Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

sábado, 8 de junio de 2013

La densidad de la ausencia, de Daniel Romero Campoy

Daniel Romero Campoy
La densidad de la ausencia
Ediciones Vitruvio, 2013

Daniel Romero Campoy (Madrid, 1985) ha cursado estudios de derecho y se estrena de forma prometedora con La densidad de la ausencia (Vitruvio, 2013): un estudio sobre la memoria y la nostalgia como fundamentos del yo lírico.

Nunca una sombra dio tanta luz como tu recuerdo.

En la poesía de Daniel encontraremos multitud de referencias (en especial, fílmicas y literarias, dos de sus pasiones) que originan, no obstante, una obra alejada de las clásicas vacilaciones primerizas.

Entre las páginas vamos a conversar con una voz propia que busca respuestas concretas a pilares de la existencia, cuestionando el tejido mismo de los pactos sociales y su convencionalismo. Supone, sin duda, un imposible: definir una realidad que suele acomodarse en el redil de unas mentiras aparentemente necesarias para la estabilidad tanto personal como social.

De tal juego existencial, por supuesto, no queda exento el propio poeta (se trata, en definitiva, de un alma humana falible) que, para mayor complicación, trabaja con el signo y el idioma: vehículo para compartir tanto información como la experiencia del sentimiento; la piedra angular de la comunicación y, por tanto, también de la propia convención. El lenguaje se erige pues en material de construcción para la memoria, un elemento redentor y creador de “ficciones estables” para sustentar nuestras vidas, que no dejan de ser una imagen distorsionada de los hechos, el reflejo de una Verdad que se antoja lejana, la sombra platónica de aquello que elegimos olvidar.

En realidad nadie quiere indagar más allá de su piel.

Formalmente, el poemario se articula en dos secciones delimitadas: Masa y Volumen. Estas definiciones científicas de medida tratan de aplicarse a la emoción en un intento “quizá estéril” (en palabras del autor). Pero siempre subyace la aspiración de que el poema suponga hogar y bálsamo de autenticidad para un ave migratoria (imagen reincidente en varios de los versos) en estela de la belleza. Un pájaro que, en ocasiones, no puede evitar precipitarse al suelo, agotado y amenazado por la tentación fáustica de rendirse a la oscuridad interior.

El libro se cierra ofreciendo un resultado (título del último apartado, compuesto por un solo canto) a la investigación lírica acontecida. Como ocurre en toda buena poesía, la última palabra recae en la interpretación del ojo lector, que debe escoger si quedarse con una esperanza de redención o una entrega cruel a la costumbre.

Me hallo a medio camino entre el dolor y la búsqueda.

La densidad de la ausencia supone la aparición de una voz que hunde sus raíces en el sentimiento intenso y su vibración. Pero no estamos ante emoción inmediata en desgarro, sino recobrada tras la meditación depurada por el reposado tamiz de la memoria y del tiempo, que le otorgan entidad y cohesión al conjunto. Las imágenes y su léxico son producto de un intenso (y acertado) ejercicio poético que fusiona ciertos ecos y aspiraciones puristas (de reminiscencia cercana a Juan Ramón Jiménez, aunque, en mi opinión, no es influencia consciente para el autor) con la firme intención de capturar la eternidad en un instante.

La edición, sin erratas y papel ahuesado, sigue la clásica y sobria factura de la colección Baños del Carmen de Ediciones Vitruvio que continúa apostando por voces emergentes bajo la premisa de la calidad del verso y el sentimiento que transmite.

En resumen, un excelente y maduro primer libro que nos sumerge en una búsqueda filosófica, emotiva y bella: la persecución de la única Verdad alcanzable, aquella reelaborada por la memoria personal a partir de las experiencias de instantes vitales y cotidianos.

Fernando López Guisado