Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

sábado, 6 de junio de 2026

10 años de guerra, de Pedro González Núñez (Reseña nº 1153)

 


 

Pedro González Núñez
10 años de guerra
Loto Azul Editorial, 2025

La guerra es el estado natural del hombre, la cita no es mía. A lo largo de mi vida la he escuchado más de una vez y, posiblemente, leído en el interminable mundo que es Internet, y fue lo primero que me vino a la memoria cuando terminé de leer el manuscrito de la novela que tienes entre manos, desconocido lector.

Tal vez debería haber leído primero la epístola que Sigmund Freud envió a Albert Einstein cuando éste le consultó sobre si existía un medio de librar a los hombres de la amenaza de la guerra; si existía un medio de canalizar la agresividad del ser humano y dotarlo de medios contra sus instintos de odio y destrucción. Aquella consulta la realizó el 30 de julio de 1932 y, como ahora con Putin, era Hitler quien extendía la violencia por Europa. ¿Nada ha cambiado?

Si tenéis interés por saberlo, según datos del 20 de octubre de 2023, el día de mi 65 cumpleaños, la Academia de Derecho Internacional Humanitario y Derechos Humanos de Ginebra, en Medio Oriente y el norte de África se encuentran activos 45 conflictos armados, 35 en el resto del continente africano, Asia cuenta con 21 conflictos en activo, Europa tiene 7 y América Latina es escenario de 6 conflictos armados, aunque estos incluyen también violencia criminal, como en el caso de México.

Esa misma Academia nos desvelaba que hacía once días el mundo había sido testigo del resurgimiento de un conflicto armado que tiene, por lo menos en su etapa moderna, 75 años de historia. Se trata del conflicto Palestino-Israelí, que había dejado 1,400 muertos del lado israelí y 3,500 en el lado palestino, en tan solo trece días.

Creo que ese es el espíritu de la novela que nos ocupa, y que Pedro González, escritor impenitente, ha querido abordar con ella, dándole el aspecto de algo cercano, algo común, pues la dedicatoria a su abuelo Agustín nos lleva a creer que el protagonista (que se llama Agustín Núñez Cazorla), es ese abuelo al que el autor dedica la novela.

Pedro es ya un reconocido escritor capaz de sorprendernos con cada nueva entrega de su inagotable creatividad. Da lo mismo el género, pues ha publicado en casi todos: negra, fantástica, romántica, Ci-Fi, juegos… y a su registro le faltaba histórica. Y sale airoso del reto que se propuso. Claro que, si buscamos en la red de redes, veremos que además de su incontable capacidad para escribir en cualquier registro, también la encontramos en sus heterónimos: Joe Lem, Henry Guy, Marqués de Babilonia, PG Sharpe, Perry Green, Paul Michel... Todos y cada uno de ellos son Pedro González. Lo he dicho un poco antes, nos hace creer que el protagonista es alguien cercano, que nos está narrando sus vivencias en esa tragedia que forma parte del ADN de la Humanidad.

Y demuestra, a lo largo de las páginas de la novela, que la Guerra, así, en mayúscula, es algo con lo que los seres humanos nos acostumbramos a vivir, porque jamás ha existido ni un solo día de paz en el mundo.

Agustín Núñez nos irá relatando en primera persona cómo la tranquila vida de un profesor de una pequeña escuela a las afueras de Badajoz cambia a partir de 1936, cuando es reclutado para defender a la República. ¿Por qué a la República? Pues porque le había tocado allí, sin más, un detalle importante de todas las guerras. La deciden quienes nunca van a participar en ellas, las combaten quienes el día antes, una hora antes o un segundo antes, intentaban ganarse la vida, llevar un salario a su casa.

¡Qué fácil es incitar a los hombres a la guerra! En la citada epístola de Freud a Einstein, aquel reflexiona sobre este asunto y nosotros, la generación que no había vivido ninguna guerra, puede parecernos extraño, pero lo vemos en el cine, en la televisión, cuando antes de cada batalla el líder incita a los que van a morir y, estos, luchan: el instinto de vida y el instinto de muerte.

Diez años en guerra vivió Agustín Núñez, miles de años en guerra vive la Humanidad. Y todo apunta que es solo el principio, que la historia se repite.

Leíamos hace un par de fechas que en 2050 el planeta Tierra tendrá 9.700 millones de habitantes. Un planeta superpoblado, donde los recursos naturales ya escasean en 2025, donde el gran reto es cómo se alimentará a tal población, cómo se le dará acceso al agua a todos y de dónde se obtendrá ese alimento y esa agua.

Naciones Unidas ha realizado una estimación en el año 2050 se necesitará producir un 70 % más de alimentos que en 2023, sólo para cubrir las necesidades de la población mundial. Pero me pregunto, ¿y la alimentación de aquellos seres que alimentan a esos miles de millones de seres Humanos?

Diez años en guerra vivió Agustín Núñez, escapando de una guerra, de la Civil española a la II Guerra Mundial, recorriendo Europa y el norte de África, y en cualquier lugar, por mucho que él intentaba escapar, la guerra le alcanzaba.

         Hoy la Guerra está ahí, a las puertas de nuestra casa, a las de esa Europa que está siendo invadida cada día por miles y miles de habitantes de otras partes del mundo, buscando la sociedad del bienestar y, al tiempo, esquilmando los recursos de que dispone, pues cuando la formularon nunca contaron que debían darles ese bienestar a millones de habitantes llegados de África, de Asia, de América Latina, de …

         Soy pesimista, lo habrás descubierto ya si has llegado leyendo hasta aquí.

         El personaje de esta novela nos desvelará también las consecuencias de esta interminable Guerra en la que vive la Humanidad: al final sólo sabía matar. Terrible confesión.

No sé con qué armas se peleará la III Guerra Mundial, pero la cuarta será con palos y piedras, frase atribuida a Albert Einstein, tras la II Guerra Mundial.

 

Francisco Javier Illán Vivas

jueves, 4 de junio de 2026

Libros reseñados en mayo de 2026


 

Durante el mes de mayo la sección Libros en el Acantilado ha publicado cinco reseñas: Los ríos nunca miran atrás, de José Luis Monroy Antón, con 1146 lecturas; Este libro muerde, de Désirée Dorado, con 1440 lecturas; Un sitio donde estar a salvo, de Eduardo Quijano, con 1330 lecturas; Ciudades dde Europa, de Miguel Ángel de Rus, con 1420 lecturas; y El barco de Teseo, de Ginés Aniorte, con 1209 lecturas.

miércoles, 3 de junio de 2026

58100 lectores en el blog durante mayo de 2026


 

58100 lectores han visitado Acantilados de papel durante el mes de mayo, centrándose especialmente en las reseñas literarias, cuyas estadísticas publicaremos a partir de mañana.

martes, 2 de junio de 2026

Boca de dragón, de M.D. Álvarez

 


Aquella hermosa florecilla de un intenso rojo pasión era la flor favorita del primer emperador Jinmu Tenn, que, según cuentan las leyendas, disputaba el gobierno de la gran isla Hondo a un beligerante dragón de escamas rojas que aniquilaba pueblos enteros.

Un buen día, Jinmu Tenn vio en uno de los muros que circundaban la ciudad imperial una hermosa florecilla de un insípido color blanco que se asemejaba a las fauces de un dragón y tuvo la genial idea de invitar al beligerante dragón a un certamen de magia. El dragón, por sí mismo, ya era una criatura mágica y se creyó ganador. 

El día del encuentro, Jinmu Tenn se presentó con una pequeña maceta cubierta, pues no quería mostrar su poder. 

El dragón mostró su poder, refulgiendo como un fuego abrasador, mientras todos lo admiraban y aplaudían. 

El joven puso cara de abnegación y dijo: —Si tan siquiera tuviera una gota de tu sangre, lograría equiparar mi truco de magia".

El dragón, perplejo ante la petición, ofreció una gota de su sangre, que el joven utilizó para regar aquella plantita de flores blancas. 

Lo que ocurrió a continuación fue un portento: las blancas flores se fueron tiñendo de un rojo sangre para admiración de los allí presentes. 

El dragón quedó cautivado por la hermosura de aquella planta y cedió su derecho a gobernar la gran isla de Hondo. 

Desde aquel día, la pequeña plantita, anteriormente conocida por el nombre de «conejitos», pasó a recibir el magnífico nombre de boca de dragón.

M. D. Álvarez 

viernes, 29 de mayo de 2026

El barco de Teseo, de Ginés Aniorte (Reseña nº 1152)

 

Ginés Aniorte
El barco de Teseo
Renacimiento, 2022

En su momento se consideró a este poemario como el regreso a la poesía de Aniorte, tras una década sin publicar poesía, que no sin escribirla. Y escogió un título muy significativo. Era el regreso de un creador a su raíz, a la tierra que lo vio nacer y de la cual, en el fondo, un poeta nunca se marcha del todo. Aunque la vida, la docencia y los caminos literarios le hayan llevado al otro lado del Mediterráneo, donde hoy vive y trabaja, él está anclado con parte de su alma, si no toda, en Sangonera la Verde, en Murcia, en su tierra.

Como os digo, desconocidos lectores, el título es sugerente y profundamente simbólico: El barco de Teseo. Como muchos sabréis, seguro que mejor que este que lo es, evoca aquella célebre paradoja de la Antigüedad: si a un barco se le van sustituyendo, una a una, todas sus maderas gastadas por maderas nuevas hasta que no queda ninguna de las originales, ¿sigue siendo el mismo barco?

No he hablado con el autor de esto, pero llevado a la poesía de Aniorte, esta paradoja se convierte en una bellísima metáfora de la existencia humana. Es lo que yo he encontrado en el poema A modo de prólogo. Es un viaje a través de la identidad, del paso del tiempo y de la reconstrucción personal. No olvidemos tampoco que el poemario se publica al mismo tiempo que la obra dedicada a la muerte de su hermana, Angelina, que podéis leer aquí.

A lo largo de las páginas el autor nos invita a reflexionar sobre cómo nos transforman los años, las distancias, las pérdidas y las experiencias. Nuestras maderas cambian, nuestros paisajes cambian, pero hay una esencia, una memoria invisible que nos mantiene fieles a nosotros mismos.

Y si no, ¿qué nos queda?

Su poesía es una poesía de la claridad, de la línea limpia y de la confidencia. Un poemario para permanecer siendo quienes somos, aunque nos cambien cada célula de nuestra piel.

Francisco Javier Illán Vivas