Estos días me pidieron que diera una charla sobre el proceso
de la escritura. No me gusta sentar catedra y preferí hablar de los cimientos
de la grafía, es decir la lectura.
Evoqué mis recuerdos de lectora precoz que me abrieron las
puertas de los misterios, de las maravillas, de las aventuras.
A los cuatro o cinco años, aún no leía y los padres no
contaban cuentos como ahora, descubrí asombrosas historias a través de los
audiolibros. Se trataba de historias sorprendentes contadas en disco de
vinillos e ilustrados en valiosos libros. Así descubrí a Blanca Nieves,
Caperucita, Cenicientas, los 3 cerditos… y toda la fauna de los cuentos y
tesoros infantiles.
Mundo fantástico que borraba la cruda realidad del frío, del
cambio, de mi yo perdido en una urbe diferente.
En cuanto supe leer arrase con los libros de las mini
bibliotecas que teníamos en cada clase e inventaba cuentos que leía a mis
hermanos y compañeras de clase.
El colofón fue cuando mis padres alquilaron un apartamento en
los Pirineos, apartamento que estaba en la primera planta del ayuntamiento.
En esta inmensa sala del consistorio, sólo una mesa, una
silla y toneladas de libros que habían pertenecido a la escuela del pueblo.
Descubrí a Jules Vernes y sus mundos ficticios y a veces
reales, a las hijas del Doctor Grant y la fauna y la flora pirenaica.
Esto fue el punto de partida de mi incursión en las letras.
Deseo a través de la lectura de saber, descubrir nuevos horizontes, nuevas
vidas, nuevas culturas.
Fui durante casi toda mi vida un ratoncito de bibliotecas
leyendo, investigando bebiendo la cultura, la historia y la literatura como una
persona que no podía nunca calmar la sed de conocimiento.
Y llego un momento en que quise ser emisora o creadora de
contenidos porque tenía muchos temas que compartir con mi entorno: la belleza
de la naturaleza, el amor, la amistad y la protesta femenina…
Y nació la magia a partir de ese momento de ser oída y
escuchada en la radio a través de mis poemas.
Pasaron muchos años con la escritura semi arrinconada por mi actividad
laboral. educar a mis hijas y escribir algún que otro artículo pedagógico,
tesina o memoria.
Se me olvidó la creatividad en los cajones ciegos del
cerebro. Y un día frente a la desesperación, a la amargura de la vida resurgió
bajo la forma de las páginas de mi primer libro: Ojos que no ven.
El resto de la historia ya la conocen, está en los meandros
de Google o en las estanterías de su casa.