¿Creerías que estoy loca si os dijera que he visto cosas
espantosas y aberrantes tratar de colarse en nuestro universo y ser
volatilizadas en implosiones de grandes proporciones por nuestro
guardián universal, el hijo de un celestial y una humana, cuya fuerza y
tesón no tienen parangón en ningún universo paralelo?
Si
los que me siguen ya saben de quién estoy hablando: Héctor, cuyos ojos
de un azul celeste han visto lo maravilloso y aterrador de todos los
universos por los que se mueve, creando y cerrando portales
multidimensionales.
Hoy
voy a contarles otra de las muchas aventuras de Héctor. Esta vez, su
viaje lo alejó de nuestro mundo, al que adoraba. Creó un portal que lo
transportó a un universo oscuro donde las criaturas más dantescas y
oníricas trataban de acceder por una grieta temporal a nuestro universo.
Héctor
percibió enseguida la ausencia de sonido. La penumbra aterradora y las
criaturas que pululaban por la oscuridad eran frías y aterradoras. Lo
que le sorprendió fue que ninguna hizo ademán de atacarlo; es más, lo
observaban con suspicacia. Parecían dirigirse a toda prisa hacia la
grieta temporal; era como si trataran de huir de algo o de alguien. De
pronto, un frío glacial le heló los huesos. Tras él, un pavoroso y
descomunal monstruo se quedó mirándolo. Sus pensamientos caóticos y
distorsionados fluían con tal rabia que temió ser decorado por aquella
aterradora hilera de dientes, pero alzó la mano y dijo:
—No quiero hacerte daño, solo quiero reparar la brecha temporal.
El
descomunal monstruo pareció comprender y se alejó hacia uno de los
millones de mundos de aquel universo oscuro y tenebroso..
Se
dirigió hacia la gran falla en el vórtice y, utilizando la energía
ancestral de los celestiales, cerró el paso a las criaturas de la noche
que anhelaban el calor y la luz, no vistas. Después de sellar el paso,
abrió el portal de regreso y, echando una última mirada tras de sí, vio
que todo estaba conforme a las reglas universales.
Una vez de nuevo en nuestro universo, regresó a su tan amado mundo hasta la siguiente aventura.
M. D. Álvarez

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