Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

miércoles, 23 de abril de 2014

Selección poética de Mariángeles Ibernón Valero



Quince años II   (La edad que no viví )

Quise volver y no pude,
sentir ese pájaro dulce,
entrañable que no tuve.

Quise correr hacia un tiempo,
cargado de ilusiones,
que en mi vida carecieron.

Quise coger con mis manos,
esperanzas de una niña,
que a esa edad estaba perdida.

Hoy vuelvo y puedo.
Siento un tiempo.
Corro y tengo en mis manos, en mi cuerpo,
ese pájaro de esperanza,
que a mis quince años , prendió el vuelo.


Quince años III   ( A cobijo del frío )

Las palabras recorrían mi cabeza,
en las noches solitarias junto al fuego,
aún así mi vida era fría,
reflejo de un calor incomprendido.

No seguía un orden establecido,
ni estructuras a medida con mi traje,
me tocó sentir un tiempo de penumbra,
y mis ojos luz  dieron a sus pesares.

Con desorden ordenado para mis primaveras
feliz andé y felíz forjé un camino
afán de superación divino
en esos días despoblados.

Volver a mis quince hoy,
después de latir dormido,
mi corazón allí encontró cobijo,
y mis esperanzas abrazaron mi frío.


Quince años IV    ( Un futuro que no viví ayer )

Sonriendo en mi memoria
voy pensando en lo de ayer
una voz que repetía :
¡No soy niña!...¡Soy mujer!

Mujer que ha de forjar
pájaro libre de una eternidad,
sueño constante de lo que fue
rima asonante de algún querer.

En la ventana asomada está
sus pupilas de luz han de brillar
porque el amor que viene hoy
cómplice es de las caricias en su piel.

Y va construyendo sueños
en medio de ese caudal
de lucha por lo que siente
luchando por su ideal.

Hoy el mundo se postra
junto a ti, te coge de la mano
te intenta hacer feliz,
futuro deseado...en estos quince años.



Quince años V    ( Manantial callado )

Hoy sentada en un rincón de mi cuarto,
buscaba maneras, que no me soltaran en este camino.
Y quise volar, con alas de fuego,
sin pausas, sin frenos, todo por sentir.

Correr tras la vida, mojarme de ella,
absorta tenerla, quererla feliz.

Pájaro que no volverá, semilla dorada que empieza a brotar,
manantial callado de mi juventud, testimonio puro...en mi corazón.

Vuelvo los ojos y ya te me fuiste,
corta  y pequeña estancia tuviste,
quise abrazarla en mi soledad,
pude abrazarla en libertad.

Mª Ángeles Ibernón Valero