Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

viernes, 8 de abril de 2016

El quinto camino, de Jesús Canovas Martínez (Reseña nº 767)

Jesús Cánovas Martínez
El quinto camino
Tres Fronteras Ediciones, marzo 2016

El primer camino es el del fakir, trabaja el cuerpo físico. El segundo camino es el del monje, el de la devoción.  El tercero es el intelectual, el cuerpo mental. El cuarto es del del hombre astuto, mezcla los tres anteriores, pero los supera. El quinto camino es el del amor. Pero el amor que trasciende a lo divino.

Este es el fundamento de la novela que tenemos entre manos, la primera de Jesús Cánovas Martínez, y que nos lo descubre gracias al monólogo de la protagonista, una mujer que sale de una "depresión contumaz que se ha llevado cinco años de mi vida", mientras pasea por las calles de Murcia a primeras horas de una primavera cercana.

Oyendo sus recuerdos y sus pensamientos conoceremos a Jorge, su marido, que vive y no vive con ella, porque es muy especial: "Jorge llega los fines de semana; pasa los sábados y los domingos conmigo, en el pisito que me compraron mis padres; esos días hacemos vida familiar: él, yo y la niña"; pero hay entre la pareja una sensación de extrañeza, "de sentirlo cada vez más distante" cuando regresa.

Mientras deambula por Murcia, nuestra protagonista nos va contando sus recuerdos, sus vivencias, porque siente que "saltan, vivos, los recuerdos". Pero no querrá detenerse en el pasado "herido que aparece como glorificado", porque sabe que quedó definitivamente atrás "y muerto, él también, como mis antepasados, como mis abuelos y todos aquellos que les precedieron y forman la cadena que llega hasta mí".

Hay mucho de amor y de muerte en esta novela, monólogo interminable con los recuerdos y vivencias de la protagonista, de su fe perdida y recuperada en un determinado momento de su vida, de sus coqueteos con el esoterismo en busca de ese quinto camino enunciado por Mouravieff, al que Jorge, su pareja y después marido, la lleva. Hay en esta novela transcendencia, plenitud de sentimientos, espiritualidad ("no puede ser que tanto sufrimiento no tenga un sentido"). 

Y al final del camino, de su deambular por las calles primaverales de una Murcia casi dormida, ella, la protagonista, se acuerda de su hija, la pequeñita.

El ancla, la seguridad, el regresar al mundo que le ha tocado vivir. 

Francisco Javier Illán Vivas 

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