Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

lunes, 19 de mayo de 2014

Selección poética de Lola Estal Hernández



Llamé una noche a una puerta
y en su aldaba dejé huella
fina
fría
y pequeña.
Y también dejé una herida
profunda
como una mirada oscura.

Al otro lado una voz
me ordenó que me marchara
y dejó que mi razón
nunca más se recobrara.

De puerta en puerta llamé
pero todas se cerraban
a mi hambre
a mi sed
y a mis palabras.

En todas dejé mi huella
en todas dejé una herida
y a cada golpe de aldaba
una chispa de mi sangre
derramaba enajenada.




Abstraído, el poeta escribe bajo la lluvia
y se pierde en su inconsciencia que discurre
por un laberinto
donde la demencia acecha.

Escurridiza la vida se le escapa
entre los dedos…
ya  busca con mirada de niño
el lugar donde se ubica el pecho ausente.




Ya el verbo enmudece
y la pluma extiende su tina
por el folio virgen…

Sin sentido, la palabra se viste
de falsa sabiduría
y se desliza hacia el margen,
incierta.




Ya ni mi letra entiendo
como ya no entiendo al tiempo,
como no entiendo a la vida
ni al paso de los años que dejé sin vivir.

No comprendo el despilfarro de esta tinta que al fin dilapido
para pensar en lo absurdo de un sueño
en el caos de mi cerebro que se satura de ideas inconexas
incomprensibles.

A veces faltan consonantes,
y otras
se repiten las vocales de mis días.
Pero yo sigo escribiendo
como un poeta loco
que eyacula la tinta entre sus dedos.

Y pregunto quién guía mi mano
—señal inequívoca de mi falta de cordura—

Entonces alumbro una escritura recta,
sin trazos,
sin acentos
y sin formas.

No importa…
Nadie se tomará la molestia de leer
mis esquizofrénicos versos.

Lola Estal Hernández