Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

lunes, 17 de febrero de 2014

Reportaje fotográfico del evento organizado por Editorial ADIH en la Biblioteca Salvador García Aguilar de Molina de Segura (Murcia)

Francisco Javier Illán Vivas, Joaquín Marías Corbalán, Juan Gil Palao y Antonio Galera, durante un momento de la presentación.





El pasado 13 de febrero se celebró en la Biblioteca Salvador García Aguilar la presentación de la Asociación de Difusiones e Investigaciones Históricas en Molina de Segura, de su joven proyecto editorial, Editorial ADIH, de su revista de historia MEDIEVO Revista de Historia, y de dos de sus novedades editoriales: La senda amarga, de Joaquín Marías Corbalán; y Hay cosas que tiran más, de Juan Gil Palao.

El evento contó con la presencia de público desplazado desde Yecla y desde Alguazas y algunos aficionados de Molina de Segura, entre ellos personal de la cultura y escritores.
Reportaje fotográfico de José María López Conesa y de Francisco Javier Illán Vivas.

domingo, 16 de febrero de 2014

Cuentos de El Puerto, de Dolores Estal Hernández (Reseña nº 611)

Dolores Estal Hernández
Cuentos de El Puerto
Alacena Roja, noviembre de 2013

Cada día me agradan más los libros de relatos, no sé si será cosa de la edad, que podría serlo, pues voy encontrando más placer en estas breves narraciones que te mantienen durante unos momentos pegados los ojos al papel y que, en el mundo de las prisas como el actual, cuando te ves en la necesidad de cerrar el libro, la aventura ya ha terminado, pero te esperan otras muchas por comenzar nuevamente.

Eso es lo que he encontrado en Cuentos de El Puerto de Lola Estal, amiga y compañera de Acantilados de papel y de mi anterior etapa como codirector de Ágora papeles de arte gramático, junto a nuestro común amigo Fulgencio Martínez. 

Nos dice la autora, en el prólogo, que este libro es una recopilación de sus primeros relatos, uno de ellos fue el primero que escribió, Cuando llora el alma, que me ha parecido bastante bueno, bien narrado y relacionado ese llanto del alma, el volar, el pico del ave, y otros picos que no son tan bellos ni tan livianos.

Relatos, los de la primera parte del libro, que parecen enraizados en la experiencia personal de la autora, en narraciones ficticias que tienen mucho de reales, muy personales, bien por que ella las ha vivido, bien por que a ella se las han contado. Por ejemplo, Miguel, el relato donde el protagonista se da cuenta de que lo que estaba viviendo no era su idea de la adolescencia, ni por mucho terror que hubiese vivido, llegó a imaginar nunca que a las 12:45 estallaría un artefacto en la Avenida Central...

Otro relato donde he visto a la autora es La sordera de Dios, y esa reflexión del protagonista, "buscar a Dios y hallar que no está, que no es, es el final de una meta".

Relatos también muy unidos al mar, a ese lugar que tanto ama de El Puerto de Sagunto, de ahí el título. En la segunda parte nos narrará otros que tienen el espíritu de la sierra La Calderona.

El lector encontrará relatos breves, pero también alguno que podría ser considerado una novela corta, para terminar con una selección de breves que nos lleva, casi en volandas, hacia el final del libro en una sensación de magia narrativa, muy apropiada al último relato: la magia del circo, Sensaciones junto al circo... que no es uno de nuestros circos actuales.

Me quedo con esta frase "Duele todo el cuerpo por las horas vacías".

Francisco Javier Illán Vivas

sábado, 15 de febrero de 2014

Días lúgubres, de Juan Sayagués (Reseña nº 610)

Juan Sayagués
Días lúgubres
Alhulia, febrero de 2013

Un desconocido remitente del correo electrónico nos pidió, hace un par de meses, que reseñásemos su novela Días lúgubres, y nos hacía llegar un par de críticas que se habían publicado en la red sobre la misma. Supongo que la respuesta de la redacción fue la típica: nosotros reseñamos aquí, en Acantilados de papel, y en Leelibros.com, prácticamente todos los libros que nos llegan. Además, los leemos y, después, si es el caso, escribimos la crítica literaria.

Fechas más tarde recibimos un ejemplar físico, en papel -me encantan los libros en papel- y me sorprendió que aquello que pensaba era una novela, se trataba en realidad de una obra de teatro... Pero ahí volvían las rarezas de estos Días lúgubres. No era una obra de teatro, sino una novela dialogada que juega con el teatro para desarrollarla. Interesante. Supongo que, como muchos lectores antes que yo, le vino a la memoria La Celestina, y eso comenzaban a ser palabras mayores.

Una novela irónica, picaresca y que me fue pareciendo, conforme avanzaba por sus páginas y sus esperpénticos diálogos, muy de actualidad, muy crítica, y que perfectamente podríamos situar en el año 2014 de nuestra era y en cualquiera de los gobiernos que soportamos.

Porque el mayor mérito de Don Pollón, es tener el miembro viril enorme. De hecho, toda la trama gira alrededor de ese desproporcionado tamaño y gracias a ello se procederá el paso desde la Falocracia a la Pornocracia, que no me diréis no son adjetivos con los que perfectamente puede clasificarse cualquier gobierno autonómico, nacional o europeo de estos primeros años de siglo XXI.

Alrededor de tamaño pene giran un Dalai Lama incalificable que se encomienda más de una vez a la Virgen Santísima, Altramuz, el lacayo de Don Pollón, siempre reclamando que su señor se acorte el miembro viril; una roca pisapapeles, John Saladys, don Pedro, los andrólogos, los esclavos Verrugón y Malauva... en fin, los típicos elementos de la oposición parlamentaria y los acólitos del gobernante de turno.

Sí, he visto esa crítica actual, muchas veces feroz, de lo que estamos viviendo, en clave de ironía, picaresca, festiva si queréis, de la Marca España (no necesariamente, tampoco, no podía ser de otra forma), en un mundo donde sólo se habla español, aunque con algunas variaciones según en lugar del mundo donde nos encontremos...

Inteligentes y puntuales son también las citas, o referencias, a momentos históricos, pasados y actuales, como si todo ocurriese al mismo tiempo en esa Falocracia / Pornocracia hacia la que marchamos sin solución de continuidad.

Francisco Javier Illán Vivas

viernes, 14 de febrero de 2014

Galaxia Kafka, de varios autores (Reseña nº 609)



VVAA. Compilador: Edgardo Cozarinsky
Galaxia Kafka
Adriana Hidalgo Editora, 2010

Hay escritores que son como una explosión en el  mundo de la literatura, y cuya onda expansiva es tan impactante que hace que éste se tambalee en todas las direcciones y tiempos. Kakfa, como ya advirtió Borges, es una de esas hecatombes: un meteorito que influye en sus sucesores pero que también crea a sus precursores.

Compilados por el polifacético escritor Edgardo Cozarinsky, reúne este volumen un significativo y variado ramillete de relatos y poemas (solo dos) que rondan la sombra alargada del escritor checo. Me parece interesante destacar que se han incluido cuentos anteriores a Kafka, lo que confirma de algún modo la teoría de Borges sobre la influencia retroactiva de su  literatura. El más conocido ejemplo lo hallamos en la obra de Hawthorne, escritor norteamericano de algunas fábulas, que si no fuese por su carácter pretendidamente moralizador, podrían atribuirse a un Kafka iluminado por la oscura incertidumbre del desasosiego.

Pero además de los escritores siempre citados o fácilmente reconocibles como kafkianos, Cozarinsky ha seleccionado otras piezas menos conocidas, junto a otras imprescindibles para completar una antología brillante, necesaria para los lectores de la buena literatura. Por ejemplo, de J.R. Wilcock, escritor que deambuló entre Argentina e Italia, se han incluido tres pequeños textos que rozan la sátira y nos divierten presentando una galería de monstruos cotidianos. De Virgilio Piñera, el escritor cubano más kafkiano del siglo XX, podremos leer otros tres pequeños cuentos, extraídos de sus Cuentos fríos y de El que vino a salvarme. Por supuesto, aunque estas tres piezas se adscriban claramente al universo kafkiano, cualquier otro cuento de las mencionadas antologías hubiese estado a la altura de ser catalogado en un libro de estas características.

Reinhard Lettau nos regala un extraño cuento que se reduce a una prolongada espera. J.M. Roca juega con el microrrelato de lenguaje poético para trazar una rescritura de La metamorfosis y la vida del autor praguense. Ospina y Viva Hurtado han optado por la poesía para rendir su homenaje a Kafka. En Kafka y yo, de Timo Berger, una obsesión se apodera del protagonista hasta el punto de inventarse una vida paralela al escritor judío, con cucaracha incluida.
El premio Nobel de Literatura, Isaac Bashevis Singer narra en El amigo de Kafka una narración semibiográfica, en la que ficción, memoria y vida se entremezclan en una delirante y conmovedora historia. Otros reconocidos escritores firman cuentos kafkianos: Borges, Cortázar o Hrabal.  Anécdotas conocidas como la de la muñeca viajera, que tantas páginas ha conseguido arrancar, también se incluyen aquí: Davenport escribe al respecto un memorable cuento epistolar de urdimbre onírica e infantil titulado La vuelta al mundo de Belinda.

Es quizá el cuento más espeluznante y sorpresivo el que firma Shirley Jackson: La lotería. Una historia fantástica, con final inesperado, que dibuja un ambiente cotidiano de un mundo desconocido y cruento, cercano e improbable, pero que quizá por esa mixtura de realidad y fantasmagoría es de las mejores piezas aquí presentadas.

En definitiva, lejos de Praga o en la misma capital de Bohemia. Recientes o del siglo XIX; poemas o cuentos, realistas o fantásticos, paródicos, humorísticos, terroríficos, costumbristas o surrealistas. Miles son las formas que tiene el hombre de acercarse al absurdo, a la literatura más distorsionante de la realidad. Pocos autores han sido tan emblemáticos e inspiradores como lo ha sido Franz Kafka. En esta antología se hace el imposible intento de rescatar una cartografía de su proyección, de la galaxia que ha creado este Big Bang llamado Kafka. Algunas piezas nos recuerdan las atmósferas reducidas y asfixiantes de El proceso. Algunos cuentos se acercan a su absurda manera de observar el mundo. Otros autores han rebuscado en su biografía, en su obra para recrear un fragmento de literatura que homenajea o que reinventa la figura del abogado gris de la Praga de principios del siglo pasado. 

Diferentes estelas que cruzan este Universo llamado Kafka y que consiguen esbozar una sonrisa de complicidad a los amantes de su obra. O de perplejidad, o de asombro.

Además de los comentados están incluidos en Galaxia Kafka: Rabbi Nachman de Breslov, Paul Leppin,  Santiago Dabove, Johannes Urzidil, Bruno Schulz.

También se puede leer este volumen obviando la presencia de Kakfa y disfrutando de un conjunto de muy buenos relatos y textos de diferente factura, originales y de gran calidad. De disímiles tonos y texturas, y a la postre, muy interesantes en su conjunto.

Pedro Pujante

jueves, 13 de febrero de 2014

Cuna de porcelana

Ajena a cuanto la rodeaba, sólo tenía ojos para detectar escaparates con ropa de bebé. Ni la desapacible tarde de aquel otoño adelantado ni la distancia impuesta para el encuentro podrían malograr su alegría y la certeza de que también él acabaría por celebrarlo. Lo supo nada más verlo; su chico no solía ser muy puntual.

«Llegas tarde -dijo por todo saludo-Y estás muy cambiada. Demasiado gorda.»

¿Cómo espera éste que esté -se preguntó ella-, después de seis meses sin vernos y en mi estado? Seis meses soñando con aquella promesa de felicidad que los unía, recordó la bella croata.

-Eso era ayer -quiso aclarar él.

-No te entiendo.

-Es la ventaja de no hablar la misma lengua. Toma, llama a un taxi y vuelve al centro -dijo introduciendo dos billetes en el bolso de ella-, que debes estar muy cansada. Tienes hasta mala cara.

Lo de menos era la lengua. Pero no lloró, ni pidió explicaciones, buscó una parada de Bus y se sentó a esperar al primero que llegara. Sólo que su fortaleza disminuía a medida que la espera se alargaba. ¿Adónde podía ir? Ni siquiera contaba ya con el cobijo de su última semana en España, ni con nadie que la esperara; con lo único que contaba era con los cien euros que él le camuflara a modo de un «Ahí te las apañes.» Sin más abrigo que el amplio vestido de lino, cuando subió al autobús sentía malestar y estaba helada. «¿No tiene un billete mayor? -preguntó molesto el conductor mirando los cincuenta euros que la joven le entregaba-. Ya es mala sombra tener este trayecto de noche y que, encima, le salga gratis al viajero.»

–Lo siento, no cuento de otro –se disculpó la croata en su pésimo castellano.

–Vamos, suba. No le daré billete –dijo el hombre con visible prisa por arrancar.

Ella se dirigió al último asiento de aquel autobús vacío y, hundida la cabeza en el regazo, no tardó en dormirse. Y en soñar con el hijo maravilloso al que no tardaría en conocer; tenía el pequeño los mismos ojos que le cautivaran en el padre y un dulce respirar. A ella le hechizaba acariciar la delicada piel y el asomo de angora que cubría la adorada cabeza y no sentía otra necesidad que la de ver pasar los días enlazados unos con otros, embebida en la fragancia emanada del minúsculo cuerpecillo; enamorada, feliz y orgullosa ante aquella realidad salida de sí misma. Solo a una hermosa melodía de Schubert se le permitía ser testigo de aquel dúo perfecto. Si por ella fuera jamás se reincorporaría al detestable espacio exterior.

La despertó un rugido maligno. Miró en torno suyo y no vio nada; volvió a mirar hacia todos los lados excepto a la cuna, aquella fiereza no podía venir de allí. Pero venía de allí. Del dulce lecho transformado en la imagen del horror. Era de la adorada imagen de donde emergía la siniestra cabeza dominada por unos ojos crueles y una gigantesca boca dispuesta a devorar.

–¡Redíez, señorita! -protestó el conductor ante el horrible grito de la joven viajera-. Para sustos como ese podía haber seguido dormida.

–¿Estamos ya en la Terminal?

–¡Yo qué sé dónde estamos después de una hora dando vueltas por todo Madrid!

–Lo siento. Yo, ni siquiera sé...

–La verdad es que me dio pena despertarla; parecía tener tan dulces sueños... ¿Qué ocurrió, se convirtieron en pesadilla?

–Así... Algo. Bueno, me apeo ya; muchas gracias para todo.

–No se le ve a usted buen aspecto. ¿Seguro que se encuentra bien? ¿Necesita que la lleve a algún lugar. Un hospital, quizás? Es igual, la acercaré al centro; no quiero ser responsable de lo que pueda salir mañana en los periódicos.

–No se moleste para más... Yo, quiero sola, Necesito sola...

–Como quiera.

El conductor la vio marchar sintiendo sobre sí el desamparo de un padre ante la hija indefensa y vencida. Ella no volvió la cabeza. Caminaba lenta, encorvada. Pocas veces se podría pensar con mayor fundamento que el peso del alma se agolpa en las entrañas. Vagó por la calle ignorando los pocos bares aún abiertos. Ni siquiera sabía qué era lo que buscaba. Hasta que vio una clínica. ¿Mencionó el conductor un hospital? No se le había ocurrido antes; entró a los aseos y se encerró durante mucho tiempo; cuando despertó de su desmayo lamentó que no hubiera sido eterno. El cuerpo de la mujer tiene mucho de tirano y no está por complacerla de buenas a primeras. Estrangulando su insufrible tortura, se apropió de todo el papel higiénico que había en los aseos y cubrió un lavabo con él. Se agachó para recoger su hermoso sueño del suelo y lo colocó sobre la improvisada sabanilla de celulosa. Terminó de cubrirle con lo que había dejado aparte y echó a correr deseando quedarse ciega, sorda y amnésica. Deseando morir a cambio de que el otro ser viviera.

María Jesús Benedicte