Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

jueves, 10 de septiembre de 2015

París era una fiesta

Nunca estuve en París,

y sin embargo,
canté con Edith Piaf por calles y burdeles,
anduve por el Louvre del brazo de Da Vinci.
Hice el Arco de Triunfo
con Chalgrin y Raymond.
Vendí la Torre Eiffel
a un Poisson ambicioso
y compré el paraíso
en Les Champs-Elysées.
Me escapé con Valjean
de las cloacas del Sena,
empapada de noche, me encontré a Baudelaire.
Todavía conservo un ejemplar firmado
y una rosa infectada de Las flores del mal.
Con Moustaki, en Pigalle,
fumamos sus gitanes
y nos dieron entradas para un tal Moulin Rouge.



Nunca estuve en París,
pero juro
que todo eso ocurrió.
Hemingway me lo dijo:


París era una fiesta.


Paquita Dipego (Lérida, 1960). Relacionada profesionalmente con la administración y dirección de empresas, las finanzas y la auditoría de cuentas. Tiene una mención de honor en "Mujeres poetas internacional", de la República Dominicana. Ha participado en varias antilogías poéticas. En 2015 publica "Noches nómadas",con Edicione Vitruvio.

martes, 8 de septiembre de 2015

Historia de yo, de Carlos Bermejo (Reseña nº 741)

Carlos Bermejo
Historia de yo
HDV, 2014

Cuando uno cierra este libro le queda una sonrisa, sobre todo si ya frisa la edad de este lector empedernido que un día decidió comentar los libros que iba leyendo. Más aún cuando ha conocido al autor, cuando ha vivido en la misma localidad y cuando cuenta con amigos comunes, alguno que otro, personajes imprescindibles en la biografía de Carlos Bermejo, pues se trata de eso, de una autobiografía: desde que él tiene recuerdos (algunas cosas nos las cuenta por que, a su vez, se las contaron, ya que aún no había llegado a este mundo) y hasta el día 29 de octubre de 1964.

Habrá, por tanto, una segunda parte. Pues no me cabe duda de que Carlos Bermejo ya está trabajando en ella. Hay mucho sentimiento del autor en las letras que ha puesto en este libro, donde vamos repasando su niñez e infancia en Molina de Segura, en la "Casa del hambre", en Escombreras... Recuerdos muchos que tienen la nube del tiempo pasado, donde todo era hermoso, incluso los peores momentos.

Iremos avanzando hacia la pubertad y adolescencia del autor, y él irá tomando conciencia de lo que es y de su lugar en el mundo. Y del despertar del deseo, que también en esto hay en la vida de cada uno de los que nos ha tocado vivir. Ese deseo, esa pasión, tendrá momentos poéticos en la narración, un punto erótico en otros, sazonado con su pizca de humor.

Viajaremos con el autor a Madrid, en la década de los cincuenta-sesenta del siglo pasado. Y viviremos con él el inicio de su aventura con Loli, que cincuenta años después continúa. Pues, insisto, creo que esta es la primera parte de las memorias de Carlos Bermejo, polifacético hombre en su vida profesional y en su ocio.

Francisco Javier Illán Vivas

lunes, 7 de septiembre de 2015

La Venus de Milo, un misterio sobre otro misterio

La estatua de la Venus de Milo, que debe su nombre al hecho de haber sido encontrada precisamente en la isla griega de Melos, en 1.820, mide 2.01 metros de altura, tanto como algunas grandes jugadoras de baloncesto actuales.

Esta estatua se encuentra actualmente en París, en el museo del Louvre (que alberga una de las más ricas colecciones de arte públicas del mundo, con siete departamentos: antigüedades orientales, antigüedades griegas y romanas, pintura, escultura, objetos de arte y artes gráficas). Cuando fue encontrada poseía ambos brazos, uno de ellos tenía la mano derecha levantada con una manzana dentro (Melos significa en griego precisamente eso: manzana), y con la izquierda se cogía la ropa.

Nunca se ha sabido el verdadero significado de estos gestos, ni qué ocurrió de verdad con los brazos de esta estatua. En alguna parte he leído que los griegos se los rompieron, furiosos porque esta extraordinaria escultura hubiera caído en manos de los franceses. Los desveladores de enigmas pueden empezar a trabajar en ello. Todos se lo agradeceremos extraordinariamente.

Esta estatua, de la también llamada Afrodita de Melos, se cree que fue esculpida por un tal Agesandros entre 150 y 100 años a.C. ¡Ante usted, los amantes de la belleza femenina, nos quitamos el sombrero en señal de infinita admiración, señor Agesandros! Y qué maravillosas hembras existían en sus tiempos, amigo, sin necesidad de recurrir a la cirugía estética ni demás artificios modernos con los que consiguen nuestras féminas enmendarle la plana a la, en otros tiempos, sabia naturaleza. Tiempos en que la anorexia la conocían únicamente los prisioneros que eran sentenciados a morir de hambre. Pobrecitos, eran forzados, sin ellos quererlo, a quedarse sin carnes, víctimas de la maldad humana, no de la moda.


¡Avtio!

Andrés Fornells

domingo, 6 de septiembre de 2015

Sangre fría, de Claudio Cerdán (Reseña nº 740)

Claudio Cerdán
Sangre fría
Dolmen Editorial, 2015

De entrada he de confesar mi ignorancia total del mundo zombie, del apocalipsis zombie, del motivo por el que los zombies se levantan de las tumbas y tienen hambre; ignoro por qué cuando muerden, al que muerden se convierte en zombie... Nada, que no tengo ni idea del género Z, ni me interesa. Y sigue sin interesarme, aún después de leer esta enorme novela de Claudio Cerdán, que me ha hecho disfrutar un montón con su lectura, me la he leído casi de un tirón y lo he pasado fenomenalmente.

Tengo la suerte de conocer a Claudio, quien me ha hecho reír en determinados momentos, tiene un humor muy fino, que sabe plasmarlo en sus obras y, en esta, hay momentos para hacerte reír, por mucha locura zombie que rodee a los personajes.

Juande, Perrolobo, es el personaje principal de la novela. Ah, una novela de cierta locura, pues comienza por el final; en la que encontrarás los capítulos desordenados, como si al autor se le hubiese caído el manuscrito al suelo y cuando lo recogió, se le olvidó ordenarlo. Y, magia, en ese desorden ha conseguido que la trama no se le caiga, mantener la tensión del lector, hacerle pasar de un capítulo 5 al 8 (o del 8 al 26; o del 16 al 15) y no haya disonancia en la narración.

Bueno, bueno, que yo también me voy de un lado al otro. Os hablaba de Perrolobo. Se puede decir que es un hombre rico, a pesar de que acaba de salir de la cárcel, mucho antes de lo que sus amigos y enemigos esperaban. Tiene todo lo que puede desear: dos enemigos (Pollatriste y Ronco); un hijo (David) y un plan que le sacará de la miseria, si es capaz de vivir en el mundo lleno de zombies hambrientos. Añado que también tiene un papel, arrugado, en el bolsillo. Ruego que, cuando podáis, me digáis qué pone en ese papel.

Perrolobo es lo más parecido que he conocido a Pedrusco, un personaje mítico de Molina de Segura, al que todos temíamos en nuestra adolescencia y que, con el paso de los años, su leyenda es imborrable.

Trepidante, una novela negra, una novela policíaca, no sé si una novela de género Z, pero sí una novela para disfrutar con su lectura, que no te deja desconectar de la acción.

Francisco Javier Illán Vivas

martes, 1 de septiembre de 2015

Equipaje de amor para el silencio, de Ángela Hernández Benito (Reseña nº 739)

Ángela Hernández Benito
Equipaje de amor para el silencio
M.A.R. Editor, junio 2015

El equipaje con el que nos encontramos en la obra de Ángela Hernández Benito son veinticuatro relatos intimistas, algunos extensos, otros breves, como la brevedad de lo que nos ha tocado vivir a cada uno, y así comienza su libro: con una copa de vino brindando por la brevedad de la vida, no un vino cualquiera, sino el considerado el mejor y en las mejores copas, aquellas que unos pocos privilegiados pueden permitirse. Y un brindis, porque polvo somos y en polvo nos convertiremos.

No todo va a ser amargo en esta brevedad que nos ha tocado, hay momentos dulces, aunque los caramelos sean sin azúcar. Y eso, el tener unos caramelos al alcance de la mano puede convertirse en el mayor de los misterios, cuando hoy uno, mañana otro, van desapareciendo, llevando a la protagonista del segundo relato a pensar que está sufriendo los primeros achaques del Alzheimer. Con ella nos empeñaremos en descubrir el misterio de los caramelos desparecidos.

En estos relatos, como podemos leer en la contraportada, hay "de estructura y estilo clásico, con temas cercanos, como la brevedad de la vida y la fugacidad de nuestras pasiones, nuestros miedos cotidianos, la incomunicación..." el cuento, o el relato, como se les quiera denominar, tiene esa magia, puedes encontrar de todo en ellos y son breves, precisos, preciosos. Como ese consejo de Robert Herrick: coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela.

Veloz el tiempo vuela entre dos amigas que han tardado más de treinta años en reencontrarse, demasiado veloz, porque el futuro siempre es una entelequia y el miedo a de fatal enfermedad siempre permanece solazado.

O la espera de él, de Abél Sánchez, el mismo nombre del personaje de Unamuno, y que cuando lo tienes a unos metros de distancia, la inexorable impide plantear todas las dudas de décadas de separación.

Pero, si tuviese que quedarme con un relato, por su contenido, sería el de "Señor en estado sólido". Porque una promesa es una promesa, y cuando se promete a un hombre leerle todos los libros de la biblioteca, eso, hay que cumplirlo.

El libro de relatos de Ángela Hernández fue accésit del IX Premio internacional Vivendia-Villiers de relato. Os invito a leerlo.

Francisco Javier Illán Vivas