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jueves, 27 de octubre de 2016

Los orígenes del Halloween


Los orígenes del Halloween son cristianos, con una visión marcadamente estadounidense; es decir, ecléctica y fruto de múltiples fusiones culturales. Es cierto que los celtas de Irlanda y Bretaña celebraban un festival el 31 de octubre, al igual que hacían casi todos los últimos días de otros meses. Sin embargo, Halloween cae en el último día de octubre porque es la víspera de la fiesta católica en honor de todos los santos. Esta fiesta se solía celebrar el 13 de mayo, pero el papa Gregorio III, en el año 741, la cambió al primero de noviembre, día en que se dedicó la Capilla de todos los santos en San Pedro, en Roma. El siguiente siglo, el papa Gregorio IV mandó que la Fiesta de todos los santos se celebrara en todo el mundo cristiano, llegando así a Irlanda.


La noche anterior a la fiesta de todos los santos se celebraba una vigilia llamada en inglés ‘All Hallow’s Eve’, o Halloween: víspera de todos los santos. En esos días, Halloween no tenía un significado especial ni para los cristianos ni para los desaparecidos paganos celtas. En el año 998, San Odilón, abad del poderoso monasterio de Clûny en el sur de Francia, agregó una celebración el día 2 de noviembre. Era un día de oración para las almas de los fieles difuntos. Esta festividad llamada día de todas las almas, se expandió desde Francia al resto de Europa.


Así pues, la Iglesia tenía festividades para aquellos en el cielo y aquellos en el purgatorio. ¿Qué hay de aquellos en otro lugar? Al parecer los aldeanos católicos irlandeses se preocuparon por las desafortunadas almas en el infierno. Después de todo, si hacemos a un lado las almas del infierno cuando celebramos aquellas del cielo y del purgatorio, tal vez aquéllas sean tan infelices que nos puedan causar problemas. Así se volvió costumbre golpear cazos y sartenes la víspera de Todos los santos para que los condenados supieran que no habían sido olvidados. Así, por lo menos en Irlanda, todos los muertos fueron recordados aunque a los clérigos no les hacía demasiada gracia Halloween, y nunca instituyeron en el calendario eclesiástico un Día de todos los condenados.
 
Pero ésa no es aún nuestra celebración de Halloween. Nuestras tradiciones para esta festividad se centran en vestirse con disfraces rebuscados, lo cual no es en absoluto irlandés. Esta costumbre surgió más bien en Francia durante los siglos XIV y XV. El medievo tardío sufrió ataques repetidos de la peste bubónica o peste negra, llamada la “muerte negra”, que fue la causa de la muerte de la mitad de su población. No es de sorprender que los católicos tuvieran más interés en la otra vida. Se celebraban más misas de sufragio en el Día de todas las almas, y se diseñaron representaciones artísticas para recordar a todos nuestra mortalidad. Estas representaciones son las ‘danse macabreo’ (danzas macabras, o danza de la muerte), comúnmente pintada en las paredes de los cementerios, y que mostraba al diablo conduciendo una cadena de gentes: papas, reyes, damas, caballeros, monjes, campesinos, leprosos, etc., a su tumba. A veces esta danza se presentaba el propio Día de todos las almas, como un retablo viviente con personas vestidas con las ropas de los diferentes estados de la vida.


Pero los franceses se disfrazaban el Día de todas las almas, no en Halloween; y los irlandeses que tenían Halloween, no se disfrazaban. Cómo es que ambas celebraciones se mezclaron, probablemente ocurrió en las colonias británicas de Norteamérica durante el siglo XVIII, cuando los irlandeses y los franceses se comenzaron a casar entre sí. El enfoque irlandés en el infierno le dio a las mascaradas francesas un giro más macabro.


Pero como todo niño y joven sabe, disfrazarse no es la clave. La clave es obtener el botín más grande posible. Entonces, ¿de donde viene la frase ‘trick or treat’? (dulce o broma, truco o trato). Trick or treat es tal vez, la adición más peculiar y estadounidense al Halloween, y es una contribución inadvertida de los católicos ingleses.


Durante el periodo penal de 1500 a 1700 en Inglaterra, los católicos no tenían derechos legales. No podían desempeñar puestos públicos, y eran sujetos de multas, cárcel y pesados impuestos. Decir misa era una ofensa capital y cientos de sacerdotes fueron martirizados. Ocasionalmente, los católicos ingleses resistieron, a veces de formas nada sensatas. Uno de los actos más insensatos de resistencia fue el complot para hacer volar, usando pólvora, al rey protestante James I y a su parlamento. Se suponía que esto dispararía una insurgencia católica en contra de los opresores. El mal concebido complot de la pólvora fue sofocado el 5 de noviembre de 1605, cuando el hombre que cuidaba el polvorín, un descuidado converso llamado Guy Fawkes, fue capturado y arrestado. Fue colgado, y el complot se disolvió.


El 5 de noviembre, Día de Guy Fawkes, se convirtió en una gran celebración en Inglaterra, y así lo sigue siendo. Durante los periodos penales, bandas de celebrantes se ponían máscaras y visitaban a los católicos en mitad de la noche, demandando cerveza y pasteles para su celebración: ¡trick or treat!


El día de Guy Fawkes llegó a las colonias americanas con los primeros colonizadores ingleses. Pero para cuando llegó la Revolución norteamericana, el viejo rey James y Guy Fawkes habían sido olvidados. Sin embargo el trick or treat era demasiada diversión como para olvidarlo; así que, llegado el momento, se cambió al 31 de octubre, el día de la mascarada franco-irlandesa. En los nacientes Estados Unidos, trick or treat no se limitaba a los católicos.


La mezcla de varias tradiciones inmigrantes que conocemos como Halloween se había convertido en una tradición en los Estados Unidos para principios del siglo XIX. A la fecha, permanece desconocida en Europa, aún en los países en los que se originaron algunas de sus costumbres.


¿Qué hay de las brujas? Pues son una de las últimas adiciones. La industria de las tarjetas de felicitación las agregó a finales del siglo XIX. Halloween ya tenía ánimas, así que, ¿por qué no darle un lugar a las brujas en las tarjetas de felicitación? Las tarjetas de felicitación de Halloween no tuvieron éxito, (aunque ha habido un reciente resurgimiento en su popularidad), pero las brujas se quedaron.


Igualmente en el siglo XIX, folcloristas mal informados agregaron el jack-o-lantern (la linterna hecha con una calabaza ahuecada y tallada). Pensaban que Halloween era una fiesta de origen pagano, druídico. Las lámparas hechas con rábanos (no calabazas) habían sido parte de los antiguos festivales celtas de las cosechas, así que fueron trasladados a la celebración americana del Halloween.


Así pues, la próxima vez que alguien clame que Halloween es un truco cruel para atraer a sus niños a la adoración satánica, sugiero le contemos el verdadero origen de All Hallows’ Eve, y le invitemos a descubrir su verdadero significado cristiano, junto con las dos fiestas católicas mayores y más importantes que le siguen.



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Fuentes: R.P. Augustine Thompson, O[rden]P[redicadores], ‘Catholic Digest’ (Octubre 1996).

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