Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

jueves, 5 de mayo de 2016

Selección poética de Rosa María Berlanga Benito



1.- FANTASMA

El tibio viento de la eterna casa
se ha llenado de aromas imposibles,
de recados urgentes el ausente segundo,
desde que él ha vuelto a ocuparse del mundo,
moldeando este cuerpo, esta casa, esta fuente
Hoy el camino abierto al pezón alborotado y turgente.
atrevido, aterido, erecto
tiene una sola llave,
la vía que atestigua el paso de sus besos
y desmenuza, nítida, el hueco que me invade.
Hoy es todo quejidos, ideas y
palabras vuelan desde su boca hasta mi sexo,
me despliego extendida, toda larga,
infinito de piel, gaviota al viento,
hasta tocar la punta de sus dedos.
Hoy renace potente la ilusión de la lengua
y el desnudo de versos tejidos en el aire,
silencios de sorpresa que me prestó la casa
mientras estaba sola,
jadeos disparados de alud interminable.
Hoy la lágrima extinta se evapora en el fuego
y en penumbra renace la flor de la dulzura
y el contorno de mi hambre se desata en exceso
de otro nombre inconexo que duplica
el misterio del aura que me inunda.
¡Me despierto!..
… y hoy volvió su fantasma a ocuparse del mundo
desde el aciago día en que la parca inquieta
desmoronó mi sexo y se adueñó del suyo
y me dejó difusa en la vida, perpleja.


2.- NADA
He soñado minutos y
Volado en la escoba de la noche,
Estrellas sobre mí,
Fuente interminable.
… Abracé la distancia
De tener las manos llenas
De miradas,
De pelo, de saliva y ganas.
Miedo sin alma…
… ¡Nada!
Vacía estaba y creí
Tener llena la mañana
De vientre incandescente
De esperanza,
De hijo derramado
Abarcando mis entrañas.
… Encontré la verdad,
Carencia de nostalgias,
Murmullo al corazón,
Alma sin alas,
Sangre indeseada…
… ¡Nada!
Desperté, desperté, desperté…
Remolinos de palabras…
… ¡Nada!
Ausencia de presencia inexistente
Eso tengo, eso queda
… ¡Nada!
Eso queda y soy yo
… Sombra sin luz…
… Huesos sin alma…


3.- EN CALMA
Vaciada de viento,
Estoy encalma, me pregunto si he muerto…
No hay atisbo de enfermedad en mí,
Más allá del achaque rutinario,
Vivo en un mundo sin hambre
Atestado de arropo mercenario.
No he vivido una guerra,
Ni sufrido visceral y descarnada,
Casa y cama me abrazan cada noche
Y me despiden cada madrugada.
Viajo sin frío, sin calor y sin cansancio,
Y el agua surte tocando una manilla,
Como la luz, el calor o la comida,
Pero no me destella ni me canta.
Me letré, peleando,
Y puedo escribir estos versos
Observar, solazarme en la belleza
Del que crea, pensando tibiamente
En la mañana,
Deleitando mi espíritu y mi alma.
Amé y amo y los míos me rodean
Para dar un sentido a cada paso
Que extiendo hacia esa parca
Que me espera.
Pero… ¡Y qué!..
He visto morir en dolor a quien amaba,
Sufrido pérdida que me sumió en el miedo,
Y en la deriva del viento que me lleva
Según sople su línea en movimiento,
Corrido cada día, sin remedio,
A cambio de conseguir nada,
No alcanzar hijo, dueño o remembranza,
Sufrido la carencia de la plata
Que nos deslumbra, enferma y despedaza.
Caído en red de amistad vana,
Que me tiró como a zapato viejo,
Presa de sentimiento invertido en saco roto
Que juega a dominar martirio y cama.
Llorado llena de remordimiento,
Frente a la imagen, frente a las palabras
Del dolor ancestral del mundo inquieto,
Flor arrancada de cuajo en la matanza.
Visto desierto de naturaleza,
Desierto de planeta.
Arrasados los ojos de añoranza.
Lacero insano, innecesario, ciego
Que alimenta a ese “dios” inexistente
Que cruel nos domina y atenaza.
Corrupción de políticos adláteres
De quien, plena la cuenta, hace balanza.
Enfermedad, muerte, dolor, hambre,
Gentes enfermas y sin esperanza,
Llantos que revientan de parásitos,
Muertos en vida, pero en la distancia.
No vislumbra horizonte el ser humano,
¿Acaso ofrezca una brizna de alabanza?
Estoy aquí, perdida en esta nada,
Después de tanta lucha…
Inerte, insustancial, desmadejada,
¿He muerto?..
Vaciada de tiempo,
Estoy en calma… ¡No quiero despertar!
¿Para qué?,
¿Para quién?..

Rosa Berlanga Benito. Nace en Madrid. Abogada, Poeta y Dibujante. Premio Relato Corto Villa de El Molar (2007). Premio VII Certamen Literario “Mito del amor” (2.015). Su poesía está en Antología Poética “Quejío” (V Grito de Mujer, 2.015), “VER-S.O.S.” (Ed. de Letras 2.015), “NEcesarias PALabras. Por Nepal” (Ed. Unaria, Ganadora del Premio “Proyecto Solidario Ciudad de Cabra 2.016”) y “Flores del Desierto” (VI Grito de Mujer, 2.016, Ed. Unaria). Ha realizado varias reseñas y prólogos (“Antonio Machado: Un poeta exiliado” de Consuelo Franco Gútiez, Marzo 2.016, Ed. ECUAlbahaca) y publica en revistas literarias (“Illa Internacional”, Holanda, “Chispas Literarias”, “A1 Sierra Norte”). Participa en recitales y actos solidarios en toda España.

martes, 3 de mayo de 2016

Convocatoria del III Certamen Ángeles Palazón González de Cuentos de Navidad


Con el objeto de fomentar el cuento de Navidad, convocamos a todos los interesados a participar en la publicación colectiva que llevará por título Cuentos de Navidad, III Certamen Ángeles Palazón González.
  
1. Podrán presentarse a la misma cualesquiera autores que envíen obras originales en español y sin sus derechos comprometidos con terceros. Los autores sólo podrán enviar una obra. La recepción de obras comienza hoy 2 de enero de 2016.


2. Los cuentos deberán tener como objeto principal de la narración la Navidad. En esta tercera convocatoria se valorará que los relatos giren alrededor del milagro de Navidad ocurrido en la vigilia de Navidad de 1914. (Pincha en el nombre y leer enlace).


3. Tendrán una extensión de entre cinco y ocho folios, tamaño A4. Letra Times New Roman, tamaño 12. Interlineado doble.


4. Las obras se enviarán, bajo pseudónimo o nombre real, a Grupo de literatura Extramurosagora.nao1@gmail.com  en el asunto "Para Cuentos de Navidad". Al mensaje se adjuntará currículum de una extensión no superior a media cuartilla (quince líneas) A4 que sirva de presentación del autor. Los relatos irán en formato .doc, .rtf u open.

  
5. La fecha límite de remisión de originales será el 31 de mayo de 2016.


6. Un jurado compuesto por miembros del Grupo de literatura los Extramuros realizará una selección de entre 10 y 20 relatos.


7. Estos relatos seleccionados se publicarán en una antología única no exclusiva (es decir, los autores podrán seguir disponiendo de sus textos libremente) tanto en formato papel como en formato electrónico. Esta antología procurará estar a disposición de los interesados en el segundo semestre de 2016.

8. Los autores ceden sus derechos económicos para los primeros 500 ejemplares publicados (en formato papel y/o digital) de la antología.

A partir de éstos, y si el autor no renunciase a ello, cada participante de la antología recibirá anualmente un 1% del PVP (Precio de venta al público) de los ejemplares vendidos en formato papel, así como un 2% del PVP para los ejemplares en formato electrónico.


9. Se considerará que los participantes aceptan estas bases por el mero hecho de participar en el certamen. 


10. Será potestad del Grupo de literatura los Extramuros resolver cualquier cuestión referente a esta convocatoria que no quede contemplada en las bases de la misma.

11. El 21 de junio de 2016, fecha en la que Ángeles Palazón González cumpliría 102 años, se hará público la relación de seleccionados.

12. Aquellos relatos no seleccionados, y que los autores den su consentimiento, podrán ser publicados en la edición digital de Hablando de libros

En la imagen:  Wikimedia Commons/Robson Harold B/Imperial War Museum/Public Domain

lunes, 2 de mayo de 2016

Una hermosa mañana



         Estamos en pleno invierno, pero esta mañana salió el sol con tanta fuerza que parecía haber cambiado, por capricho, de estación regalándonos un anticipo de la primavera. Sentí rejuvenecerse mi sangre y escuché la llamada de la naturaleza. No era día para quedarse encerrado en casa. Presa de apremiante urgencia tomé únicamente un café con leche y salí a la calle. Componía mi atuendo: unos pantalones de pana, un viejo tabardo marinero y una bufanda heredada de mi tan querido y añorado abuelo Silvino. Mis pies calzados con botas camperas pisaban fuerte, como si mis piernas, milagrosamente, no sintieran más el inexorable peso de los muchos años de vida que llevo sumados.
         Cerca de la vivienda que habito se encuentra el parque de la Constitución. Hacia él dirigí mis pasos. Cambié sonrisas y buenos días con media docena de personas conocidas. Se notaba en la gente ese buen humor que despierta la climatología favorable.
         Llegué al parque y busqué un banco en el que diera el sol, que por momentos iba cobrando altura, enorme, ígneo, cegador. Escogí uno que, atravesando el ramaje del alto abeto que adornaban en Navidad me bañara el cuerpo entero, penetrara en mis desgastados huesos revitalizándomelos. Tomé asiento. Los rayos solares me envolvieron con su agradable calorcito. Cerré los ojos. Una poderosa sensación de felicidad me invadió. Aspiré con fruición los perfumes que unas florecillas supervivientes, sin dejarse asustar por los crudos fríos invernales, desde un parterre cercano esparcían por el aire.
         De pronto, una fragancia más fuerte y más próxima me hizo despegar los párpados, girar la cabeza y descubrir que a mi lado acababa de sentarse una joven, que mareaba de lo guapísima que era. Ojos rasgados, negrísimos, deslumbrantes; boca de labios gruesos color fresa, un primoroso pellizco de nariz y una cabellera azabache que caía en sedosa cascada por sus femeninos hombros. Llevaba un vestido de lana de color gris, una chaqueta de piel negra y unos zapatos del mismo color, armados con largos tacones finos como estiletes. Ella también me estaba mirando con destellos de curiosidad en sus diamantinas pupilas. Sacó un paquete de tabaco de uno de los bolsillos de su prenda de piel y con la mayor naturalidad me ofreció:
        —¿Un cigarrillo?
        Yo llevaba un par de décadas sin fumar, pero por aquella beldad que un dios milagrero, inesperadamente había traído junto a mí, yo habría cometido cualquier barbaridad.  Cogí el pitillo. Me temblaba la mano. La emoción que experimentaba tenía la culpa de este repentino nerviosismo mío. Dije disculpándome:
        —Lo siento, pero no tengo fuego.
        Me dejó escuchar su cristalina risa y un comentario simpático su aterciopelada voz:
        —Ya. Lo único que tienes es ganas de fumar —tuteándome para deleite mío.
        —Nunca contradigo a una dama —repliqué tras soltar una bocanada de humo que dejó en mi boca ese sabor desagradable conque la abstinencia castiga a los ex fumadores.
        Ella prendió fuego al blanco cilindro que su sensual boca sostenía por la parte amarilla del filtro. Sus labios se juntaron en el centro para expeler una larga nubecilla azul. Inevitablemente pensé en el afrodisiaco placer que podría producir besar esos tentadores, voluptuosos labios suyos.
        —Hace una mañana buenísima —comentó, ensoñación en su negrísima mirada.
        —Hace una mañana maravillosa. Una mañana ideal para enamorarse —dije embriagado de romanticismo.
        Ella no respondió. Se limitó a esbozar una sonrisa seductora. Sonrisa que me di cuenta inmediatamente no era para mí sino para el hombre que acababa de detenerse delante de ella. Un hombre más joven, más guapo y mejor vestido que yo, quién le preguntó:
        —¿Llevas mucho rato esperándome, preciosa?
        —Sólo unos pocos minutos, cariño mío —poniéndose ella rápidamente en pie.
        Se abrazaron y besaron apasionadamente sin importarles mi presencia. Yo había dejado de existir para ellos. El amor que compartían los había trasladado a esa isla paradisiaca que los enamorados crean en el momento mismo en que se entregan a la ternura.
       Cuando dieron por terminada la ardiente, prolongada caricia, cogidos de la mano se alejaron.
       Les seguí con la mirada hasta que los perdí de vista. Solté un suspiro que sonó a trompetazo de nostalgia. Tiré el cigarrillo que me sabía amargo en aquel momento y lo destrocé bajo la suela de mi bota derecha. Y sonreí con cierta melancolía. Luego suspiré de nuevo y encontré consuelo en el pensamiento positivo que tuve: “No está nada mal, a mi edad, conservar todavía funcionando el mecanismo que le permite a uno ilusionarse”.
      Y necesitado de combatir un principio de depresión que como buitre carroñero me rondaba busqué en el archivo de mis recuerdos los mejores que conservaba de cuando fui joven, estuve enamorado, amé y fui amado.
       Fracasé en mi intento. No conseguí engañarme. Lo perdido, perdido estaba para siempre. Me alejó de mis sombras melancólicas un pajarito que a menos de un metro de mis pies me miró sin miedo y como queriendo decirme algo, luego salió volando y me esforcé en pensar que con él volaba mi momento de derrota. Él tiempo era así de cruel, por mucho que lo desees, él no se detiene por nada ni por nadie. 

Andrés Fornells