Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

sábado, 5 de abril de 2014

Réquiem por un hombre cualquiera, de David Morello Castell (Reseña nº 629)



David Morello Castell

Réquiem por un hombre cualquiera

Ediciones Vitruvio, 2013


Desconozco al destinario de estas letras
los ojos que miran el milagro
en las palabras…

Estos versos corresponden a una página tomada al azar en este Réquiem por un hombre cualquiera. Desde hace un par de meses ocupa un lugar privilegiado en mi bolso de calle y en mi mesilla de la sala. He tomado tan solo unas palabras para encabezar este comentario acerca de esta obra de David Morello, sin embargo, podría haber escogido cualquiera de las que forman este volumen. Como siempre, me pierdo y avanzo para retroceder una y otra vez a detenerme en un momento concreto del verso.

La obra está distribuida en cuatro libros o partes en las que el hombre se desdibuja a sí mismo …No soy más que un trazo imperfecto…, y se duele, para encontrarse de nuevo a través de las miradas del otro …Los olivos son/ la savia  de los mejores hombres muertos...; de las dolencias ajenas y de la voz ausente …quiero llenarme del olor a campo vivo…, del deseo de volver a ser … Que la sal se caiga./Que el beso no se aferre al protocolo/de la marcha o bienvenida …

Si tuviera que poner color a esta poesía la cubriría de gris. A través de ella me sumerjo en esa realidad de los espacios tristes, deprimidos y sin salida que a veces vislumbramos nada más con echar una mirada a cuanto nos rodea. Ignoro si ese era el propósito, como ignoro si quizá esta visión mía de cuanto leo en Réquiem por un hombre cualquiera responde a mi propio momento de esa realidad. La identificación con algunas de las secuencias de esta Réquiem por un hombre cualquiera así me lo sugieren.

Como en anteriores ocasiones, este libro llegó a mi domicilio por «causalidad». Me han gustado sus formas, claras, precisas y sin recurrir a adjetivaciones innecesarias que ensalcen o embellezcan la palabra. Encuentro esa belleza en la palabra misma, sin florituras, a lo largo de toda la obra. Algo que me agrada y que no siempre observo en la poesía. No conocía al autor, pero cuento con el privilegio de su firma bajo la dedicatoria en la primera de sus páginas. Ahora sé de él que, este que comento, no es su único trabajo publicado por esta editorial. Seguiré sus pasos y mientras tanto, como punto final a este Réquiem, selecciono los versos de su portada trasera: «La Paz»


Se sentaron las gentes en torno a un fuego.
Los hombres enfrentados mirando absortos
las llamas inmemorables,
quemándose la aspereza de los troncos,
reducida la candela a delicadas ascuas.

Poder vivir es un puñado de ceniza.

Lola Estal