Aquella diminuta plantita de pequeñas, delicadas y
hermosas flores, con apariencia de diminutas bocas de dragón de un
delicado color lila, trataba de sobrevivir en un entorno casi hostil.
Fue
observada por el señor de los campos, quien, viendo lo mucho que se
esforzaba por sobresalir, la colocó en un hermoso muro, en un huequito a
la sombra y con la suficiente humedad para que creciera con toda
libertad.
La hermosa
plantita, en agradecimiento, ofrece hermosas y diminutas florecillas
desde finales de invierno hasta otoño, dando alegría al señor de los
campos por haberla colocado en un lugar prominente.
Oh,
perdón si no os he dicho de qué plantita se trata. Es la cymbalaria
muralis, también conocida por el nombre de besitos porteños, palomilla
de muro, etc.
M. D. Álvarez

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