Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

martes, 6 de octubre de 2015

Sumisión, de Michel Huellebecq (Reseña nº 746)


Michel Houellebecq
Sumisión
Anagrama, abril 2015

Uno se da una vuelta por internet buscando cosas sobre esta novela y se encuentra de todo: desde el que la pone a caer de un burro hasta quien la elogia con devoción. No es que la disparidad de opiniones sea algo noticiable o remarcable; todos estamos acostumbrados a escuchar, ver o leer distintas interpretaciones de un mismo hecho u obra (¿o no? ¿Será que no?) pero lo que pasa en este caso en particular es que el escritor, el personaje público en el que se ha transformado el controvertido Michel Houellebecq, es quien motiva la polémica por su etiqueta de “políticamente incorrecto” y más aún cuando el tema que trata atañe al Islam, madre de todas las discordias en este nuestro mundo occidental.



Pues bien, estamos ante una excelente novela (es mi opinión), una novela que se lee con gusto e interés y a la que no cabe calificar como una mera novela de “ficción política” que busca, oportunistamente, el escándalo. No, la novela es más que el simple y efectista artificio de plantear la hipótesis de una próxima victoria de un partido musulmán en las elecciones presidenciales de Francia y las consecuencias que ello traería al país (la formación de un estado islámico en el corazón de Europa). No, repito, la novela no es solamente eso, es más, va más allá de esa simple etiqueta de género.



La novela trata, por encima de este atractivo argumento (en mi opinión muy bien desarrollado) el tema recurrente de Houellebecq: la decadencia de nuestra civilización, del modo de vida occidental, el declive del hombre europeo, carcomido por el capitalismo, que ya no cree en nada y que más que vivir, se deja vivir sin saber muy bien para qué. Cabe destacar, a este respecto, el perspicaz paralelismo que Houellebecq plantea entre la vida del personaje protagonista, un amargado profesor de literatura de la Sorbona especialista en Huysmans y el mismo Huysmans, cuya trayectoria vital lo llevó desde la bohemia más recalcitrante a la búsqueda de la fe y la asunción del cristianismo como “modus vivendi”. Creo que esa correspondencia entre el alma finisecular del XIX y del XX encarnadas en Huysmans y François es el punto de apoyo de toda la novela: un proceso de búsqueda existencial que llevará al personaje a asumir algo que jamás habría imaginado que asumiría: el islam.



Es este gran tema (tan presente en todos sus libros) el que aborda el autor con dos características que yo creo esenciales: su poder narrativo (incuestionable, lo que le hace descuidar la forma para no poner trabas al torrente natural de su prosa) y su inteligencia (donde brillan con luz propia la ironía y la provocación). Ambas características se ensamblan en una historia que ni es antifeminista, ni misógina, ni teñida de extremismo de derechas, ni antimusulmana, tal como algunas voces claman por ahí. Lo único que pretende Houellebecq es blandir la vara y atizar con saña el lomo de lo políticamente correcto, esa nueva moral impuesta por el sistema y cuyos más exaltados evangelistas son los medios de comunicación, una moral que nos constriñe la mente y nos idotiza sin remedio.



Supongo que “ser políticamente incorrecto” es uno de los disfraces que el mismo Houellebecq, o los propios medios de comunicación (ávidos de “autor” y desinteresados por la manifestación artística del autor) proyectan hacia los lectores con el fin de toda expresión publicitaria: vender. Pero, francamente, lo que plantea el libro es una reflexión en toda regla sobre lo inane de nuestra forma de vida cristiana y occidental, cuyo fracaso se viene describiendo desde Nietzsche y cuya corriente ha inundado todo el arte y la literatura de nuestra época. Y Houellebeq debe saber que la única forma de llamar la atención, de ser identificado y distinguido entre la avalancha de información prescindible que ya no procesamos, sino que engullimos como cerdos de criadero (a eso se reduce nuestra vida diaria) es actuar histriónicamente y levantar la voz, tocando lo que no hay que tocar, haciendo lo que no hay que hacer, como un niño desobediente en este mundo infantilizado en que se ha convertido nuestra Europa.



Houellebecq no descubre nada nuevo en Sumisión; lo que hace es ponernos ante los ojos nuestras propias miserias, nuestras vergüenzas más inaceptables, nuestro yo dormido, empachado y obeso que ya no es capaz de mover un dedo ni para quitarse las moscas de encima.



Gran novela, por inteligente, por profunda y por atractivamente narrada, de un autor que si no existiera, habría que inventarlo. Imprescindible.

Manuel Jorques Puig es licenciado en Filología Hispánica. Como poeta ha publicado una selección de poemas en la I Antología de poetas universitarios. Universidad de Alicante (1989), y como cuentista en Cuentos e historias del Campus. Universidad de Alicante (Premio II Certamen de Narrativa) (2002), revista La Botica (2010), revista Hebe Magazine (Accésit I Premio Hebe Plumier de relato corto) (2010), revista Ágora papeles de arte gramático (2011), revista Prosofagia (2012), y ha publicado los libros: Hablar en sueños (2012) y Somos pobres (2014).