Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

jueves, 1 de octubre de 2026

martes, 29 de septiembre de 2026

Elixir immortalitatis. II parte, de M.D. Álvarez

 


Con las preciadas bayas en mi poder, emprendí el regreso. La travesía de vuelta fue más sencilla que la de ida, pues ya conocía el camino y no había obstáculos que superar.

Al llegar a la superficie, fui recibido con júbilo por mis compañeros de expedición, quienes se sorprendieron al verme ileso y con las bayas en mi poder.

Sin perder tiempo, partí hacia mi tierra natal, ansioso por compartir mi descubrimiento con el mundo. A mi llegada, fui aclamado como un héroe y el elixir immortalitatis se convirtió en la cura para todas las enfermedades.

Viví durante siglos, presenciando el auge y caída de civilizaciones, acumulando sabiduría y experiencia inimaginables.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la inmortalidad comenzó a pesar sobre mí.

Anhelaba la compañía de mis seres queridos, que habían sucumbido a la muerte hace siglos. La soledad y el vacío se apoderaron de mí, y comprendí que la verdadera felicidad no reside en la vida eterna, sino en los momentos compartidos con los demás.

Decidí entonces utilizar una de las bayas restantes del elixir immortalitatis y creé un antídoto que eliminara el efecto del elixir y así poner fin a mi propia vida. Reuní a mis amigos más cercanos y les conté mi decisión. Entre lágrimas y abrazos, me despidieron y presenciaron mi último aliento.

Mi muerte marcó el fin de una era, pero mi legado perduró en la historia. El elixir immortalitatis se utilizó con moderación para curar a los enfermos y prolongar la vida de aquellos que más lo necesitaban. Y aunque yo ya no estaba entre ellos, mi espíritu vivía en cada persona que tocaba la magia de las bayas.

La historia del elixir immortalitatis es un recordatorio de que la vida es un regalo precioso y finito. Debemos aprovechar cada momento al máximo y apreciar a las personas que nos rodean, pues no estarán con nosotros para siempre. La verdadera inmortalidad no reside en la vida eterna, sino en el amor, la amistad y los recuerdos que dejamos en los demás.

M. D. Álvarez

viernes, 25 de septiembre de 2026

Lo que quedó entre líneas, de Catina Rubio (Reseña nº 1168)

 

Catina Rubio
Lo que quedó entre líneas
Ediciones Ende, 

Esta semana traemos a estos no tan abruptos Acantilados de papel una propuesta profundamente humana, delicada y valiente, de Catina Rubio, nacida en Navas de San Juan (Jaén) y afincada en Dénia desde 1980. Además, tuve la suerte y el honor de presentarla en ExLibris 2026 en el marco de la Biblioteca Regional de Murcia.

Catina ha desarrollado su vida profesional como Técnico en Cuidados de Enfermería, un ámbito donde la cercanía con la vulnerabilidad, el cuidado y el dolor ajeno alimentan una sensibilidad especial. Su vivencia en el mundo sanitario ha impregnado su escritura de una mirada compasiva, empática y llena de verdad.

Además de pertenecer a la asociación 'Poetes per la Cultura de la Marina Alta', Catina destaca por su firme compromiso social, colaborando activamente con entidades como 'Amunt contra el cáncer' y la asociación 'Matria', en defensa de la igualdad y contra la violencia de género.

Por eso os comentaba al principio que 'Lo que quedó entre líneas',  es una obra que nace del silencio, de la memoria, de la resiliencia y del amor. Un homenaje (y un recuerdo para siempre) en palabras a sus padres, a sus vivencias y a todo aquello que, por miedo, pudor o falta de tiempo, se nos queda guardado en la garganta.

Francisco Javier Illán Vivas

martes, 22 de septiembre de 2026

Elixir immortalitatis, de M.D. Álvarez

 


El viaje casi había concluido, su búsqueda tocaba a su fin. Bajo sus pies se encontraba la única muestra de Elixir immortalitatis, una planta que crecía en la oscuridad perpetua de la única tumba a la que todavía no habían saqueado. Me estoy refiriendo al mausoleo subterráneo de Khumblor, el primer emperador de los Uhtik y consorte de la diosa de la procreación, Sihamls.

Ahora solo faltaba encontrar la entrada a tan majestuoso mausoleo, pues los historiadores lo habían descrito como la octava maravilla del mundo. La tumba descansaba sobre una colina rodeada de un lago de mercurio, rodeado a su vez por murallas de jade, oro, plata, ópalo, y así hasta 8 murallas alrededor de la tumba.. Bueno, a lo que íbamos, yo buscaba el elixir immortalitatis y parece que crecía a los pies de la tumba.

Fui atravesando muralla tras muralla hasta llegar a la laguna de mercurio. Había sido precavido al conseguir el mitológico barco de Frohun, Rhenhental, hecho de finas planchas de hierto, que por arte de magia se pliega hasta alcanzar el tamaño de una cartera. Lo eché a la laguna de mercurio y se mantuvo a flote, surqué las aguas del lago hasta el comuna del medio. 

Al pie de la entrada al templete crecía un plantío de pequeñas plantitas de color azul turquesa, de cuyas ramas crecían unas pequeñas bayas de color fucsia. Cogí una de aquellas diminutas bayas que crecían casi en la oscuridad, me hice con 12 bayas y me dispuse a regresar. 

No necesitaba saquear la magnificencia de la cultura uhtik. Debía salir sin romper el encanto de una tumba virgen. Dejaría descansar a Khumblor y sus enigmáticos misterios. Yo había conseguido lo que había ido a buscar. Tenía en mi poder el elixir immortalitatis.

Continuará...

M. D. Álvarez