Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

domingo, 6 de julio de 2014

Epistolario de un soñador, de Ramón Zarragoitia (Reseña nº 668)

Ramón Zarragoitia
Epistolario de un soñador
Letras Cascabeleras, mayo 2014

Lo primero que te sorprende de este libro es su encuadernación, creo que todo un acierto de Letras Cascabeleras, la editorial de la asociación del mismo nombre, porque ha sido capaz de meter en un formato tan pequeño (15,5 x 11,5) y en apenas setenta páginas cinco relatos que nos ponen al día de historias que ocurren en cualquier localidad de nuestra geografía, en esos núcleos de población tan pequeños que, por esa misma razón, en los medios de comunicación nunca tendrán ni un minuto de su tiempo.

Ramón Zarragoitia, a quien los lectores de Acantilados de papel conocen por haber colaborado con nosotros, nos escribe estas cinco historias que tienen como eje común la carta personal, la epístola de contundencias bíblicas, la confesión escrita que, desde hace más de dos mil años sabemos: lo escribo, escrito está. Otro punto de unión para estas cinco historias es dónde se desarrollan, porque alguna sólo podrían acontecer donde lo hacen: en un pequeño pueblo perdido en la geografía.

Don José, el alcalde; D. Evaristo, el médico, D. Anselmo, el alguacil, ... son personajes principales de la localidad, pero es el maestro, D. Ginés, quien toma protagonismo de la primera historia. Bueno, más bien, su cadáver y una epístola dirigida a D. Francisco de la Vega..., carta que conocerá todo el mundo antes que su destinatario.

D. Evaristo Leguina es, como médico, un hombre acustumbrado a dar malas noticias a los pacientes, pero esas malas noticias son un mal trago cuando se deben dar en una localidad tan pequeña, donde todos se conocen y, si cabe, se estiman.

Sabremos también el motivo por el que el único hijo del viejo jefe de la estación  no quiso el puesto por nada del mundo y, también, por qué un desconocido vagabundo decide, tras visitar el pueblo, que jamás volvería a caminar de noche sobre las vías...

O, en fin, otro misterio, seremos nosotros, desconocidos lectores, los conocedores de por qué todos los miércoles, a la misma hora, el secretario del Ayuntamiento, recorre el mismo camino y vuelve a subir hasta el piso alto del viejo molino...

Son cinco historias, sí, originales, y que, tras leerlas, sabremos que no podía ser de otra forma en un pequeño pueblo como el que nos descubre Ramón Zarragoitia.

Francisco Javier Illán Vivas