Hubo una vez en que todos compartíamos los dones de la gran madre Tierra. Un bisonte blanco de nombre Wakan Tanka percibió la inquina y brutalidad de una raza de hombres nunca vistos en su mundo, sus ansias de devorar todo el territorio de sus amados hijos dakotas.
Ante el peligro, creó vastas extensiones de bosques impenetrables, tejidos por una hermosa plantita trepadora de hojas en forma ovalada y de color verde oscuro, con flores acampanadas que van del blanco y amarillo al rosa o rojo.
A todo aquel que trataba de penetrar en la vastedad de los bosques, era irremediablemente atrapado por la tupida enredadera que los estrangulaba.
Así, Wakan Tanka protegió a sus amados hijos con una proverbial planta enredadera.
Ah, pero aún no os he dicho su nombre. El nombre de dicha planta enredadera es la madreselva.
M. D. Álvarez
