Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

martes, 5 de agosto de 2025

No tan negro, de M.D. Álvarez

 


Jugó a dibujar figuras de humo con el humo de aquella toledada de humo rojo. Era un diablo juerguista y se entretenía armando el caos con las figuras que hacía surgir de su boca.


Unas veces, monstruos aberrantes surgían del humo de sus fauces y otras, como en aquella ocasión, un lisísimo unicornio.

Al ver su creación, la desdibujó con un golpe de sus alas negras. ¿De dónde habrá salido ese unicornio?, se dijo pensativo. Quizás su corazón no fuera tan negro como decía y, de vez en cuando, lo traicionaba creando criaturas adorables

M. D. Álvarez 

viernes, 1 de agosto de 2025

Trazos, de Antonia Medina Real (Reseña nº 1112)


 

Antonia Medina Real
Trazos
Abril 2024

Treinta y cinco poemas, divididos en 6 partes, que ella llama Pinceladas, porque considera que escribir es como pintar un lienzo, y en este libro, de dimensiones no formales, es también un lienzo de su propia vida, de su experiencia, escrito en poesía, libre, sin ponerse trabas alguna a su forma de expresar lo que siente o ha sentido en ese momento.

Como escritor he tenido la suerte de compartir agradables momentos con Antonia Medina, nacida en Cieza y residente en una pedanía de la capital de la Región de Murcia, y esta obra me ha permitido conocerla un poco más, sobre todo tras la lectura de esa parte que ella titula Primeras pinceladas: Auto-retrato. 

Es, además, la parte más extensa del poemario, posiblemente porque ha querido que el lector la conozca antes de adentrarse en otras pinceladas que pueden ser más fugaces, menos personales, aún teniendo en cuenta la intensidad de cada una de ellas.

Vivencias, recuerdos, sueños, así es como ella lo siente y como lo escribe.

Francisco Javier Illán Vivas

 

martes, 29 de julio de 2025

El licántropo regius, de M.D. Álvarez

 


Su sombra sobrevolaba el campo de tréboles. Su velocidad felina lo impulsaba a una velocidad de vértigo, pero en aquella ocasión tenía que sobrepasar sus límites, ya que si llegaba tarde, estarían todos muertos y no podía permitir que ninguno de ellos muriera por llegar tarde. Entre los allí reunidos se encontraba la bella Angie, por la que sentía verdadera devoción.

Vislumbró al grupo rodeado de fieras aterradoras que lanzaban dentelladas al aire.

Con un portentoso salto, se introdujo en el cerco, dejando a las bestias sorprendidas momentáneamente. Sacó la bolsa con el kit de insulina y se lo inyectó a Angie, que abrió los ojos y lo vio sonreír.

—Ahora, vosotros —rugió furioso al grupo de fieras que no parecieron reconocer a un alfa cabreado.

Con un portentoso aullido, sintió cómo el animal que llevaba en su interior comenzaba a manifestarse. Sus huesos crujieron y su piel se tensó hasta resquebrajarse, saliendo un licántropo regius de color dorado. Las fieras se dieron cuenta tarde de que no tenían nada que hacer contra Marcus, que se lanzó en tromba contra las fieras. 

Su equipo asistió anonadado ante el salvajismo con el que se defendía contra las ondas de fieras. Entre gruñidos y alaridos, Marcus fue despedazando a todas las fieras que le hacían frente. 

Cuando tan solo quedaban un centenar, retrocedieron por puro terror. Marcus estaba rugiendo de forma brutal y miraba desafiante cuando, de pronto, sintió el cálido tacto de la nívea mano de Angie, que susurró:

—Ya está, mi vida, les ha quedado claro que aquí mandas tú.

Él se volvió y la miró con aquellos intensos ojos azules. Dijo con una voz profunda y gutural: —Siento haber tardado tanto.

M. D. Álvarez 

viernes, 25 de julio de 2025

Cómo hemos cambiado, de María Dolores Vicente Serrano (Reseña nº 1111)

 


María Dolores Vicente Serrano
Cómo hemos cambiado
Ayuntamiento de Molina de Segura, 2008

El presente libro de recuerdos lleva por subtítulo historias para el recuerdo Molina de Segura (1880-1980), que ya nos hace una idea de lo que la autora nos va a narrar y que el Ayuntamiento ha acertado al ir recogiendo estos recuerdos que se van perdiendo.

Ya hace años que se habló de ir entrevistando a los ancianos del lugar, para que dejaran sus memorias de nuestra localidad antes de que pasaran al otro plano de la existencia, y no sé si eso se desarrolló finalmente o quedó en nada, como cientos de cosas.

Pero estos recuerdos son bellísimos leerlos y conocerlos, que la autora nos hable desde la lejanía, no ya hoy, sino dentro de diez años, de cincuenta, de cien, y tengamos la memoria escrita de cómo fuimos y lo que somos.

Tuve la suerte de hacerme con un ejemplar en el Mercadillo solidario de Navidad que los voluntarios de Cáritas instalan desde hace doce años en el Paseo Rosales, y con el que vengo colaborando desde hace también unos cuanto años, y su lectura me ha dado muy buenos momentos.

Gracias a Loles por dejarnos sus recuerdos de cómo hemos cambiado.

Francisco Javier Illán Vivas 

martes, 22 de julio de 2025

Jungla de amor, de M.D. Álvarez


 

 

En aquella jungla plagada de bichos y con una humedad sofocante, que empapaba como si lloviera a mares, se guardaba un aterrador secreto. La criatura amada por la bella Selene vagaba aullando de pasión por su húmedo vergel, hasta que su amada se dignó a aparecer en el cielo para bañar su dorada piel con sus rayos de luz plateada, haciendo que sugiriera a su amado licántropo.

El hermoso hombre lobo aullaba de placer al ver descender a la bella Selene, que con níveos brazos lo abrazaba mientras besaba con dulzura su peludo y musculado torso.

La luz de Selene no solo iluminaba la oscuridad de la jungla, sino que también transformaba al licántropo, suavizando la ferocidad de sus ojos dorados y revelando la profunda ternura que guardaba para su amada. Sus aullidos, antes de anhelo y melancolía, se volvieron ahora susurros roncos de devoción.

Mientras los efluvios de la selva se hacían más intensos con la noche, ellos se entregaban a su ritual. Selene, etérea y luminosa, se fundía con la forma lobuna de su amante, sus cuerpos entrelazándose bajo el dosel espeso de las hojas. 

La piel plateada de ella contrastaba con el pelaje oscuro y espeso de él, una unión de lo celestial y lo salvaje. En ese abrazo, el secreto aterrador de la jungla parecía desvanecerse, reemplazado por la magia de su amor, un amor tan antiguo como la luna misma y tan primario como el latido del corazón de la bestia.

M. D. Álvarez