Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

sábado, 5 de octubre de 2013

Los planetas de Holst, de Santiago González (Reseña nº 557)



Santiago González
Los planetas de Holst.
Alacena Roja Editorial, 2013.

La primera publicación poética siempre implica un punto de «no retorno». Sólo conozco a Santiago González Carriedo a través de este poemario (le preceden dos novelas previas que espero conseguir) y por los breves apuntes biográficos que he reunido: sus diversas experiencias vitales, sin duda, se plasman en estos personalísimos versos publicados por Editorial Alacena Roja.

El lector encontrará una apuesta lírica valiente, plural y compacta. Toma como referencia la famosa suite de siete movimientos del compositor Gustav Holst y captura la magia de esta pieza para gran orquesta; transmuta en verso sus elementos más significativos, en un homenaje contemporáneo y profundamente personal. No estamos ante una mimesis inspirativa, por supuesto, sino en la recuperación de un tema que canta al misterio de la realidad cognoscible desde una mirada creativa y exigente, nada común en los tiempos que corren.

En perfecta emulación de la regla hermética de la astrología renacentista (Así arriba, como abajo) navegaremos por una narración a dos voces, distinguidas por la tipografía (en ocasiones, también por la ausencia del orden lógico o de la elipsis en la misma). Se alterna el mundo cósmico, superior y simbólico, con el de los sucesos emocionales y táctiles, cercanos. Ambos, sin embargo, influyen en la reflexión del creador: su interpretación emotiva y posterior reelaboración bajo su filtro. Esas realidades duales se encuentran profundamente interconectadas. Los astros influyen en nuestros ánimos y comportamientos pero también generan un principio de reacción recíproca: es la propia humanidad quien ha otorgado a los planetas esas capacidades y les ha dado su nombre.

Mediante un estilo depurado se recupera el espíritu telúrico de la sinfonía de referencia. El autor emplea sugerencias metafóricas poderosas y un ritmo marcado y pertinente. El lector recorrerá los planetas y, sin duda, se identificará con la visión cosmológica a la que se canta en conjunto. La de Santiago es una poesía repleta de juegos y guiños: la asociación lúcida, sonora y semántica, acompaña a las grandes preguntas que a todos nos inquietan. El poeta también se aventura, con arrojo, en la referencia metaliteraria (incluso musical y científica) mediante la habilidosa integración de citas de otros autores en el propio texto.

Sin duda, éste es un poemario sobre el Amor con mayúsculas, la energía motriz que mantiene el Universo girando y funcionando en equilibrio. No obstante, como ocurre en un verso, en un poema, en un libro, para que dicho equilibro tenga lugar se deben conjugar gran cantidad de fuerzas, en ocasiones, opuestas. El Amor implica conflicto y destrucción: cada uno tenemos nuestro destino en el eterno magnetismo y es nuestra misión encontrarlo. Una labor alquímica que filósofos, científicos y místicos han perseguido desde el comienzo de la historia. Sin embargo, es la perspectiva del artista, del poeta, la que más se acerca a la salida de esa caverna platónica porque no trata de explicar los misterios, sino que los que canta y los alaba, los necesita, los comprende disfrutándolos. Sin ellos, el alma no se conmueve, la vida sería mucho más gris y menos plena.

Suele comentarse que la poesía es la autoayuda de las mentes elevadas. Tanto si escudriñamos la bóveda celeste, como el interior de nuestra alma en la más profunda cotidianidad, estos Planetas de Holst de Santiago González seguirán influyéndonos, con su danza lírica, en nuestras pequeñas vidas entre Marte y Venus.

Los influjos mágicos de los astros acaban en Plutón, como última frontera: un fin indeterminado lleno de pérdida también lingüística, literal, en ese vacío en expansión repleto de galaxias «preñadas de estrellas y planetas». Una conclusión que lleva en su seno la aceptación de la eternidad y el temor, el germen de lo nuevo, la magia solar de lo amado. Un «punto de no retorno» comparable a una excelente primera publicación poética.

Fernando López Guisado.