Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

martes, 15 de septiembre de 2015

La Cruz de Hattin, de José A. Carbonell Pla (Reseña nº 742)

José A. Carbonell Pla
La Cruz de Hattin
Alicia Rosell Ediciones, marzo 2015

La supuesta cruz donde Jesucristo fue crucificado fue robada y recuperada por el emperador Heraclio en el año 614, la Cruz se dividió para evitar nuevos robos. Una parte fue para Roma, otra para Constantinopla, otra quedó en Jerusalén y una cuarta parte se distribuyó en astillas por iglesias, monasterios y santuarios de todo el mundo conocido. (Página 186).

El misterio de esta cuarta parte que quedó en Jerusalén es el motivo de la novela de José A. Carbonell. Partiendo de los sucesos previos a la batalla de Hattin, donde los ejércitos del Rey de Jerusalén, mal comandados, desavenidos entre ellos, fueron masacrados por las tropas de Saladino, aglutinadas todas alrededor de una figura que había conseguido unir a todo el mundo árabe.

Todo apunta a que el ejército vencedor se apoderó de esa cuarta parte de la Lignum crucis, pero la aparición del manuscrito de un diario, correspondiente al monje templario, que con el tiempo se ha sabido que fue del franco Armand de Sonnac, pone en duda esa versión y crea la duda, pues éste monje asegura que él recuperó el madero -desprovisto de toda pedrería, oro y joyas- y lo enterró no muy lejos del campo de batalla, algo que en la confusión de sangre y fuego pasó desapercibido.

El mencionado monje templario llega, tras muchas peripecias, y gravemente herido, a Tartus, donde unos hermanos monjes le admiran por haber luchado en tan catastrófica batalla para el cristianismo, pues abrió las puertas de Jerusalén a los ejércitos de Saladino, y otros le desprecian como cobarde por haber abandonado el campo de batalla sin honor.

Pero a partir de ese momento se desencadenarán los acontecimientos en busca y recuperación del madero donde Jesucristo fue crucificado. 

El autor nos mezclará lo que pudo ser con lo que fue, en una galería de personajes históricos y de su propia cosecha que convierten a esta novela en lo que pudo ser, ¿por qué no?, si el madero no fue saqueado y profanado por las huestes musulmanas.

A ti, desconocido lector, te toca viajar, siguiendo las instrucciones del manuscrito, solo o acompañado, hacia la ciudad de Lubia, en cuyos alrededores puede que aún permanezca la venerada reliquia, aguardando el gozoso día de ser devuelta a la cristiandad.

PD: Cuidado con los comedores de hachis de El Viejo.

Francisco Javier Illán Vivas