Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

miércoles, 30 de julio de 2014

Un cuento para tiempos de crisis

Mientras la literatura oral perteneció al pueblo, era el pueblo quien decidía qué debía contarse, cómo y cuando. Se que el motivo de esta revista trata la sociedad actual y a mi, falta de ideas para desarrollar un artículo de gran calado, solo se me ocurre contarles este cuento, hecho de trozos de diferentes versiones recogidas de la tradición oral de la península ibérica y ya les voy comentando. Insisto que esto es solo un cuento.

Pues señor, dos mujeres se pusieron de acuerdo para criar pollitos. Una puso la gallina clueca y otra los huevos. Pero de todos los huevos solo nació un pollito. Y las mujeres se pusieron de acuerdo para partirlo por la mitad. Una se comió su medio pollo, asado y con patatas, pero a la otra le dio pena y decidió echarlo al corral. Y como tenía medio piquito, una alita, una patita, en fin que era la mitad de un pollito, todo el mundo lo llamaba Mediopollito.

Hasta aquí lo normal para un cuento. En otras versiones, no mencionan a las mujeres y su decisión salomónica sino que el pollito es tan pequeñajo, delgado o tan poca cosa que todos lo llaman medio pollito.

Un día, escarbando en el estercolero, Mediopollito encontró medio durito. En ese momento pasaba por allí el rey que le dijo:
-Mediopollito, préstame tu medio durito que me quiero casar.

En el mundo de los cuentos, el rey, no lo es literalmente, sino que representa una figura de gran autoridad o poder. Por otro lado, ¡que oportuno! ¿no les parece?, estar allí justo cuando Mediopollito encuentra algo de valor.
En las diferentes versiones, Mediopollito encuentra un medio real de plata, una bolsa de dinero, un medio pesito (versiones hispanoamericanas) o simplemente dinerito. A mi me gusta la idea de que sea “medio” (como Mediopollito) sea real, moneda de oro, plata, peso, duro u euro. Esto a gusto del narrador.

El rey dio su palabra a Mediopollito de que la semana siguiente le devolvería su medio durito, pero pasó una semana y otra y otra, y luego un mes y otro. Mediopollito mandaba recado al rey, pero el rey no le devolvía su medio durito.

Ya se que esto es solo un cuento, pero esta situación ¿no les suena? Es como un “dejavú”.

Entonces Mediopollito se dijo: “Esto no puede ser. Voy a ir al palacio del rey a pedirle mi medio durito”.

Con dos c….., bueno, con uno.

Caminando, caminando se encontró con unas palomas que le preguntaron:
- Medio pollito, ¿dónde vas?
- Al palacio del rey, a por mi medio durito. Si queréis venir conmigo...
Y las palomas se fueron con él. Pero al rato de volar se cansaron y dijeron:
-Mediopollito, que nos cansamos.
- Pues meteros en mi medio culito. –Y allí se metieron.

Repito, estamos en un cuento y Mediopollito ofreció lo que tenía para ayudar a estas palomas cansadas. Los niños una vez instalados en el cuento, no cuestionan ni la lógica, ni el lugar. Solo se miran entre ellos preguntándose si un adulto ha mencionado la palabra "culito" en el cuento y si les está permitido reírse de ello (experiencia personal con unos niños hipereducados).

Caminando, caminando llegó a una pueblo donde cacareaban asustadas las gallinas porque andaba una zorra asaltando los corrales. Al ver a Mediopollito le dijo:
- Medio pollito, ¿dónde vas, que te voy a comer?
- No me comas, no me comas que voy a tener dinero y te daré muchas gallinas. Me dirijo al palacio del rey por mi medio durito. ¿Quieres venir conmigo?

Mediopollito, en vez de echar a correr (que por otro lado no le hubiera servido de mucho), ofrece una alianza.

-Pero eso está muy lejos y me cansaré -contestó la zorra.
-Pues métete en mi culito.
Y allí se metió la zorra.

Sumando compañeros de viaje…

Mediopollito siguió andando y andando y al atravesar un bosque se encontró con un lobo, que le preguntó:
- Mediopollito, ¿dónde vas?
- Al palacio del rey por mi medio durito.
-¿Me dejas que te acompañe?
-Pues anda lo que yo ande.
Y fueron caminando caminando hasta que el lobo dijo:
- Medio pollito, que me canso.
- Pues te metes en mi culo y asunto resuelto.
Y el lobo allí se metió y Mediopollito siguió su marcha más contento que un ocho..

alguno de ellos, bastante feroz…

Caminando, caminando, se encontró con un enorme pedregal. Y dijo Mediopollito:
- Con tantas piedras me cansaré yo. Mejor será…
Y se dio la vuelta y todas las piedras entraron por su medio culito. 
 
y otros muy pesados. Y a estas alturas del cuento, los niños se ríen con todas sus ganas. En algunas versiones se trata de una montaña la que encuentra en medio de su camino.

Caminando, caminando se encontró un río en la mitad del sendero:
- Río, por favor, déjame pasar, que no puedo volar, ni se nadar.
-Mediopollito ¿dónde vas? -preguntó el río
-Al palacio del rey por mi medio durito.
Al río le impresionó mucho que aquel Mediopollito fuera a visitar al rey y le dijo:
-¿Podría acompañarte yo?
-Claro, solo tienes que andar a mi lado.
-Pero yo no ando...
-Eso no es problema, métete en mi culo -dijo tranquilamente Mediopollito.
Y allí se metió el río y Mediopollito continuó su marcha más contento que un ocho y con un culo como una plaza de toros.

Ya saben, a grandes males...Y hablando de plazas de toros...

Caminando, caminando, se encontró con un toro:
-Mediopollito, ¿dónde vas?
- Al palacio del rey por mi medio durito.
- ¿me dejas ir contigo?
- No, no, que te vas a cansar.
-Yo no me canso. Soy un toro y hago mucho ejercicio por el campo, dehesa arriba, dehesa abajo.
-Vale, pues acompáñame.
Pero al cabo de un rato el toro dijo:
-Mediopollito que me canso.
-Ya sabía yo -dijo Mediopollito- ¡Hala! métete en mi culito.
Y allí se metió.

Un toro, sí, un toro. Poca cosa después de un pedregal y un río Además es un símbolo inseparable, donde los haya, de la península ibérica y de los españoles.

Y por fin, Mediopollito llegó al palacio del rey y llamó a la puerta: ¡Pom, pom!
- ¿Quién es? -preguntaron los criados.
- Soy Mediopollito y vengo por mi medio durito.
-¡Señor rey, señor rey!, aquí está Mediopollito que viene por su medio durito.
- Cogedlo por la pata y llevadlo al granero, a ver si se ahoga cuando le echéis el trigo encima y mañana me lo comeré.

El rey no parecía acordarse de su palabra. Pienso que les puede parecer raro que a un rey le pase esto, pero como saben esto solo es un cuento y cualquier parecido con la realidad...

Y así lo hicieron. Y empezaron a echarle trigo encima y cuando Mediopollito no podía moverse y casi estaba aplastado, dijo:
-¡Palomas salid!
Y así lo hicieron y se comieron en un plis, plas, todo el trigo del granero del rey y se fueron volando.
Y entonces Mediopollito empezó a gritar: “¡PIO, PIO, PIO, QUIERO LO QUE ES MIO!”

¿No les parece una frase estupenda? ¡A los niños les encanta corearla!

Los criados fueron a decirle al rey:
- ¡Señor rey, que Mediopollito se ha comido todo el trigo!
- Pues cogedlo por la pata y echadlo al corral de los gallos de pelea. ¡Ja, ja, ja! y mañana me lo comeré.

¡Ay! ¡Pero qué malo! ¡Quería que lo picotearan y lo mataran!

Y así lo hicieron. Lo echaron al corral en medio de aquellos furiosos gallos de pelea, pero entonces Mediopollito dijo:
-¡Zorrita, sal!

Los amigos están para cuando se necesitan. En los tiempos buenos y en los malos. La zorra ayuda a Mediopollito…

Y salió la zorra y se comió uno a uno a todos los gallos y se marchó tan contenta.

y Mediopollito, le proporciona comida. Esto es cooperación.

Y Mediopollito gritaba: “¡PIO, PIO, PIO, QUIERO LO QUE ES MIO!”
Los criados le dijeron al rey:
- ¡Señor rey, Mediopollito se ha comido a todos los gallos de pelea y no ha dejado ni las plumas!
- ¡Pues cogedlo por la pata y encerradlo con los potros salvajes, que mañana me lo comeré!

¡Ay! ¡Que el rey quería que lo cocearan y patearan! ¡Pero si Mediopollito solo quería su medio durito!

Y así lo hicieron, lo encerraron en la cuadra. Y Mediopollito, muy asustado, en un rincón, dijo:
- ¡Sal Lobito, de donde estás metido o soy un pollito perdido!
Y el lobo salió, se comió a todos los potros sin dejar ni uno solo y se marchó tan contento.

¿No están de acuerdo en que tener un aliado feroz viene estupendamente en situaciones extremas?

Y Mediopollito gritó: “¡PIO, PIO, PIO, QUIERO LO QUE ES MIO!”

Solo lo que es suyo y nada más.

Los criados le dijeron al rey:
-¡Señor rey, Mediopollito se ha comido a todos los potros y no quedan ni las pezuñas!
- ¡Pues ya me he cansado! ¡Tiradlo al pozo que se ahogue! -dijo el rey muy, muy enfadado.

Parece que Mediopollito pone del mal humor al rey ¿por qué será?

Y así lo hicieron. Pero Mediopollito gritó con todas sus fuerzas:
- ¡Piedras salid!

Menos mal que aún le quedan aliados.

Y salieron todas las piedras de golpe y cegaron el pozo.
Y Mediopollito, fuera del pozo y encima de una montaña de piedras, gritó: “¡PIO, PIO, PIO, QUIERO LO QUE ES MIO!”
Y el rey dijo: ¡Se acabó! Voy a comerme asado a ese Mediopollito. ¡Echadlo al fuego!

Este rey parece dispuesto a todo. Los niños inmersos en la trama del cuento se muestran indignados en estos pasajes, ¿por qué no devuelve a Mediopollito, lo que prometió?, se preguntan.

Y así lo hicieron los criados, pero cuando ya lo habían echado al fuego, Mediopollito gritó:
- ¡Rio, sal!
Y salió el río, con tanta fuerza que no solo apagó el fuego, sino que inundó todo el palacio y salió por las puertas y ventanas corriendo por el campo, camino del mar.
- ¡PIO, PIO, PIO, QUIERO LO QUE ES MIO!
-¡A mí el ejercito! -gritó el rey- ¡Matad a Mediopollito!

Era inevitable. El rey es poderoso y tiene a su servicio el ejército. Así que lo utiliza. Pero los niños saben que Mediopollito aún tiene un aliado en su medio culito y muy vehementemente piden que salga.

Y cuando todo el ejercito rodeó a Mediopollito y lo iban a matar, dijo:
- ¡Toro sal!

Cuando a Mediopollito ya no le queda más remedio, se defiende con la fuerza del toro frente a la fuerza del ejército del rey. Esto se dice que es en legítima defensa. Aunque si dejáramos hablar al rey, quizá también diría que usó a su ejercito en legítima defensa. En fin, sigamos con el cuento.

Y salió el toro como un huracán, persiguiendo a los soldados que se dispersaron rápido, dejando solo al rey. Entonces se puso a correr detrás del rey y de vez en cuando lo corneaba y el rey salia volando para después caer al suelo y seguir corriendo. Y el rey gritaba:
- ¡Socorro, socorro, socorro!

Los niños salta, gritan y aplauden. No es posible mantenerlos sentados. Tal es su alegría.

-Y Mediopollito decía: “¡PIO, PIO, PIO, QUIERO LO QUE ES MIO!”

¡¡Vamos, no se corten!! ¡¡Coreen conmigo: “¡PIO, PIO, PIO, QUIERO LO QUE ES MIO!”!!

-¡Vale, vale, Mediopollito! ¡Te daré tu medio durito! ¡Pero dile al toro que me deje en paz!
Y consintió Mediopollito en que el toro se parara. Mediopollito le dio las gracias al toro y este se marchó tan contento.
El rey devolvió a Mediopollito su medio durito. Y este regresó a su corral muy satisfecho.

¡¡Ufff!! Hay que ver, la que tuvo que montar Mediopollito, solo para que le devolvieran lo que era suyo y nada más.

Y colorín colorado éste medio cuento se ha acabado.

En las diferentes versiones de este cuento, se escogen también diferentes personajes que entran y salen del medio culito y se altera el orden de aparición, pero sorprendentemente, la estructura y la intención permanecen intactas.
Los comentarios y el análisis de este cuento, a nivel simbólico, antropológico, psicoanalítico etc., darían para muchas páginas. En este caso prefiero que cada uno extraiga lo que guste y solo quiero añadir algunas líneas más a modo de reflexión.
¿Por qué será que esta historia ya no se cuenta en el seno de la familia? Se ha ido sustituyendo por cuentos “edulcorados, empaquetados y políticamente correctos”, donde hasta la palabra “culo”, tan cotidiana, está mal vista. La verdad es que no me imagino, contando esto a los niños y explicándoles aquello del “medio ano”.
Pero es algo mucho más profundo e importante, pienso que cuando la clase ilustrada (con poder) irrumpió en este género, apropiándose de las historias del pueblo llano, para perpetuarlas por escrito, decidió “embellecerlas”, “adecentarlas” y de paso eliminar cualquier elemento que no coindiciera con sus intereses (que bautizaron como “políticamente incorrecto”) o que facilitara cualquier idea que pudiera sonar subversiva al pueblo.
A falta de abuelos y abuelas, gracias a varios recopiladores y narradores, tenemos versiones lo más parecidas a aquellas que se contaban en nuestra península antes de la era de la televisión, que nos privó (con nuestra necesaria colaboración) de la importante comunicación familiar.
Solo falta que lo contemos a nuestros niños y niñas, por aquello de mostrarles que es posible que un medio pollito pueda defenderse de personajes todopoderosos y abusones.
Igualmente os animo a contarlo en las reuniones familiares, donde los adultos además de divertirse, quizá puedan inspirarse para situaciones varias de los tiempos que vivimos.
Para los más transgresores, una sugerencia para el público infantil: prueben a acompañar la salida del personaje del lugar donde estaba escondido, con un conocido sonido característico solo de ese lugar. Hilaridad garantizada. Y sobre todo no dejen de corear, por si pudiera serles útil en algún momento:

 “¡PIO, PIO, PIO, QUIERO LO QUE ES MIO!”


Carmen Clemente Abenza (Lorquí, Murcia, 1958). Cuentacuentos especializada en tradición oral y género. Cuentoterapeuta. Estudiante de Psicología. Imparte talleres sobre cómo utilizar los cuentos en educación emocional.



Bibliografia:
"Cuentos de siempre para niñas y niños de hoy". Roser Ros Vilanova. Octaedro.
"El medio pollito y el medio real". A.R. Almodóvar. Algaida.
"Cuentos al amor de la lumbre". A.R. Almodóvar. Anaya
"Cuentos de los siete vientos". Julio Camarena. Alborada.
"El arte de contar cuentos a los niños". Elena Fortún. Espuela de Plata.
"El medio pollito". Carmen Laforet. Cálamo.

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