Marcus era un chico encantador, con un aplomo
sorprendente, pero tenía un temperamento abrumador que lo llevaba a
meterse en peleas por defender a los demás.
Una
mañana salió a correr y se topó con unos maleantes que intentaban robar
el bolso a una dulce ancianita que se resistía a soltar su bolso.
—Eh, vosotros, ¿qué os creéis que estáis haciendo? —gritó Marcus, que llegó hecho una furia.
El grupo de maleantes lo miró de arriba a abajo y dijeron: —Tú no te metas o atente a las consecuencias.
—Las
consecuencias son las que os voy a dar yo si no dejáis en paz a esa
adorable abuelita —dijo Marcus con toda la tranquilidad del mundo.
—A ver qué puedes hacer contra nosotros cuatro —dijo el cabecilla.
Marcus, como una exhalación, los derribó sin contemplaciones; su velocidad y fortaleza lo hacían un adversario invencible.
Los gañanes, al verse superados por Marcus, salieron corriendo como alma que lleva el diablo.
Marcus hizo ademán de seguirlos, pero la dulce abuelita lo llamó..
—Tú eres Marcus Warner, ¿no? —dijo con una hermosa voz.
—Sí, lo soy, pero creo que no tengo el gusto de conocerla —respondió Marcus.
—Yo conocí a tu abuelo y te pareces tanto a él, como dos gotas de agua. Mi nombre es Estela Phiser.
Marcus la miró con ternura; había oído hablar a su abuelo de un gran amor antes de conocer a su abuela.
—He oído hablar de usted —dijo Marcus.
—Pero trátame de tú, no soy una duquesa ni condesa —refirió la abuelita.
—Puedo invitarla a un café o algo para que se le pase el susto —respondió Marcus con gentileza.
Continuará....
M. D. Álvarez

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