Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

viernes, 16 de mayo de 2014

La noche a través del espejo, de Fredric Brown (Reseña nº 645)



Fredric Brown
La noche a través del espejo
Reino de Cordelia, 2014


De vez en cuando llegamos a libros que nos sorprenden y de cuya voraz lectura no podemos desprendernos porque se tornan adictivos. Divertidos, interesantes, intrigantes y de ritmo vertiginoso. Y de algún modo únicos, historias con su peculiar aroma y un distintivo gusto que las hacen inolvidables. Todo esto es aplicable a La noche a través del espejo, cuyo título original es Night of the Jabberwock, en referencia al extraño e indescifrable poema que Carroll incluyó en su famosa obra A través del espejo, secuela de la aún más célebra Alicia en el país de las Maravillas.

Fredric Brown (1906-1972) fue un escritor prolífico, poco frecuentado hoy día en España, pero cuyas obras fueron adaptadas al cine en diversas ocasiones. Escribió  varias novelas fantásticas, de ciencia ficción (famosa es ¡Marcianos fuera de aquí!), misterio y policiales. De este proteico último género participa La noche a través del espejo. Fue escrita en 1950 y la escritora Ayn Rand se confesó entusiasta de ella.

La novela es una historia de corte negro, con asesinatos, misterios, humor y claves literarias incluidas. En un pequeño pueblo de la América profunda en el que nunca ocurre nada Doc Stroeger, editor del periódico local, se verá envuelto en una serie de incidentes que tendrán lugar en el transcurso de una sola noche. La visita inesperada de un misterioso personaje lewiscarrolliano traerá consigo una suerte de acontecimientos que pondrán patas arriba el sosiego que rige la vida de la pequeña y solitaria comunidad de Carmel City. Una novela de este tipo, cuyo argumento es el máximo aliciente para su lectura, no puede ser destripada sin revelar detalles que preferirá el futuro lector desentrañar. Lo que sí se pueden añadir son algunas conclusiones para animar a su deliciosa lectura.

La trama está bien diseñada, y aunque el lenguaje es llano y sin artificios –incluso extremadamente realista y coloquial en muchos momentos- es la herramienta de la que se vale Brown para relatarnos esta trepidante historia detectivesca, de policías, criminales fugados, cadáveres inesperados, personajes misteriosos, vasos de whisky, enigmas literarios, más tragos de whisky y soterrados secretos vecinales. Todos estos ingredientes los combina con maestría Fredric Brown para ofrecernos una novela, que además, añade ciertas referencias al mundo fantástico de Lewis Carroll. Pero no nos equivoquemos: La noche a través del espejo no es un críptico juego metaliterario con dificultad para los neófitos en el terreno de las letras. El homenaje al escritor irlandés y sus famosas novelas sobre Alicia se limita a meras referencias, que si bien soportan y justifican parte de los enigmas que componen la trama argumental, no implican una ardua tarea libresca ni impedimento para el lector medio. Al contrario, Brown crea el equilibrio justo entre trama y referencias para que la acción avance a un ritmo rápido, vertiginoso, y sumamente divertido. 

Esta novela es, sobre todo, divertida, hilarante por momentos, desquiciante y hasta desproporcionada. Las aventuras que se jalonan endiabladamente en una sola noche mantienen la atención del lector desde las primeras páginas. Los personajes son entrañables, sobre todo el protagonista narrador, un héroe rural, bebedor y con principios, no muy valiente pero de carácter y personalidad únicos, con el cual no podremos sino encariñarnos. 

El lector, además, no podrá evitar pensar en el mejor cine negro americano de los 50 y 60, del cual, es evidente, se alimentó su autor para ambientar su libro. Escenas típicas del mejor noir decoran esta novela, que si bien se distancia del cine más clásico por medio de un añadido interés metaliterario y un regusto irónico y desenfadado, no deja de ser un espejo del mejor celuloide de la época posbélica que nos llegó de los Estados Unidos.

Merece la pena volver a recordar a este autor a través de esta memorable  y divertida novela.

Pedro Pujante