Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

martes, 20 de diciembre de 2016

Las publicaciones de Acantilados de papel

Alguna, como podéis ver, están fuera de la posibilidad de lectura, ya que nuestra amiga Lola Estal recibió una oferta para publicar su novela en Hispanoamérica.

Las cuatro revistas que publicamos con un buen número de lecturas que no ha parado de crecer, ahora muy lentamente, pero en su momento, nos sorprendió a propios y extraños.

Y la novela de Tomás Bravo, que os la podéis descargar y leer, todo ello a través del portal Calaméo.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Terrorismo en la City



Era una mañana gris y fría del mes de diciembre, y llovía a cántaros en la ciudad de Londres. Con paso firme me dirigía a Tower of London. Caminaba por el puente de Tower Bridge a grandes zancadas; presentía que alguien me seguía. En mi mano llevaba un maletín con los documentos que tenía que entregar a mi superior. Un extraño accidente había provocado que tuviera que abandonar mi automóvil unas manzanas antes, y por ese motivo tuve que salir huyendo, ya que había sido un suceso provocado para cambiar mi itinerario y llevarme hacia una calle sin salida. Mientras caminaba, la lluvia golpeaba con fuerza mi cara, y por mi cabeza sólo pasaba un pensamiento: « no puedo fallar, ya que mi superior me había pedido que no errase en la misión encomendada, al estar en peligro la nación inglesa ». Me llamo Matt Smith y soy agente del MI6.

A primera hora de esa mañana, me encontraba relajado en mi apartamento viendo por televisión mi programa favorito: Doctor who; serie de la BBC que muestra las aventuras de un señor del tiempo conocido como «el doctor», que explora el universo en una nave espacial capaz de viajar a través del tiempo y el espacio. Mientras disfrutaba con las peripecias del protagonista escuché el móvil; era mi superior que me ordenaba recoger unos documentos relacionados con la lucha antiterrorista que, un ciudadano saudí, me iba a entregar junto a London Eye. Me pidió precaución y sigilo, ya que el contacto estaba amenazado por un grupo terrorista asociado al Dáesh, y que, según los servicios secretos, sus operaciones eran sufragadas por el estado islámico para engendrar terror en suelo británico. Sabía por experiencia que las misiones en las que estaban mezclados terroristas del Dáesh eran complicadas, pero como miembro de unos de los mejores cuerpos del mundo estaba preparado para cualquier contratiempo que se pudiera originar en el marco de la misión; la lucha contra el terrorismo era nuestra primera opción. Miré por la ventana, el Támesis respiraba tranquilidad y, a lo lejos, observé a los turistas pasear en barcos de recreo, y deleitar su vista con las maravillas arquitectónicas que ofrecía una gran ciudad como Londres. Tenía unas horas por delante para acudir al lugar de la cita. Sin prisa abrí el armero, cogí mi pistola Smith & Wesson y comprobé que estaba cargada. Seguidamente me coloqué el chaleco antibalas y, después de coger mi cuchillo Bowie y meterlo en la caña de la bota, cerré el armario y me dirigí a la cocina. Miré la hora y, observando que tenía tiempo, preparé té y, apoyado a la barandilla de la terraza, me lo fui tomando mientras escudriñaba London Eye. Después de fumar un par de cigarrillos y terminar el té, me dirigí al lugar señalado; circulaba despacio, ya que no quería llamar la atención de ningún agente de tráfico; cualquier contratiempo pondría en peligro la misión y la vida del ciudadano saudí. Después de recoger el maletín que, un asustadizo árabe me entregó después de presentarme ante él como agente del servicio secreto, me dirigí al cuartel general. Todo fue bien hasta que llegué a la Catedral de Southwark. En ese momento, un vehículo golpeó mi coche por detrás mientras otro, con un brusco giro, se situó delante con intención manifiesta de sacarme de la ruta. Rápidamente, aprovechando que pasaba un autobús y hacía de pantalla, salí del automóvil, y como una exhalación me dirigí a la zona de Tower Bridge. Corría sin mirar atrás. Corría a grandes zancadas hasta que llegué al puente, donde, durante unos minutos, descansé y tomé un respiro. Cuando me cercioré de que no me seguían comencé a andar hacia la otra orilla. Estaba alerta y atento a cualquier imprevisto. De improviso, como salido de una película de acción, el vehículo que me había golpeado frenó bruscamente a mi lado. Al advertir la maniobra aceleré la marcha, y al mirar hacia atrás comprobé que me seguía a corta distancia. No podía ver el rostro de sus ocupantes, sólo sombras, la lluvia caía con fuerza. Me quedaban unos pocos metros para llegar al final y aceleré el paso. Metí mi mano a la chaqueta, agarré la pistola para comprobar que estaba en su sitio y preparada para cualquier contratiempo. Seguía lloviendo con fuerza y, en esos momentos, ningún ciudadano pasaba por la zona, sólo taxis y automóviles, entre ellos el que me seguía. De pronto aceleró y se puso a mi lado, bajó el cristal y vi sus rostros; eran árabes. El copiloto empuñaba un Kalashnikov y, con una sádica sonrisa en su rostro, me apuntó. Con la rapidez de un rayo bajé las escaleras que quedaban a mi izquierda, y de repente escuché un estallido sordo, potente... Me había librado de milagro de una muerte segura gracias a las escaleras que me condujeron bajo el puente, donde, protegido entre sus muros, relajé mis músculos que estaban tensos, y la piernas, ya que había bajado las escaleras a toda prisa. Tenía la cara desencajada, pálida, y cuerpo tembloroso. Cuando me serené saqué mi pistola y me asomé con precaución; la escalera estaba desierta y, en ese momento, pensé que se habrían marchado, pero luego recapacité y recordé lo aprendido sobre la lucha antiterrorista de origen islámico: combaten hasta morir… 

Al cabo de unos minutos, y observando que no había nadie cerca, me dirigí al cuartel general del MI6 que se encontraba en uno de los edificios que habían dentro de los muros defensivos de Tower of London. En ese intervalo llamé a Scotland Yard para avisar de que terroristas de origen árabe se encontraban en la zona de Tower Bridge. Mientras explicaba, un sobresalto en forma de campanadas estuvo a punto de que sacara mi pistola y me pusiera a disparar como descosido; miré el Big Ben y observé que eran las doce; tenía que darme prisa. Después de unos minutos caminando junto al Támesis, advertí que el vehículo de los islamistas venía de frente en dirección a mí. Con la rapidez y experiencia que me otorgaba los años de entrenamiento en el cuerpo saqué la pistola y me escondí tras un árbol. Desde mi escondite observé como uno de los terroristas salía del coche con el arma de guerra en la mano. Saqué la cabeza un segundo para buscar un lugar donde cobijarme con mejor garantía, pero un disparo seco provocó que la volviese a esconder. Parte del tronco donde me encontraba quedó hecho astillas. Advirtiendo que la única escapatoria era cruzar hacia la puerta que daba al recinto donde se encontraba la torre, y pensando que iba a ser blanco fácil intentar atravesar el paseo, decidí defenderme hasta que llegase la policía. Con una velocidad inusitada disparé contra el terrorista que, a cada segundo que pasaba, se acercaba más a mi escondrijo. Al sentir mis balas silbar su cabeza se lanzó tras un banco para protegerse de mis disparos. El otro terrorista, que llevaba un cinturón explosivo adosado al cuerpo, ya que se le notaba al caminar, se desplazó a una cafetería cercana con la macabra intención de hacer rehenes, ya que por el puente de Tower Bridge se escuchaban las sirenas de los coches de policía. Al comprobar que venía el séptimo de caballería, y observar lo que el otro terrorista tramaba, me lancé al suelo y, sigilosamente, fui desplazándome hasta un banco. Desde ese lugar disparé a sus piernas. Una de las balas salidas de mi pistola le dio de lleno en el muslo y cayó al suelo antes de llegar a su objetivo. El otro, al ver que coches de policía lo acorralaban salió de su escondite y disparó contra el más cercano destrozando su parte delantera: el capó se levantó al recibir el golpe seco de las balas y fue una suerte, ya que hizo de escudo ante el segundo disparo que salió del Kalashnikov. Esa casualidad les salvó la vida a los agentes. Rápidamente, los policías salieron del coche ante la inminencia de un tercer disparo y se refugiaron en la parte de atrás desde donde, con sus armas reglamentarias, dispararon al terrorista hasta que vaciaron los cargadores. El terrorista quedó tendido en el suelo rodeado de un gran charco de sangre. De repente, un estruendo en forma de bomba se escuchó en la tranquila — hasta ese día — zona de Tower of London: el otro terrorista se inmoló para no ser detenido, y su cuerpo voló por los aires quedando esparcidos sus restos en un radio de veinte metros. Después de la explosión salí de mi escondite y, con pausados pasos, me dirigí al cuartel general y terminar la misión. Al pasar junto a los cuerpos abatidos de los terroristas los miré con frialdad y, seguidamente, seguí mi camino quedando en la zona olor a sangre y pólvora. 

Alfonso Rebollo García

viernes, 16 de diciembre de 2016

¿Como pudiste hacerme esto a mí?, de Francisco Urbano (Reseña nº 795)

Francisco Urbano
¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?
Editorial Nazarí, octubre 2016

Literatura y música, un homenaje a la música de los últimos años de los ochenta del pasado siglo, años de libertad, de apertura a lo nuevo, de caída de las barreras de ancestrales prejuicios. Eso es lo que vivió la juventud de aquellos años, rodeados por canciones que aún hoy resuenan en nuestros oídos.

Esto es lo que ha querido contarnos Francisco Urbano en la novela que nos ocupa, de tan largo título, fácilmente asociable a Alaska Olvido y Dinarama. La novela comienza cuando el grupo anuncia su separación, lo que significa todo un golpe para el protagonista, Ramsés... No, no estamos en Egipto, sino en Zaragoza, en España, con un pandilla de amigos que vivirán todo cuanto significaron aquellos años.

Hay un homenaje también a las emisoras que por aquel entonces eran pioneras en la música, algunas continúan siéndolo (Radio3, por ejemplo), a los paisajes, a los establecimientos, a la ropa, a la libertad sexual que llegaba, a los primeros equívocos sobre la orientación sexual de una juventud que creía poder alcanzarlo todo.

Ramsés, Esteban, Talvin, Alba, Arturo, Patricia... una pandilla que estudia y se divierte, que hacen planes, pero también, conocerán el engaño, la traición y como el paso del tiempo todo lo perdona.

Y mucha música, se haría interminable este comentario si os tuviese que listar todas las músicas que el autor cita, todos los grupos que menciona. Pero que eso no os preocupe, al final (páginas 275 a 292) los cita a todos, capítulo a capítulo.

Música y literatura. Una mezcla muy conveniente.

Francisco Javier Illán Vivas

jueves, 15 de diciembre de 2016

Selección poética de Juan Tomás Frutos



Perplejidad
 Mira por dónde necesito decirte que te amo. Y mira por dónde no necesito saber la respuesta.


Más y mejor

Te has convertido
en la soberana de mi vida.
Ganas e indicas
que todo no es tener,
sino establecer la presencia:
para mí, sinceramente, eres más y mejor.



Vive

Sueña con vivir,
y vive
con lo más bonito que tengas,
que siempre parte del amor.




Sin fronteras

Prestas lo que no albergas,
y te haces rica
de portentoso amor,
de todo el del mundo,
porque, una vez abonado,
ya no hay fronteras.




Ahí

Sabes que, después de darle muchas vueltas, optarás por el camino que siempre ha estado ahí. La vida es así.







Mereció la pena

Reservo los deseos
hasta que llega el día.

He dado con la persona
ideal, casi perfecta.
Me digo
que mereció la pena esperar.




A salvo

Beso
esos sueños
que hago míos:
te agradezco
que me los recuerdes.
Vuelvo a ser
quien fui,
ese eterno loco
empeñado en creer.
Como mínimo
sé, ahora sé,
que me salvo
de la ignorancia
y de la soledad.

Y todo por un beso,
el tuyo.





Todo

Tenerte me hace más humano.

Serte me provoca la felicidad.

Soñarte y vivirte es el Todo.







Deseo

Abres el deseo
y nos vemos,
los dos, por siempre,
en él.

Hay sorpresa, sí,
pero, fundamentalmente, advertimos
la mayor fortuna.

La intuición
es sustituida por el afán,
que fermenta.

El fin nos lleva
al otro lado del espejo,
concebido como un mundo maravilloso.
Despejamos incógnitas.



Vamos a sernos

Hemos añadido
un poco de buen humor
para dar con el pasaje
que nos podrá otorgar
el beneficio del cariño.

Podemos ser muy felices
entre paños de buenos y decorosos intereses
que nos transportarán
muy cerca, de manera confiada.
El amor nos devuelve
la confianza y la fuerza.

La vida es en nosotros:
con ella nos movemos bravamente
hasta el mismo inicio
de una era consentida
con brumas y pasajes renovados.

Amar es la gran solución.
Vamos a sernos.



Ama

Ama,
y con vehemencia sigue
hasta el eje del ciclo
de un sentimiento
que trastoca el universo.

Alcanza un poco más:
considera
que el sabio quehacer
es entrega y pasión
con lindas presencias.

Mueve
los sueños sugerentes
hasta la zona azulada
de la realidad compartida.

Ahí ama,
y, por favor, no pares.



Exagero

No exagero
si te digo que te quiero
por encima de todo.

La vida se inventó
para que nos conociéramos.
No exagero.
Nada tiene sentido
fuera de los límites
de tu ser, de tu cuerpo,
de tu mente.

No exagero,
me digo, reitero,
pero…, pensándolo bien,
sí que lo hago.
Tengo mis motivos.