Yarilo era el dios eslavo de la fertilidad que
deambulaba por las tierras de la gran madre Escitia, una región cuajada
de pueblos guerreros y bellas doncellas de ardiente sangre. Esta es la
historia de una de ellas; su nombre era Zlatica, quien, tras pasar el
día cazando, se relajó en una hermosa laguna bañada por el cálido sol.
Yarilo acertó a pasar por aquel lugar justo cuando la bella Zlatica se
bañaba desnuda.
La
observó desde el linde de un bosquecillo de abedules. Ella se percató
del apuesto mancebo sin saber que aquel gallardo ser era el dios de la
primavera.
Sin ningún
pudor, salió de la laguna dirigiéndose hacia donde se encontraba Yarilo,
que ardía en deseos de poseerla. El encuentro, breve pero tan intenso
como el estío, dejó en la joven una huella imborrable; sin embargo, al
ver al dios partir hacia el sur, la joven Zlatica quedó apesadumbrada.
Yarilo,
conmovido por la profunda tristeza de la joven, la transformó en una
hermosa zarzamora para que su amor perdurara en la tierra, otorgando a
sus frutos el color morado como símbolo sagrado.
M. D. Álvarez

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