Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

martes, 10 de febrero de 2026

El corazón del bosque, de M.D. Álvarez (2 de 2)

 

Mientras creía que él dormía con una tranquilidad que no había tenido en todo un año, ella se sentó frente al saquito.

—Vamos, ábrelo —dijo él desde el umbral del dormitorio. 

Ella se sobresaltó al verlo; su luz todavía irradiaba un fulgor milenario.

—Creí que dormías —dijo ella.

—Se me hace raro dormir en blando cuando me he pasado todo un año durmiendo a la intemperie sobre el suelo húmedo y hostil del bosque. Tengo que acostumbrarme de nuevo al calor del hogar y a la mullida cama que ahora comparto contigo —respondió él con una sonrisa triste.

Solo él sabía lo que había sacrificado por ella: su destino estaba ligado al corazón del bosque. Si este dejaba el reino tenebroso del bosque, él dejaría de existir y ella sufriría al descubrir su destino...

M. D. Álvarez

domingo, 8 de febrero de 2026

viernes, 6 de febrero de 2026

Panocho,s Metal, de Jesús Cánovas Martínez (Reseña nº 1138)

 


Jesús Cánovas Martínez
Panocho's Metal
AESC Editores, 2025

 

Trescientas páginas para disfrutar de la fina ironía, a veces muy afilada, de Jesús Cánovas Martínez, quien una vez más nos sorprende con una entrega de su producción literaria y, ¿por qué no decirlo? de sus personajes tan especiales.

Ya en la 5 la dedicatoria, a todos los don Ciruelos que habitan el mundo, nos avisa de que vamos a volver a encontrarnos con personajes especiales: Ginebro Carajillos, Flauto Pijel, Pepe Almorrano... y el propio Rosendo, o el narrador en primera persona, que debe soportar los continuos "plas, plas, plas" en la espalda de su amada Blanca.

Él y Blanca forman una pareja casi perfecta, hasta que en su vida, o en un recorrido por Murcia, unas fiestas cualquiera, coinciden con Rosita y Rosendo, y a partir de ese momento muchas cosas van a cambiar. ¿Por qué no llevaron a su hijita Sirenita a la fiesta? Tal vez así se hubiesen evitado la racanería de Rosendo y él los interminables "plas, plas, plas".

Por momentos esta novela, que se lee casi sin darte cuenta, me ha recordado la serie Seinfeld, donde no debes buscar ningún mensaje que cale, nada importante, solo el placer de la lectura. Claro que yo, desde El Baboso, del mismo autor, siempre voy buscando parecidos entre sus personajes con personas reales.

Todo parece banal al principio, pero no lo es. Os recomiendo que entréis, paseéis con estos cuatro personajes por Murcia y disfrutéis de los diálogos tan "chispeantes" con los que, como siempre, Jesús Cánovas nos hace disfrutar con cada entrega.

Francisco Javier Illán Vivas 

martes, 3 de febrero de 2026

El corazón del bosque, de M.D. Álvarez (1 de 2)

 


A punto de acabar el año, no tenía noticias de él. Lo añoraba desde que se fue. De pronto, un reflejo llamó poderosamente su atención; ese reflejo venía de lo más profundo del bosque, allí donde el sol jamás llegó. Algo avanzaba, desprendiendo una tenue luz que amenazaba con ser engullido por las sombras. Era él, no podía ser otro; solo él podía enfrentarse a las sombras durante todo un año y regresar con ella, como le prometió. Salió con una linterna para que tuviera un referente de localización.

Lo vio aparecer bajo un rayo de luna que hizo que su luz se magnificara. La vio y se detuvo; su mirada reflejaba todos los horrores sufridos en las profundidades del bosque. Su rostro, más delgado y pálido, reflejaba el dolor. Ella corrió hacia él y lo abrazó. Bajo sus rayos, notó lo delgado que estaba; lo sostuvo con cuidado y lo llevó a la cabaña. 

Lo sentó a la mesa y avivó el fuego, calentando un asado que él devoró despacio. 

Cuidadosamente, dejó un saquito de tela sobre la mesa.

—¿Lo encontraste? dijo, mirando fijamente la bolsita.

—Te prometí traerte el corazón del bosque, dijo él con una voz tranquila pero cansada.

Ella lo miró; él era capaz de todo por amor y la quería más que a su vida.

Ella le preparó un baño caliente y le ayudó a quitarse sus ropas, gastadas por un año. Su cuerpo estaba casi en los huesos, aunque lo peor eran las atroces cicatrices.

—Mi sol, ¿por qué no volviste antes? susurró, sollozando.

—Te dije que no volvería hasta haber conquistado el corazón del bosque.

—¿Pero a qué precio? dijo ella, limpiando con delicadeza su cuerpo.

—No te preocupes, con tu ayuda y tus guisos estaré como nuevo en poco tiempo —dijo él, besándola.

Tras ayudarlo a bañarse, lo envolvió en la gran manta de oso que él cazó para ella.

Continuará...

M. D. Álvarez