Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

lunes, 3 de febrero de 2014

Revista literaria Baquiana, nº 87-88, ya disponible en red




REVISTA LITERARIA BAQUIANA (NÚMERO 87 - 88)


Los invitamos a disfrutar de la versión digital de la Revista Literaria Baquiana, correspondiente a los meses de Enero ̶ Abril de 2014, Año XV, Número 87-88.  Por quince años consecutivos, la revista sigue acogiendo en sus páginas a escritores de diversas nacionalidades y tendencias literarias contemporáneas del mundo hispanoamericano, dentro y fuera de los Estados Unidos, al igual que muchas otras noticias del acontecer cultural.

La revista trae en este número una variada selección de poesía, cuentos, reseñas, ensayos, narrativa, opiniones, teatro y dos entrevistas. Las dos entrevistas que trae este número estuvieron a cargo de Maricel Mayor Marsán y las entrevistadas fueron la poeta venezolana Dinapiera Di Donato, ganadora del Premio de Poesía “Octavio Paz” (Estados Unidos, 2012) y la novelista uruguaya Carmen Posadas, ganadora del Premio Planeta de Novela (España, 1998). 

En esta ocasión, la sección poética está compuesta por tres poetas cubanos (Jesús Alberto Díaz Hernández (Tinito), Lizette Espinosa y Liliana León Trujillo), una poeta ecuatoriana (Ana Cecilia Blum), una poeta dominicana (Glenda Galán) y un poeta argentino (Juan Ramón Ortiz Galeano

Para los que gustan de la ficción, podrán deleitarse con los cuentos de los escritores españoles: “Agua salada” de Mercedes Gutiérrez, “El ermitaño” de José Manuel Prado Antúnez y “Retorno a Molokai” deLuis Miguel Rubio Domingo. En la sección de narrativa, podrán leer un relato de la escritora venezolanaXiomary Urbáez

En la sección de reseñas de libros, podrán leer: “La fuerza del amor en  Carta para Adriana y otros cuentosde Roberto Hernández Russi” por José Antonio Albertini, “Moda, literatura y arte: Carlota Caulfield” porAntonio Beneyto y Jaime D. Parra, “Dudas, errores y sombras / Doubts, errors and shadows, cuentos bilingües de Patricia E. Blumenreich” por Maricel Mayor Marsán, “Lenguaje plurivocal y multiforme en el libroAdagio con fugas y ciertos afectos de Lourdes Vázquez” por Maricel Mayor Marsán, y “La carne: figura emblemática en La carne estremecida de José Alcántara Almánzar” por Myra M. Medina.

En la sección de ensayos, presentamos los textos: “La nostalgia como expresión existencial en la poesía de Rafael Montesinos de la profesora Lola Hidalgo Calle y “De Gelasia a Marcela: rasgos distintivos de los personajes femeninos cervantinos” de la profesora Nancy Elena Vinces.

En la sección de opiniones, los lectores se encontrarán con dos textos a través de los cuales recordamos a dos figuras importantes de la literatura hispanoamericana ya fallecidas, una hace varios años y la otra hace apenas unos días: “El dolor de la palabra en Mortal y Rosa de Francisco Umbral. Elegía y duelo a la muerte del hijo” por el escritor español Pascual García y “José Emilio Pacheco in memoriam (1939 – 2014)” por el escritor y catedrático colombiano Harold Alvarado Tenorio.

Y para finalizar, hemos publicado en la sección de teatro, la obra completa e inédita: Tula, La Magna” del dramaturgo cubano Pedro R. Monge Rafuls, para conmemorar el bicentenario del nacimiento de la gran poeta y dramaturga cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda que se celebra este año con muchas actividades en varias partes del mundo.

Soneto de la primera vez

Permíteme salir que rompe el alba,
demonio que bregaste en fiera selva
conmigo y contra ti la noche entera,
la noche del que sueña cuando te ama.

Permíteme salir que el pecho inflamas
 con esta saña ardiente de tu lengua
que la vida me liba en la entrepierna    
y seca la virtud en mis entrañas.

Cuán sencillo te ha sido el mutilarme,
sajándome el tendón, bestia fraterna,
que vences la esperanza con tu carne.

Desalmado que todo lo me lo vejas,
frotando mi ternura en tu ramaje,
de ti no me he de ir cuando amanezca.


Pedro Juan Gomila Martorell nació en Palma de Mallorca en 1967. Es poeta, traductor del griego clásico, latín y catalán, y autor de los libros De las paganas masturbaciones (La Lucerna, 2005) y Eidolon I. Arcadia Desolada (La Lucerna, 2013). También ha sido el co-traductor del libro de Miguel López Crespí Densa marea de tristeza (La Lucerna, 2006) y de Diálogos: De las raras y eminentes cualidades  de los asnos de este tiempo – De la vida privada de François de La Mothe Le Vayer y Antología de la poesía griega homoerótica, de próxima publicación en la editorial La Lucerna.

domingo, 2 de febrero de 2014

Hijos del desierto, de José Valero (Reseña nº 604)

José Valero
Hijos del desierto
Literanda, noviembre de 2013

José Valero lleva, en su novela de ciencia ficción, la lucha del bien y del mal que azota la humanidad desde los tiempos primeros, a la lucha entre el hombre y la naturaleza, más concretamente, entre el hombre y los árboles.

Hijos del desierto es una novela de fantasía, de ciencia ficción, o de ficción distópica. Puede haber ocurrido en un lejano pasado, en otra dimensión de nuestro universo, o transcurrirá en un futuro no muy lejano, porque temo, que de ocurrir en un futuro lejano, ya no existan árboles ni condiciones para que la vegetación se desarrolle en este enfermo planeta.

José Valero es, en lo referente a nombres, culturas, religiones, localizaciones, muy ecléctico, lo que da un interesante punto de vista a la lectura, ya que nos encontraremos, a lo largo de las más de 500 páginas ilustres apellidos que todo lector avezado asociará a personajes históricos, a ciudades actuales o pasadas, a situaciones que, parece ser, cíclicamente tenemos que vivir los humanos, que nunca aprendemos.

El pueblo arborícola, hombres topo, druidas, Imperio, un ejército de barrenderos, kraken´s, espías imperiales, desérticos, provegetación... y una muy interesante división de las ciudades del imperio, en lo que se asemeja lo que los gobiernos de la tierra, en siglo XXI quieren convertir a sus gobernados: casi en esclavos, con sociedades separadas por infranqueables muros, donde los parias de la tierra no puedan molestar a nobleza (entiéndase banqueros, políticos, deportistas, religiosos...) ni a gobernantes (entiéndase, Gobierno, diputados, senadores...)

La lucha entre la naturaleza y, dentro de ella, los árboles, contra los humanos; y los humanos contra los árboles, José Valero ha conseguido llevar al lector pendiente de una interminable lluvia de hojas durante 544 páginas. Un logro destacable, con una prosa ágil, rápida, sin florituras.

Si he de poner una pega a esta aventura, es que no se pueda encontrar, todavía, en papel. Aunque sea en papeluretano.

Toñy Riquelme

La pequeña burguesía, de Lola López Mondéjar (Reseña nº 603)

Lola López Mondéjar
La pequeña burquesía
La Sierpe y el Laúd, noviembre 2013

Los relatos son, algunas veces, tan breves como una instantánea y La pequeña burquesía parece un instante capturado presto para subirlo a la red social preferida de cada uno.

Incluso el último, Dinastía 2006, de más de treinta páginas de la, también, breve por pequeña, colección Acanto de La Sierpe y el Laúd. Ya os digo, desconocidos lectores, también este relato, pues la autora nos lo divide en cuatro momentos con nombre de mujer.

Ella, la mujer, es la protagonista de tan impactantes imágenes, menos en el primer relato, El hombre pez, que igualmente podría ser una fotografía de un hombre con tumbona con el mar al fondo.

Un metro abarrotado, multiétnico, multicultural, multicolor, acompaña a una elegante mujer con un libro en una de las esquinas, en el relato Cercanías.

Con alas, la protagonista será una mujer con abrigo rojo, con prisa, que una mano implorante detiene. No reclama dinero, es algo más, es un mundo lo que pide, que se rescate a personas y no a bancos. Aunque el objeto que lo represente sea una compresa con alas.

La necesidad de que alguien se fije en ella, la desolación de la soledad más profunda, de ese anciano que es ingresado en un hospital y ya nadie acude a recogerlo, es el motivo de este instante, de este Arrepentimiento, aunque podamos ver el estrado, al juez y al testigo entre las sombras.

¿Quieres chico? es placer, nuevamente soledad en silencio, aunque los ruiseñores puedan interrumplir el placer de dos cuerpos amándose.

Por el contrario, Amantes es una cicatriz, física y temporal, son treinta años, sin palabras. Imagen muda en un aeropuerto, donde la lluvia acompaña el despegue de un avión.

Dinastía 2006 está presidida por una botella de vino y, superpuestas, inclinadas sobre el eje que marca la botella, el instante de cuatro celebraciones, cuatro cumpleaños, rodeadas de amigos, en la intimidad, ante la alegría, ante la sorpresa del inesperado acidente; cuatro momentos: Aurora, Ana, Irene y María.

Fotografías todas ellas surgidas de la pluma de Lola López Mondéjar.

Francisco Javier Illán Vivas

sábado, 1 de febrero de 2014

Chocolat, de Joanne Harris (Reseña nº 602)



Joanne Harris
Chocolat
Duomo Editorial, 2013

«La panadería se abrió ayer. Pero no es una panadería. Cuando me desperté ayer, a las seis de la mañana, ya habían retirado la tela de protección que la cubría, estaban colocados el toldo y los postigos y levantada la persiana arrollable  del escaparate. Lo que antes era un caserón corriente y más bien destartalado, como tantos otros de por aquí, se había convertido en una especie de tarta roja y dorada que se recortaba sobre el deslumbrante fondo blanco. En los maceteros de las ventanas hay rutilantes geranios rojos y en torno a las barandillas se retuercen guirnaldas de papel crespón. Y coronándolo todo, un letrero de madera de roble en el que aparece el nombre de la tienda trazado con letra inglesa: La Céleste Praline. Chocolaterie Artisanale»

En el pequeño (y conservador) pueblo francés de Lansquenet-sur-Tannes soplan vientos de cambio que arrastran consigo un seductor aroma capaz de evocar tierras lejanas y exóticas. La dulce fragancia recorre las calles, penetrando en los humildes hogares de sus vecinos quienes, incapaces de resistirse, buscan el origen hasta encontrarse frente al escaparate de la chocolatería recientemente inaugurada. Un negocio atípico dentro de aquella comunidad, acostumbrada a la privación y, sobre todo, al castigo. La propietaria advierte la presencia. Su sonrisa es una invitación que no necesita ser pronunciada para vencer la reticencia inicial y entrar. Al cruzar el umbral son recibidos con una taza de chocolate caliente que consigue hacer desparecer el frio del cuerpo, así como un inmenso vacío del alma que desconocían hasta que Vianne Rocher nos ofreció aquel refugio elaborado con cacao. 

«Chocolat» es una fábula gastronómica sobre la felicidad a través de los pequeños detalles, una oda al amargo fruto que endulza nuestras vidas, proporcionándonos un placer tan intenso como efímero. Joanne Harris nos ofrece una novela deliciosa, los sutiles matices de su prosa estimulan los sentidos del lector, tal y como ocurría en «El perfume» (Patrick Süskind), para obsequiarlo con una lectura irresistible. Un libro que no puede devorarse a grandes bocados, sino saboreado lentamente, dejando que las palabras evoquen texturas, olores y sabores hasta conseguir el éxtasis literario. 
«La mezcla de perfumes del chocolate, la vainilla, el cobre caliente y el cinamomo provoca mareo, está cargada de sugestiones, transmite ese deje duro y terrenal de las Américas, el aroma caliente y resinoso del bosque tropical. A través de él viajo ahora, como hicieran en otros tiempos los aztecas con sus inquietantes rituales: México, Venezuela, Colombia. La corte de Moctezuma. Cortés y Colón. El alimento de los dioses, burbujeante y espumoso, servido en tazones ceremoniales. El amargo elixir de la vida»

La autora evoca la magia tras los gestos más sencillos y, aparentemente, fútiles, así como el efecto que son capaces de obrar en las personas. Una caricia, un bombón, una palabra amable, un trozo de tarta de chocolate, una sonrisa, una humeante taza de cacao, un poema… Por esta razón Francis Reynaud, párroco de Lansquenet, rechaza la presencia de Vianne Rocher y su negocio. 

El cristianismo asocia el origen del pecado con la comida. En aquella ocasión, la tentación procedió de una simple manzana, ahora Reynaud debe enfrentarse a un alimento empleado antiguamente en ceremonias paganas para adorar a falsos dioses. La gula convertida en un culto en el que, poco a poco, sucumben sus feligreses. 

Precisamente, «Chocolat» denuncia la intolerancia social. Los sermones dominicales del padre Reynaud transmiten a la comunidad un mensaje la obligación de mantener las buenas costumbres que siempre la han regido para preservarla ante amenazas externas, como los gitanos. Es entonces cuando comprendemos que la rivalidad establecida entre ambos es consecuencia de los celos del primero hacia la segunda, porque la apatía, incluso el desprecio, hacia sus parroquianos explica la desazón ante los cambios que se están produciendo desde la llegada de Rocher. Obsérvese el rechazo hacia Serget Mustac, quien maltrata constantemente a su esposa, Josephine, pero él consiente (y justifica) amparándose en el sacramento del matrimonio. O la negativa de aceptar que los animales tengan alma, cuando sabe que le proporcionaría un consuelo  a Guillaume Bierot tras conocer la enfermedad incurable de su mascota. Por el contrario, Vianne Rocher no realiza juicios de valor y permite la entrada en su particular santuario a todo el mundo, sabiendo que necesita cada persona solo con observarla y proporcionándoselo envuelto en brillante celofán y vistosos lazos de colores.

De hecho, incluso se permite el lujo de realizarle pequeñas bromas al obsequiarlos con: «Una docena de mis mejores buitres de Saint-Mâlo, pralinés pequeños y planos tan parecidos a ostras obstinadamente cerradas»

Curiosamente, las diferencias existentes entre ambos personajes se complementan. De ahí que la narración en primera persona se intercale entre Francis Reynaud y Vianne Rocher a fin de equilibrar el tono de la novela. Este contraste de las percepciones viabiliza un tratamiento múltiple de la historia, sin incurrir en prejuicios y conservando la objetividad durante todo el relato. Es cierto que experimentamos un mayor aprecio por algunos personajes, aunque todos poseen una imperfección atractiva que los convierte en personas reales y cercanas a cualquiera de nosotros. 

A pesar de la sugestiva presentación, Joanne Harris no consigue dar una conclusión satisfactoria para algunos, incluso resultan decepcionantes. La autora evita cualquier enfrentamiento, optando por un final edulcorado. Posteriormente escribiría «Zapatos de caramelo» y «El perfume secreto del melocotón», resolviendo muchas de las líneas argumentales que habían quedado aplazadas  en esta novela. Es decir, si «Chocolat» hubiese sido un libro con principio y final, quedaría la impresión de que adolece de un desarrollo coherente, especialmente durante los últimos capítulos. 

«Chocolat» es una pequeña delicatesen literaria concebida para disfrutarse durante toda su lectura de forma pausada para conseguir «un placer que sólo dura un momento y que únicamente unos pocos pueden apreciar plenamente». Es cierto que algunos detalles endulzan de forma innecesaria una historia con un fondo amargo, Joanne Harris nos obsequia con una novela absolutamente irresistible. Disfruta del postre. 

Mª del Carmen Horcas López