, en su silencio
esperando, no dicha, sin milagro
aún, hasta el concierto con la muerte.

Puedes ver la publicación original de este poema pinchando AQUÍ.

Vicente García Hernández (Molina de Segura, 1935) poeta, dramaturgo y escritor, es sacerdote católico. En 1965 fue accesit al premio Adonais de poesía con Los pájaros. Materia elemental fue publicado en 2012.