Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

jueves, 24 de abril de 2014

Presentación de Zaparratrina y la fiesta del pijama, de Loli Pérez de la Hoyica

Será el próximo sábado, 26 de abril, a las 18:30 horas, en el salón de actos del Ayuntamiento de Moratalla.

El cuento, editado por Editorial ADIH, está ilustrado por Laura Sánchez (Granadilla).

miércoles, 23 de abril de 2014

Selección poética de Mariángeles Ibernón Valero



Quince años II   (La edad que no viví )

Quise volver y no pude,
sentir ese pájaro dulce,
entrañable que no tuve.

Quise correr hacia un tiempo,
cargado de ilusiones,
que en mi vida carecieron.

Quise coger con mis manos,
esperanzas de una niña,
que a esa edad estaba perdida.

Hoy vuelvo y puedo.
Siento un tiempo.
Corro y tengo en mis manos, en mi cuerpo,
ese pájaro de esperanza,
que a mis quince años , prendió el vuelo.


Quince años III   ( A cobijo del frío )

Las palabras recorrían mi cabeza,
en las noches solitarias junto al fuego,
aún así mi vida era fría,
reflejo de un calor incomprendido.

No seguía un orden establecido,
ni estructuras a medida con mi traje,
me tocó sentir un tiempo de penumbra,
y mis ojos luz  dieron a sus pesares.

Con desorden ordenado para mis primaveras
feliz andé y felíz forjé un camino
afán de superación divino
en esos días despoblados.

Volver a mis quince hoy,
después de latir dormido,
mi corazón allí encontró cobijo,
y mis esperanzas abrazaron mi frío.


Quince años IV    ( Un futuro que no viví ayer )

Sonriendo en mi memoria
voy pensando en lo de ayer
una voz que repetía :
¡No soy niña!...¡Soy mujer!

Mujer que ha de forjar
pájaro libre de una eternidad,
sueño constante de lo que fue
rima asonante de algún querer.

En la ventana asomada está
sus pupilas de luz han de brillar
porque el amor que viene hoy
cómplice es de las caricias en su piel.

Y va construyendo sueños
en medio de ese caudal
de lucha por lo que siente
luchando por su ideal.

Hoy el mundo se postra
junto a ti, te coge de la mano
te intenta hacer feliz,
futuro deseado...en estos quince años.



Quince años V    ( Manantial callado )

Hoy sentada en un rincón de mi cuarto,
buscaba maneras, que no me soltaran en este camino.
Y quise volar, con alas de fuego,
sin pausas, sin frenos, todo por sentir.

Correr tras la vida, mojarme de ella,
absorta tenerla, quererla feliz.

Pájaro que no volverá, semilla dorada que empieza a brotar,
manantial callado de mi juventud, testimonio puro...en mi corazón.

Vuelvo los ojos y ya te me fuiste,
corta  y pequeña estancia tuviste,
quise abrazarla en mi soledad,
pude abrazarla en libertad.

Mª Ángeles Ibernón Valero

martes, 22 de abril de 2014

Selección poética de Isabel Ascensión Martínez Miralles

Pacto de luz

Se hace la luz y mi alma es grande
cuando vivo en la eterna gratitud
de saberme unigénita y bendita
en medio del peligro y de la nada.
No puede el caos anular la estrella
que me alumbra en la noche del destierro.
Existe un pacto con la Luz, por siempre,
que eterniza el lenguaje de las hadas
en mi torpe hilvanar la realidad.
Elfos y sílfides, ondinas , duendes,
Ganesh, iluminados, Tara, Gaia,
la del Búfalo Blanco y mi María,
Nazareno Jesús, ángel custodio,
Kuan Yin, Melquisedec y Saint Germain…
Su aliento llega, pasado el medio siglo,
al oído infantil que en mí pervive,
el que el tiempo transmuta en su peonza,
el que salta, feliz, las desventuras,
alegre tirachinas que ejecuta
al Goliat presuntuoso de las sombras.


 
Sueños lúcidos

Era la inocencia cálida, solemne,
el asombro feliz en la mirada,
la dulzura en la arena y en el agua,
eterno devaneo de los instantes.
Era el sueño, verdad más que evidente,
realidad incontenible, a manos llenas,
borbotones de magia sin palabras,
hechuras de misterio y de alegría.
¿Cuándo fue la expulsión de aquel dominio,
de la gracia infinita y sus contornos?
Hoy me adentro en la fe de los recuerdos,
a sabiendas de que hay un mundo nuevo,
un mundo nuevo en la visión del niño,
que se esconde en mi alma desde entonces.
A él, a ella, niño, niña, mago,
maga, infinito poder, transmutación
de la noche en ráfaga estelar,
en mis sueños lúcidos invoco
y le imploro el retorno de la dicha
que, cual faro radiante, me alumbraba.


Isabel Ascensión M. Miralles (Los Ramos, Murcia, 1961). Profesora de literatura. Es miembro del Liceo Poético de Benidorm y su delegada en la Región de Murcia. Coordinadora de eventos culturales de repercusión internacional.

domingo, 20 de abril de 2014

El arte, las palabras y las horas, de Pascual García (Reseña nº 636)

Pascual García
El arte, las palabras y las horas
editum, 2014

Ponerse delante de un libro escrito por Pascual García es un placer que suelo afrontar con otras cosas que me agraden a mi alrededor y, sobre todo, sin prisa, en mi lugar preferido de la casa, en el sillón que me acompaña en las grandes ocasiones y supongo que, si fuese uno de los personajes de mis cuentos, me rodearía de una copa de coñac mientras mi sinfonía preferida sonara de fondo.

Algo así he estado haciendo durante unas fechas, permitiéndome bajarme del mundo y leyendo, disfrutando, de la literatura de Pascual García para quien, como nos dice, "el arte, las palabras y las horas han sido, en infinidad de momentos, una misma cosa" para él. 

El arte, las palabras y las horas, editado por la Universidad de Murcia, reúne "algunos textos de origen heterogéneo" que, posiblemente, y así lo apunta el autor, hubiesen podido perderse y que ahora quedan aquí, unidos, para placer de sus lectores.

Con él nos acercaremos a Pedro Serna, a Pedro Cano, a Francisco Cánovas, a los cuadros de Gaya o de Miguel Navarro; frecuentaremos sus lecturas, sus impresiones sobre autores consagrados de la literatura regional murciana, Pedro García Montalvo y Eloy Sánchez Rosillo, pero no sólo ellos, y cuando escribo esto, recién perdido García Márquez, el placer de la página 133 y ss,  Cien años de soledad...

Así, avanzando hacia el final del libro, nos encontraremos con el autor, en la parte Las horas, donde él se nos muestra más cercano. Por eso digo que nos encontraremos con el autor, antes ya hemos viajado con él por el arte y las palabras, pero ahora se nos abre más, si es posible, en lo que puede parecer casi una conversación personal hacia nosotros, el lector.

He cerrado el libro. Y tengo que añadir: gracias, Pascual. No dejes de hacerlo nunca.

Francisco Javier Illán Vivas

sábado, 19 de abril de 2014

Espíritus elementales, de Heinrich Heine (Reseña nº 635)



Heinrich Heine
Espíritus elementales
Ediciones Irreverentes, 2013
Estudio y traducción de José Antonio Molina Gómez


Heinrich Heine (Düsseldorf, 1797 - París, 1856) es quizá el último romántico alemán. Y también el continuador de un sinnúmero de tradiciones y leyendas que confluyen en este breve volumen cuyo sugestivo título no es otro que Espíritus elementales.

Lo publicó en 1837 para el público francés y, ahora, Ediciones Irreverentes, lo rescata en la traducción del profesor universitario de Historia Antigua José Antonio Molina, quien también ha vertido al español textos de Schopenhauer o Malaczewski, entre otros.

En Espíritus elementales se recoge en un estilo ameno y desenfadado, sin ningún afán de exhaustividad pero no por ello sin rigurosidad y una gran intuición y mayor erudición, un conjunto de leyendas, cantos, historias antiguas y mitos provenientes del acervo cultural de Centroeuropa. 

Se advierte una necesidad de preservar la cultura y de continuar a quienes considera unos ‘clarividentes sabios’: los hermanos Grimm. 

En estas páginas desfilan elfos, enanos, ondinas, valquirias y muchas más criaturas de la naturaleza, de ese páramo casi secreto y vetado por el tiempo y la ceguera del hombre pragmático. Se aproxima a estos seres con una mirada casi científica y da cuenta de antiguas leyendas que aún perviven en nuestro imaginario colectivo. Pero, a diferencia del antropólogo o el etnógrafo, nos comenta el profesor Molina en el prólogo, Heine se acerca a estas leyendas y las examina con poesía, con delicadeza y con la certeza de que su espíritu sigue habitando nuestra realidad.

Niega que estos fabulosos seres sean demonios. Muy al contrario,  paradójicamente en algunas páginas de este libro se pone de manifiesto la maldad y barbarie del ser humano y no podemos dejar de evocar aquella frase suya tan célebre en la que nos advertía de que allá donde se queman libros, se acaban quemando a las personas. También se citan a reyes míticos (Arturo o Sigmund, por ejemplo), y a  inolvidables personajes de obras de Goethe, Spencer o Shakespeare.

Curiosa es la mención de los espíritus pertenecientes a hermosas jóvenes que fallecieron antes de consumar su matrimonio (las nixas). No podemos evitar pensar en La novia cadáver de Tim Burton, y cómo este genial cineasta supo apropiarse e incorporar a su imaginario las más arcanas leyendas universales.
También encontrará el curioso lector en este fascinante libro un recorrido por la figura del Demonio, al que considera ‘un espíritu de fuego’; las formas que ha mostrado a lo largo de la Historia y alguna insólita leyenda más que no comentaremos aquí y que hacen de este apetitoso libro un manjar para todos aquellos lectores que quieran acercarse a las tradiciones centroeuropeas desde una perspectiva romántica pero moderna, del gran escritor decimonónico que supo cautivar a toda una generación y que merece no ser relegado al ostracismo y a la insensibilidad de nuestros días.

Pedro Pujante

viernes, 18 de abril de 2014

En busca del tiempo perdido. 2 A la sombra de las muchachas en flor, de Marcel Proust (Reseña nº 634)

Marcel Proust
En busca del tiempo perdido 2. A la sombra de las muchachas en flor
Alianza Editorial, 1981

Hace breves fechas manteníamos una amena charla alrededor de los libros que habíamos leído, y que nos influyeron tanto que cambiaron nuestra vida. Y varios de los contertulios juraron que En busca del tiempo perdido era uno de esos títulos. Muy interesado por la experiencia de otros lectores impenitentes, y reciente como tengo la lectura del primer volumen, Por el camino de Swann, y del actual, terminado de leer hace apenas cinco días, les pregunté sobre tales novelas.

Descubrí que, excepto una lectora, los demás no recordaban nada de nada. Tanto había influido la obra de Marcel Proust en sus vidas que no se acordaban de nada. Temo, y espero que me disculpen, que no hayan leído nada más que unas páginas de este monumental relato de la vida del autor y de los personajes y ambientes sociales del tiempo que le tocó vivir.

En una reseña como la que nos propone cada semana Acantilados de papel no vamos a hacer una crítica literaria de una obra de la magnitud de En busca del tiempo perdido, pues sería una pérdida de tiempo querer criticar algo que ha superado eso, el tiempo, y es considerado una magna obra. 

Me propuse leer la obra completa, y en ello estoy, es mi lectura de mesilla de noche, desde hace ya más de un año, y, uno tras otro, voy disfrutando de algo que, en su momento, cambió el género novelístico.

Como escribe Marcel Proust en el libro que nos ocupa: "los productores de obras geniales no son aquellos seres que viven en el más delicado ambiente y que tienen la más lúcida de las conversaciones y la más extensa de las culturas, sino aquellos capaces de cesar bruscamente de vivir para sí mismos y convertir su personalidad en algo semejante a un espejo, de tal suerte que su vida, por mediocre que sea en su aspecto mundano, y hasta cierto punto en el intelectual, vaya a reflejarse allí: porque el genio consisten en la potencia de reflexión y no en la calidad intrínseca del espectáculo reflejado". Algo que, quien ha leído la novela, sabe que el narrador no se aplica, pues en su intento de ser escritor se adentra en los placeres mundanos, perdiéndose en ellos y no siendo capaz de encontrar el momento para dejarlo todo y dedicarse a escribir.

Paso a paso voy encontrando el tiempo perdido.

Francisco Javier Illán Vivas