Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

jueves, 9 de marzo de 2017

Selección poética de Irel Faustina Bermejo



OCEÁNICO AZUL
(TRILOGÍA: El hombre era un monte, 2004)

En el oceánico azul
las pequeñas islas
aparecen entre los reflejos
dorados de la luz.

Las ciclónicas olas golpean
los abruptos acantilados.
Las gotas de espuma
en el éter dispersas
recogen los colores
del arco iris dilatándolos
entre las islas y los escollos
donde moran las sirenas.

Sumergido en contemplación absorta
del archipiélago, el cálido Siroco
acaricia mi despejado rostro.
Las gaviotas planean,
sin mover las plumas de sus alas,
en círculos concéntricos,
escribiendo en el azul
los versos de un maldito poeta.

La belleza del lugar
 me asombra
y tu ausencia
se convierte
en una carga dura.


Me pregunto
si tus ojos vislumbran
la misma luna
que rompe
la delgada línea del horizonte.




PAISAJE
(TRILOGÍA: La mujer dormida, 2004)

Camino por espartizales
y profundas cárcavas
por donde el agua corre veloz

en días de lluvia airosos y otoñales.

Desde las cumbres altas
que sostienen los nimbos blancos
se distingue el amplio mar
que el horizonte quebranta
en días despejados.

Atronador silencio.

Formando parte
del paisaje desolado
la Diosa nos habla.

SIENDO YO EL MAR
(TRILOGÍA: Cristales, 2004)

Creí que siendo yo el mar
y tú la orilla,
podría abandonarte.
¡Qué ingenuo fui!
El mar nunca abandona
a su orilla.

Creí que podía alejarme
y sentirte ausente.
¡Qué ingenuo fui!
No existe la distancia,
ni el tiempo,
ni el espacio.

Creí que podía morir
y la muerte es sólo
un cambio de estado.
¡Qué ingenuo fui!
Yo soy la eterna ola
acostumbrada a las riberas
de finísima arena,
y a las rocas.



(¿Realidad desvanecida?, 2007)


36.- Quiero invitarte a cruzar
el puente hacia la locura.
Conviértete en mago
de ceremonias.
Ardamos juntos dentro
 de nuestras túnicas largas,
rodeados de cirios blancos,
 cubiertos por las rosas,
bajo los soles dorados
del crepúsculo.
Cruza conmigo.
Es demasiado arriesgado
para una mujer sola
llegar a su filo y atravesarlo.
Mi pecho está lleno de peces.
Estoy marcada cruelmente
 por la maldición de la Rueda.
No, no me dejes sola ante la muerte.

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