Acantilados de papel
martes, 23 de junio de 2026
Lengua de vaca, de M.D. Álvarez
viernes, 19 de junio de 2026
Poesía completa, de Francisco Javier Illán Vivas (Reseña nº 1155)
Francisco Javier Illán Vivas
Poesía completa
Ediciones Irreverentes,
ANTE EL SILENCIO NOS QUEDA LA PALABRA
La vida es una paradoja, el contraste inseguro de deshojar una margarita, mirar el cielo a través de los ojos que nos miran, conquistar la palabra como si izáramos una bandera, clavar la estaca en la cumbre y dejar que las alas nos rocen las mejillas.
Francisco Javier Illán Vivas se nos muestra enamorado, desde la tristeza y desde la sonrisa. Busca con desesperación el cuerpo amado y quiere traspasarlo sin medida. Ha descubierto que el alma es la piel que no se ve y el ombligo es el pozo de los deseos incesantes. Coloca la nariz en el asfalto y un aroma de miel lo envuelve todo, lo lleva al campo, a pesar de la niebla. La niebla es un espejo con el que tropezamos y, a veces, nos sabe a beso y, en otras ocasiones, a ausencia.
Déjame que te escriba entonces, nos susurra con un lenguaje vegetal. Desfila en su entramado poético los jardines y los bosques, como si quisiera domesticar las emociones por un lado y de otro, dar rienda suelta a la rebeldía. El verso, en el fondo, es una soga al cuello de la soledad.
Su poesía nos desconcierta: le enseña la patita a la esperanza y cae de bruces en el abismo. Salta o se desploma. Sus hilos no están hechos de letras, sino de pasiones que procura atemperar entre los barrotes del poema. Es humana, sencilla, caracolea con el sol, se tumba pesadamente en el sofá y grita. Es insensata como quien acude al frío para que le caliente los pies y concibe el fuego como sombrío, ceniza de lo que pudo ser, si no se quema las manos con la piel ajena. Es tierna y despiadada. Joven y anciana. Contradictoria. Porque no es más que el reflejo de lo que vive, una apuesta decidida por no guardarse nada en los bolsillos, un desnudo integral, cae la tela suave de una falda, el ronroneo de unas medias al desprenderse de las piernas, el suspiro despierto de unos labios y toda esa parafernalia huele a amor, se escucha como un insignificante latido apenas perceptible, como esa gota sabia que deja al descubierto la grieta.
Francisco Javier Illán Vivas deja que nos asomemos por ese hueco donde quedan los restos de un naufragio: las ruinas de la infancia entre hierbas silvestres, las paredes desconchadas del recuerdo, los senos de una rubia de cabellos de nata ocultos bajo la bruma, el huerto entregado al abandono, el arriate descuidado por el tiempo y el papel amarillo de las fotografías antiguas que se deshace con la memoria.
La poesía del escritor murciano se caracteriza por la capacidad de evocación con la que nos devuelve a un pasado salpicado de nostalgias, por una sobriedad ajena al adorno porque piensa que los excesos nos desvían de la sustancia, por un ritmo pausado con el que pretende, sin conseguirlo, detener al tiempo. Compone una poesía de raíz donde los elementos cotidianos adquieren protagonismo y la lluvia, el viento que se cuela a través de las ventanas, la tierra y la naturaleza nos desnudan ante el mundo por medio de la verdad.
Vive en su verso la búsqueda irreparable de la propia identidad, la censura hacia una política que deja en paños menores al ser humano (le arranca todos los ropajes de la dignidad), ataca sin reparo una sociedad pasiva ante las injusticias y alaba el papel primordial de la mujer.
A lo largo de las estaciones, cuando el mar ya no lo tenemos a la espalda, sino que nos mira cara a cara, aún encontramos arrestos con la palabra para cargar el peso de la memoria, llevar con honradez un amor maduro, adaptarnos a las ausencias aceptando el cambio inevitable que nos impone la existencia. La noche con sus dos abismos: el tierno que nos lleva a enredarnos entre las sábanas; el duro, que nos deja a solas ante el silencio.
Alejandro Pérez Guillén
jueves, 18 de junio de 2026
Tiempo sesgado, de Harmonie Botella
martes, 16 de junio de 2026
El aderezo mágico, de M.D. Álvarez
Dionisio y sus banquetes dieron origen a una planta que hoy crece silvestre en cualquier zona del Mediterráneo, que no es otra que la humilde vinagrillo. Sin embargo, lo que la mayoría desconoce es que su origen proviene de los banquetes de Dionisio, quienes la utilizaron como aderezo por su sabor ácido y refrescante.
viernes, 12 de junio de 2026
Crimen en el paraíso salado, de Francisco Javier Illán Vivas (Reseña nº 1154)
Francisco Javier Illán Vivas
Crimen en el paraíso salado
Bookalia Ediciones, 2026
Tras Versosenvenenados. El primer caso del inspector Vivas, Francisco Javier Illán Vivas regresa con una segunda entrega que no se limita a repetir fórmula, sino que profundiza en las grietas morales de su protagonista y amplía el alcance de la historia hacia un terreno más incómodo: el de la culpa y las decisiones irreversibles.
La novela arranca con un hallazgo perturbador en las dunas del Parque Regional de Las Salinas, en San Pedro del Pinatar. Lo que en apariencia podría ser un crimen aislado pronto adquiere una dimensión mayor al estar vinculado con el entorno del entonces presidente catalán en los meses previos al referéndum del 1 de octubre. Este contexto político no invade la trama, pero sí la contamina, aportando una tensión de fondo que resulta eficaz y verosímil.
Sin embargo, el verdadero motor de la novela no es el crimen en sí, sino el recorrido interior del inspector Isco Vivas. Lejos del arquetipo clásico del investigador infalible, Isco se mueve en una zona moral cada vez más difusa. Sus relaciones personales —especialmente con personajes como Marta o Carmen— no solo complican la investigación, sino que la condicionan. Aquí, Illán Vivas acierta al construir personajes femeninos con peso narrativo real, lejos de ser simples piezas funcionales.
Uno de los mayores logros de la novela es su capacidad para desplazar la sospecha. El lector, como el propio Isco, se ve arrastrado hacia culpables evidentes que terminan desmoronándose, hasta que la resolución apunta hacia un lugar mucho más inquietante: aquello que siempre estuvo ahí, pero que nadie quiso mirar dos veces. Este mecanismo, bien sostenido, refuerza el carácter psicológico del relato.
El estilo se mantiene sobrio, directo, con una atmósfera que combina lo cotidiano con una sensación constante de amenaza. No hay excesos retóricos ni giros gratuitos: la tensión se construye desde los silencios, las relaciones rotas y las decisiones que pesan más que cualquier prueba.
Si en la primera entrega el interés residía en descubrir el caso, en esta segunda el foco se desplaza hacia las consecuencias. Y ahí es donde la novela gana fuerza. El desenlace, lejos de ofrecer alivio, deja un poso incómodo que redefine al personaje y abre claramente la puerta a futuras entregas.
Crimen en el paraíso salado consolida a Isco Vivas como un protagonista complejo dentro de la novela negra española actual, y confirma que la saga no va de resolver crímenes, sino de entender el precio de hacerlo.
Salvador Vivancos Manzano




